lunes, 28 de febrero de 2011

La sorprendente historia del Hombre-Rata

Mi apatía y mi depresión han tenido no poco que ver en el retraso de esta crítica, junto con el hecho de que no encontraba ánimo para ver una película (porque sí, esta vez tocaba peli) digna de recibir el tercer grado en el blog. Tampoco ha ayudado el tener que ponerme al día con el grupo con el que juego a Anima: Beyond Fantasy. Por suerte, hace unas semanas por fin dediqué un rato a ver una de mis múltiples adquisiciones, la italianada terrorífica de los 80 conocida como El hombre-rata. Esta es una de esas películas cuyas carátulas siniestras me fascinaban de pequeño, cuando mi hobby favorito era pasar las tardes mirándome de cabo a rabo la sección de terror del videoclub de mi barrio; por tanto, fue una de las muchas que busqué por tierra, mar, aire e Internet una vez tuve suficiente edad, aunque estaba avisado gracias a la memorable Goremanía (mi primera biblia del género) de que más me valía no crearme falsas esperanzas sobre la calidad final de lo que encontraría en mi pantalla cuando por fin la visionara. Con todo, ni yo esperaba una poza de ineptitud como la que esta película cava en sus 86 minutos. Si eso significa que soy un puto ingenuo, que así sea, pero el caso es que El hombre-rata pulverizó mis expectativas más pesimistas.

Curiosa manera de ganar el premio Nobel, vive Dios

Lo que no sé es si saldremos primero en la revista Nature o en Cuarto Milenio.

Ratoncito, tú y yo vamos a ser famosos muy pronto.

jueves, 6 de enero de 2011

Cómo Solid Snake robó la Navidad… y cómo la recuperó

La verdad es que este intento de hacer un monográfico navideño de La Página Negra no ha quedado demasiado lucido, algo de lo que una vez más he de culpar a mi pereza natural, a que la casa en la que pasamos la mayor parte de las vacaciones no tiene Internet, a que el ordenador de sobremesa a través del que puedo acceder a la Red ha tenido que ir a boxes (por virus y demás guarreridas), y a que casi toda la familia (servidor incluido) cayó indigesta al acabar el segundo día del año. Pero las festividades no se acaban, al menos de manera oficial, hasta que abrimos los regalos de los Reyes Magos y ponemos cara de ilusión mientras maldecimos para nuestros adentros que nuestros padres nos hayan regalado una vez más ropa en vez de la edición especial del último Call of Duty…

viernes, 31 de diciembre de 2010

Oh, Negra Navidad

¡Ah, la Navidad! Época de reuniones familiares y empachos de turrón que casi cuentan como sobredosis, de buena voluntad y malos nervios a la hora de cuadrar nuestras cuentas para comprarle un “detallito” a nuestros seres queridos. Parado o no, el Pequeño Perdedor no es inmune al encanto (ni a los sinsabores) de estas fechas, así que el pasado día 22 cogió su coche y se tragó casi nueve horas de viaje contra lluvia, viento y nieve para pasar las fechas con su familia… y descubrió que, contra toda noción preconcebida, en Cantabria hace mucha más rasca que en Ciudad Real. Cosas de la humedad, supongo. Llegados los días de Nochebuena y Navidad (y el gozoso reencuentro con las bestezuelas adorables que son sus sobrinos, así como con su perro adoptado), Perdedor tuvo amplia ocasión de disfrutar con su familia de los diversos regalos que habían recibido, y de juegos para pequeños y mayores; sólo recibió un obsequio del gordo de rojo de la barba, pero cuando dicho presente es UNA IMPRESIONANTE CHUPA DE CUERO no es que haya mucho motivo (ni ganas) de quejarse, y menos cuando todavía queda por ver lo que recibirá el Día de Reyes.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Al fin rompo mi silencio

Mis más sinceras disculpas por no actualizar en cosa de dos meses. Desde que perpetré mi critiquilla de Dragon Age: El Despertar a finales de septiembre, no encontré modo de reunir las ganas necesarias para escribir un post; durante octubre y la primera semana de noviembre, el trabajo me dejaba con demasiado cansancio mental como para afrontar la realización de otra crítica, y cuando acabó mi contrato resultó que mi participación en el NaNoWriMo de 2010 me robó más tiempo todavía… y todo para escribir una novela infumable, que ni siquiera terminé antes del plazo establecido. Por otra parte, desde el comienzo de diciembre hasta ahora no tengo más excusa que mi natural vagancia y mi depresión ante la incertidumbre que me depara el futuro.

Pero ya es hora de que aproveche estas vacaciones forzosas de una manera que proporcione provecho y diversión, tanto a mí como a vosotros que me leéis. De modo que, aprovechando estas fechas, La Página Negra pondrá el belén y el arbolito para acercaros, en unos pocos post, películas y juegos que encarnan el espíritu de la Navidad…

… El cual, al parecer, tiene que ver con asesinar a universitarias yanquis setenteras mientras comemos el turrón y las uvas. ¿Quien lo hubiera imaginado? Pues eso, atentos al blog en los próximos días…

domingo, 26 de septiembre de 2010

Dragon Age: El Despertar, o el día que los engendros tenebrosos ganaron cerebro y perdieron pegada

El último mes no ha sido muy bueno para ser yo, entre ampliaciones de la jornada a cinco días (que no me dejan tiempo para ir al gimnasio), amigas que ya no quieren hablarme por mi incapacidad de controlar mi ira, y broncas del jefe por no tomarme lo bastante en serio mis responsabilidades como encargado de una sección (pequeñita, pero sección al fin y al cabo).

Todo eso no importa hoy. Estoy en las Jornadas Senpai de Castellón en el momento de escribir estas líneas, escuchando cómo una celebridad otaku local demuestra sus habilidades (que no entraré a juzgar) sobre el escenario, mientras a mi alrededor el resto de la frikería conversa, juega partidas de Magic o intenta llenar el estómago a base de bocatas y ramen. Y yo, Dios mediante, voy a revivir los tiempos heroicos de los comienzos de este blog, cuando me apalancaba en la redacción de El Mundo de Ibiza y Formentera para escribir posts kilométricos en plan maratoniano. Porque ya llevo demasiado tiempo sin actualizar, y porque la expansión del Dragon Age (a los contenidos descargables, de momento, no me acercaré) merece el comentario.

Cuando la horda piensa… y planea

Ya nadie le diría que era un Kefka de Hacendado.

Gracias a Bioware, Sephirot pudo desencasillarse tras el Final Fantasy VII y sus spin-offs.

sábado, 4 de septiembre de 2010

El día que probé con la Alta Tensión… y me electrocuté

El final del verano llegó, y tu partirás… ¡EJEM! No es que el verano haya terminado ya, al menos técnicamente, pero septiembre siempre ha sido para mí un mes más otoñal que estival, por aquello de que era el tradicional comienzo de curso escolar. Y este año, es el último mes que trabajaré en mi empleo actual; a partir de octubre, vuelvo a hacer la ronda de reparto de CV, y a mantenerme a costa de Papá Estado y de mis ahorros. Deprimente, lo sé, pero es inevitable visto el horrendo clima económico que llevamos soportando desde que las hipotecas basura nos estallaron en la cara a principios de 2008. De hecho, ya va siendo hora de que sienta los efectos de la crisis después de tirarme dos años y medio arreglándomelas para esquivarla, ¿no?

Lo cual no quiere decir que no sea una mierda: lo es, y gordísima. Con todos los estreses y sinsabores que lleva consigo el trabajo, sentir que uno es útil y que tiene derecho a vivir de su propio esfuerzo no tiene precio. Lo que más me preocupa de volver otra vez al paro es que se me acabe yendo la pinza con la inactividad y la falta de contacto humano, y que mi depresión aproveche la mala temporada para hacerse fuerte en mi cabeza, dar un golpe de Estado y mandar a mi macilenta autoestima a la Escuela de Mecánica de la Armada, o su equivalente dentro de mi psique. No diré más, que esta metáfora ya se ha salido bastante de madre.

En momentos como estos, tengo una preocupante tendencia a pasarme los días volviendo la vista atrás y recordando con nostalgia los viejos buenos tiempos, aunque de buenos no les viera por aquel entonces nada. Y de una película que vi en aquellos viejos buenos tiempos (a mediados de la pasada década, cuando hacía mi posgrado) va el post de hoy. Para ser exactos, de una película que sería un puñetero clásico… si no tuviera un giro inesperado de guión que aún hoy, tras cuatro años, me provoca ganas de embestir a la pared más cercana repetidas veces.

Adivina quién viene a matar esta noche

Más exactamente, ¿quién lo haría sin llevar un arma en la mano?

Atención, pregunta: ¿quien abriría la puerta a un tío que llega de madrugada conduciendo un cacharro con el aspecto del que vemos en la foto?

jueves, 26 de agosto de 2010

Pesadilla en Elm Street: el feliz reencuentro con los miedos de la niñez

El pasado 12 de agosto fue mi cumpleaños y, para mi propia sorpresa, ni me acordé hasta que vi en mi correo un par de mensajes de felicitación automatizados. Eso viene a demostrar que soy tan descuidado con esas fechas señaladas que puedo hasta olvidarme del aniversario de mi nacimiento con facilidad, lo que en cierta manera es un alivio: no me olvido de los cumpleaños de los demás porque no me importen ellos, sino porque esas fechas han dejado de importarme mucho en general.

Coincidiendo con su víspera, decidí hacer una visita a la gran pantalla para reencontrarme con uno de los grandes monstruos de mi juventud: Freddy Kruger, quien acaba de volver con un remake de su aparición original en celuloide. Sabía que la nueva película tenía altas probabilidades de decepcionarme, pero también sabía que TENÍA que verla aunque fuera para luego ponerla a bajar de un burro. Después de todo, fui capaz de ver Dragonball Evolution, y la reaparición de Freddy no podía ser peor ni aposta…

… ¿Verdad?

Nota: como no dejan meter cámaras en el cine, y la web de la peli no deja bajar fotos de su galería, las que ilustran esta critiquilla provienen de la página SOS Moviers. Visitadla, que p’a algo se gastan sus cuartos.

Dormir… Tal vez palmar

Para empezar, en mi vida he sido tan insensato como para leer los bodrios de Ayn Rand... y tampoco después de morirme.

¿Rorschach? No, me temo que me confundes con otra persona.