lunes, 28 de febrero de 2011

La sorprendente historia del Hombre-Rata

Mi apatía y mi depresión han tenido no poco que ver en el retraso de esta crítica, junto con el hecho de que no encontraba ánimo para ver una película (porque sí, esta vez tocaba peli) digna de recibir el tercer grado en el blog. Tampoco ha ayudado el tener que ponerme al día con el grupo con el que juego a Anima: Beyond Fantasy. Por suerte, hace unas semanas por fin dediqué un rato a ver una de mis múltiples adquisiciones, la italianada terrorífica de los 80 conocida como El hombre-rata. Esta es una de esas películas cuyas carátulas siniestras me fascinaban de pequeño, cuando mi hobby favorito era pasar las tardes mirándome de cabo a rabo la sección de terror del videoclub de mi barrio; por tanto, fue una de las muchas que busqué por tierra, mar, aire e Internet una vez tuve suficiente edad, aunque estaba avisado gracias a la memorable Goremanía (mi primera biblia del género) de que más me valía no crearme falsas esperanzas sobre la calidad final de lo que encontraría en mi pantalla cuando por fin la visionara. Con todo, ni yo esperaba una poza de ineptitud como la que esta película cava en sus 86 minutos. Si eso significa que soy un puto ingenuo, que así sea, pero el caso es que El hombre-rata pulverizó mis expectativas más pesimistas.

Curiosa manera de ganar el premio Nobel, vive Dios

Lo que no sé es si saldremos primero en la revista Nature o en Cuarto Milenio.

Ratoncito, tú y yo vamos a ser famosos muy pronto.

En una siniestra habitación sin ventanas, decenas de ratas se agitan en sus jaulas mientras una afable voz en off lee una carta de un científico a un colega suyo, en la que le informa de que en el próximo congreso de genética en el que van a coincidir ambos el autor de la carta va a presentar un sorprendente híbrido que, de seguro, le ganará la admiración y parabienes de todos los asistentes. No bien acaba la lectura dramática cuando entra al cuartucho el científico en cuestión, acompañado de su asistente personal, para comprobar cómo se encuentra su experimento: un híbrido de antropoide y rata, al que apoda “Ratoncito” (el dominicano Nelson de la Rosa, uno de los hombres más pequeños del mundo), y que cuenta entre sus facultades con garras capaces de inyectar un letal veneno (!). Satisfecho con el estado de su cobaya, el científico deja la habitación para hacer los últimos preparativos antes de marchar al congreso, ordenando de paso a su ayudante que elimine a las ratas ahora que ya no hacen falta. Lo que no sospecha el hombre de ciencia (y chaladura) es que se encuentra inmerso en una italianada de terror de bajo presupuesto, lo que significa que el Ratoncito escapa de su jaula apenas deja de mirar; yo que él hubiera empezado a sospechar en el momento que lograra el primer híbrido de hombre y rata viable.

Libre como el sol cuando amanece, el Ratoncito se dedica a lo que sus instintos primarios le dictan: matar a un mirón que observa entre la fronda tropical a las modelos Marilyn (Eva Grimaldi) y Peggy (Luisa Menon) mientras posan en minúsculos trajes de baño para la lente de… ¿¡POPEYE EL MARINO!? No, un momento, el fotero se llama Mark (Werner Pochath), pero a simple vista parece Popeye con una ridícula mata de pelo rizado. El caso es que hace fotos a las modelos, que posan ajenas a la (inepta) degollina que acaba de perpetrar el Ratoncito, al menos hasta que Marilyn descubre entre las rocas junto a las que pone posturitas una especie de calavera ensangrentada (un más que probable resto de actividades previas del Ratoncito en el área) y le da un patatús; cuando logra calmarse del susto a base de un fresco cóctel tropical, ella es la primera en sugerir que a la policía le va a interesar mucho ese resto mortal, pero por suerte (para la trama de la película, claro) Mark no tarda en convencerla de que no vale la pena buscarse líos, que ahí han venido a currar y que no van a perder días prestando declaración por unos huesos humanos sin importancia. Después de todo, ¿quién necesita lógica o civismo en una peli de terror de bajo presupuesto?

Por otra parte, tal vez les convendría darse cuenta de que están en una peli de terror de bajo presupuesto, aunque sea porque las reglas de esta realidad dictan que el mal karma que generan tus acciones vuelve a ti casi de inmediato y guiado por láser. Cuando esa misma noche Peggy va a una fiesta sola, no tarda nada en sufrir sus efectos: el taxi que tiene que llevarla al lugar se avería, tiene que caminar a pie por un barrio poco recomendable, presencia un asesinato, y mientras se esconde del asesino acaba topando con el Ratoncito y muere bajo sus garras. ¡Ay, si hubieras escuchado a Earl Hickey, lozana!

La muerte de Peggy sirve de detonante para la aparición en pantalla de Fred (David Warbeck, El más allá), un escritor, y Terry (Janet Agren, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes), una joven con la que el primero coincide a la salida del aeropuerto local y a la que convence para compartir un taxi. Terry ha venido a repatriar el cadáver de su hermana, que acaba de aparecer muerta en extrañas circunstancias. ¿Es acaso hermana de Peggy? No, y esto va a ser complicado de explicar: Terry es hermana de Marilyn, la cual prestó un vestido a Peggy para ir a la fiesta, sin darse cuenta de que dentro del vestido también iba su documentación. ¿Suena estúpido? Lo es, y Terry no se corta en abroncar a la policía por el susto que le ha pegado.

Insatisfechos con la competencia de los maderos locales, Fred y Terry inician una investigación por su cuenta, visitando el lugar donde apareció muerta Peggy. Tras hacer el mongolo algunas deducciones del estado del escenario, y recibir un nuevo aviso falso de aparición del cadáver de Marilyn, acaban descubriendo que la joven, el fotógrafo y la ayudante de éste alquilaron un coche para dirigirse a la jungla. Mientras ellos hacen estas investigaciones y estrechan lazos porque… bueno, porque el guión dicta que haya romance, Marilyn posa en plan seductor por ruinas selváticas mientras Mark la fotografía, pero un nuevo hecho luctuoso arruina la sesión: de nuevo entre unas rocas encuentran restos mortales, sólo que bastante más frescos…

El ataque del doble maligno del Fary

Claro que Nelson de la Rosa inspiró al personaje de Mini-Yo (¡verídico!), y el Fary... bueno, el Fary apareció en Torrente 3.

No me digáis que no se parece al llorado José Luis Cantero. Incluso en la altura.

Hagamos un poco de matemáticas: mi copia (ripeada de un VHS) de El hombre rata dura en total 79 minutos y 14 segundos, contando la careta con el número de expediente del Ministerio de Cultura, la calificación por edades, la introducción del logo del distribuidor y los créditos finales. Vamos, que no es precisamente Avatar en cuanto a duración. Y aún así, la película incluye más relleno que el bañador de un chulo de piscina, en forma de las escenas con David Warbeck y Janet Agren: hasta el final no llegan a cruzarse con la trama de las modelos y el científico loco, y aburren al espectador con una supuesta “investigación” que consiste en el personaje de Warbeck deduciendo detalles de los crímenes del Ratoncito a partir de premisas disparatadas (si fuera una partida de rol, sospecharía que algún jugador se había leído la aventura antes de jugarla) mientras que el de Agren le ríe las gracias y los dos van forjando una especie de romance porque… bueno, porque lo dice el guión, y el guión va a misa. Ah, y también hacen referencia a personajes que les ayudan a buscar a la hermana de la chica, pero que nunca llegan a salir en la pantalla. Con eso ya podría finalizar este post y os quedaríais con una idea lo bastante aproximada de lo mala que es esta película.

Pero como lo mío son los tochoposts (y más ahora, que actualizo cada glaciación), quiero extenderme un poco más en desentrañar la ineptitud con la que se realizó este largo. Las muertes son más risibles que terroríficas, las escenas nocturnas son tan oscuras que uno tiene que adivinar lo que pasa en ellas más que verlo (claro que de eso también tiene culpa la calidad de mi copia), hay más relleno en forma de escenas erótico-festivas con Eva Grimaldi (que, todo hay que decirlo, resultan agradecidas a la vista si a uno, o una, le gustan las mujeres), y también hay puntos en los que parece que el guión va a introducir un nuevo elemento en la trama… para cargárselo casi al instante. Por si fuera poco, el epílogo de la cinta convierte a los personajes en un hatajo de idiotas babeantes sin sentido común para hacer posible que la historia alcance un final conforme a los designios de los guionistas (un Dardano Sachetti y una Elisa Briganti a los que debieron de pagar una miseria, y claro, no iban a matarse con la razón por cuatro liras malcontadas). Y todo ello, regado (es un decir) con una banda sonora de puro Casiotone repetitivo y maravillosamente ochentero, cortesía de Stefano Mainetti.

Y de los actores, el único que tiene material para hacer algo digno de ser recordado es el propio Nelson de la Rosa. He aquí un hombre que, partiendo de un papel que aprovecha de una forma bastante insensible y depredadora su bajísima estatura (medía unos 54 centímetros) para intentar aterrorizar a los espectadores, logra en su lugar que el Ratoncito sea lo más divertido de toda la película. Aterrador y extrañamente adorable al tiempo, De la Rosa convence como fiera salvaje de científico loco (los colmillos y garras postizos ayudan, desde luego, y no cantan demasiado para lo barata que es la película), y provoca en mí la sospecha de que debió de ser el que mejor se lo pasó con toda diferencia del reparto. Por otro lado, no faltará quien piense (y no sin razón) que al pobre señor De la Rosa le pintan como un monstruo cuando, en realidad, era un tipo de lo más encantador según los que le conocieron.

Eso sí, que nadie se confunda: El hombre rata es una peli mala, pero no tan mala como para desear clavarse alfileres en los ojos. Por otra parte, tampoco es tan mala como para desarrollar esa clase de grandeza cochambrosa que tienen clásicos del cine chorra italiano como la celebérrima Troll 2. Tan sólo es una peli malilla, aburridilla a ratos, divertidilla en otros momentos de puro inepta, y que puede (o no) ganar enteros si se ve en compañía de colegas de mentalidad cachonda. Sólo me atrevo a recomendarla a forofos y completistas del cine basura italiano, dependiendo de lo indulgentes que estén dispuestos a ser con sus numerosos fallos.

3 comentarios:

Maya dijo...

Que surrealista todo xDDDD


Joder, echo de menos "bloggear" ya no sé ni cuanto tiempo llevo sin PC y lo que me queda. Lo paso jodidamente mal. Pero seré fuerte. Es lo que me queda.

Un besote.

Alvaro dijo...

Por alguna razón, mientras leia esta crítica me he acordado de uno de los villanos que aparecían en el Capitán Planeta, uno que era un horrible hombre rata o algo así :

http://www.turner.com/planet/static/verminous.html

Pequeño perdedor dijo...

Maya: a este paso nos tendremos que someter a una cura de desintoxicación de Internet, o acabar como el pobre Enjuto Mojamuto :P

Álvaro: quién sabe, a lo mejor el Ratoncito consiguió llegar a los EE UU tras acabar la peli, se tomó esteroides y hormona del crecimiento, y acabó convirtiéndose en un villano de serie ochentera, que siempre es mejor que ser un villano de peli ochentera de bajo presupuesto... o no :)