domingo, 3 de mayo de 2009

Venganza: no sin mi hija, pero sí con vuestros cadáveres

Dado que todavía no me he conseguido terminar (por segunda vez) el Bully, esta semana toca hablar de cine por tercera vez consecutiva. Y pese a que ayer noche fui a ver con Doña Pitu y Don Herberwest la peli de Lobezno, la que voy a comentar hoy es una peli que ya había decidido hace días dejar caer por aquí. Se trata de Venganza, un drama de acción con los ingredientes que a mí me gustan: villanos absolutamente despreciables (tratantes de blancas), un (anti)héroe dispuesto a hacerles mucho daño, tiros y hostias a manos llenas, y un montón de drama sosteniendo todo el asunto.

Ea ea ea, un padre coraje que se cabrea

¿Te acuerdas del Final Fight? ¿Y de las hostias que daba Haggar a los secuestradores de su hija? Pues yo soy aún más peligroso, cacho cabrón.

Devuélveme a mi ninia o voy a ponerme contigo en plan Mike Haggar.

El drama de Bryan Mills (Liam Neeson) no es diferente al que muchos hombres sobrellevan en su vida cotidiana: su mujer, Lenore (Famke Janssen, la mismísima Fénix/Jean Grey de X-Men), se divorció de él porque estaba demasiado volcado en su trabajo en perjuicio de su vida familiar, y ella se quedó con la custodia de su hija Kim (Maggie Grace). Desde entonces Bryan, que besa el suelo por donde pisa su churumbela, se ha esforzado por mantener la relación, aunque eso es difícil cuando tiene que competir con el nuevo marido de su ex, Stuart (Xander Berlekey), un rico industrial que tiene un comportamiento impecable como padrastro afectuoso de la niña. Aún así, Bryan no se rinde, hasta el punto de haber abandonado su antiguo y lucrativo empleo para estar más cerca de Kim.

Una visita de sus antiguos colegas nos descubre que aquella ocupación era la de operativo de la CIA, uno de esos tipos que se dedica a crujir a personas y grupos “indeseables” para los intereses americanos. Y era de los mejores en tan desagradable menester, como demuestra al conseguir, gracias a sus amigos, un trabajo de una noche como guardaespaldas de la cantante Sheerah (Holly Valance): durante una estampida de fans, Bryan logra escoltar a la aterrorizada diva hasta su coche y despacha sin despeinarse a un maníaco con navaja que intenta atacarla por el camino. Tan impresionada queda la cantante que, sabedora del deseo de la hija de Bryan de dedicarse a esta profesión (del cual se había burlado antes del concierto), le ofrece su teléfono y el de su manager para ofrecerle una audición y tutelaje; el ex espía, loco de alegría, se muere de ganas de anunciarle esta maravillosa noticia a su hija y ¡qué coincidencia que ella quiera quedar con él mañana mismo!

Lástima que los motivos de Kim sean algo más que pasar un rato con su viejo: específicamente, quiere su autorización firmada para irse de viaje a París con su amiga Amanda (Katie Cassidy), en teoría para pasar un verano aprendiendo francés. Para un hombre de mundo (y de un mundo sórdido, diría yo) como Bryan Mills, esa noticia es todo un jarro de agua fría, ya que ha vivido lo suficiente para imaginarse mil peligros que pueden afectar a su hija si se aleja de su protectora vigilancia. Sólo el broncazo que le echa su ex por ser un paranoico (no sin razón, admitámoslo) acaba doblegando su cerrazón, y por poco se echa atrás al descubrir que su hija y Amanda van a dedicarse en realidad a seguir a U2 en su gira europea; además, impone a su hija las típicas condiciones que todo padrazo sobreprotector fija en caso de que sus vástagos se vayan de viaje, sobre todo en lo referido a llamadas para decir “estoy bien”, y le da un teléfono móvil a tal efecto. A lo mejor el señor Mills se está pasando con el rollo de padre sobreprotector, ¿no creéis?

O si no, a lo mejor te caes por el hueco de un ascensor. Con mi ayuda.

Y si alguien te pregunta, les dices que te caíste por la escalera, ¿entendido?

Pues los temores de Bryan no tardan en hacerse realidad cuando Kim y Amanda, recién llegadas a París, traban conversación con Peter (Nicolas Giraud), un joven francés con el que comparten taxi y hablan un poco de por qué están en la Ciudad de la Luz, dónde se van a alojar y demás detalles. ¿Alguna vez os han dado el consejo de que no contéis cosas personales a gente a la que acabáis de conocer? Es para evitar que gente como Peter logre sonsacaros vuestras vulnerabilidades mediante ingeniería social (en este caso, la soledad de las dos muchachas) e informe a sus asociados de cómo aprovecharse de las mismas.

Por una afortunada coincidencia, el horror para las dos muchachas se desata en el mismo momento en que Kim atiende una llamada de su padre, ansioso porque ella no le llamó nada más aterrizar como había prometido. Mientras ella habla con Bryan en un ala de la casa opuesta al salón, presencia cómo un grupo de hombres entra en el lugar y secuestra a Amanda. Pese al terror de ambos, Bryan logra mantener la suficiente sangre fría como para conectar su teléfono a un equipo de grabación y dirigir a su hija a ocultarse en uno de los dormitorios el tiempo suficiente como para obtener detalles que pueden ser cruciales sobre sus futuros captores (por ejemplo, que hablan en albanés); y cuando por fin se la llevan y uno de ellos coge el teléfono para escuchar, Bryan le suelta una advertencia destinada a convertirse en un clásico de los guiones de cine de acción y de las citas de cualquier friki de este género:

No sé quién es usted… ni sé lo que quiere. Si espera cobrar un rescate, le aviso de que no tengo dinero. Pero lo que sí tengo es una serie de habilidades concretas: habilidades que he adquirido en mi vida profesional, habilidades que pueden ser una pesadilla para gente como usted. Si suelta a mi hija ahora mismo, todo quedará zanjado: no le buscaré, ni le perseguiré. Pero si no lo hace, le buscaré, le encontraré… y le mataré”.

Buena suerte”, le dice su interlocutor por toda respuesta. Lo cual, bien mirado, no deja de tener su gracia: con esas palabras, el secuestrador acaba de garantizarse la peor suerte posible del planeta; porque Bryan Mills es un padrazo ejemplar, un ex operativo de la CIA y un hombre que cumple sus promesas, y por tanto tiene al menos tres cosas en común con Jack Bauer

Marchando una sobredosis de karma

Pues o me dices qué has hecho con mi hija, o te pongo a tubgirl. Y de postre, la peli porno de Carmen de Mairena, que es p... pero su c... lo disfruta.

Vaya, veo que no te gusta 2girls1cup, ¿eh?

Desde que tengo conocimiento sobre el tema, los criminales que se dedican a la trata de blancas ocupan en mi mente la misma parcela que los violadores, los pederastas y la escoria humana que provocó el Holocausto. A mis ojos, de humanos tiene la forma y las características físicas, pero no deberían ser considerados más humanos que el virus del Ébola, y no deberían ser tratados de un a manera distinta a como tratamos dicho patógeno. Desde este punto de vista, ¿os extraña que Venganza me encante?

Claro que ahí tiene más la culpa el guión, escrito entre Luc Besson (lo mejor que le ha pasado nunca al cine comercial francés es que este hombre se convirtiera en productor) y Robert Mark Kamen (guionista de Arma Letal 3, la saga de Karate Kid, El Quinto Elemento y Transporter), que sin ser un prodigio de originalidad logra mantener la acción y la intriga en buen equilibrio, sin que en un solo momento dejemos de sentir la tensión por las situaciones que pasan los protagonistas: el secuestro de Kim y Amanda y la visita de Bryan a los mafiosos albaneses son un excelente ejemplo de esto. Además, tiene algún que otro toque de humor negro, como el descacharrante final que sufre Peter cuando intenta huir de Bryan.

La otra pata en la que se sustenta la película es la interpretación de Liam Neeson. Yo no le asociaba demasiado con un héroe de acción (pese a papeles como el del protagonista de Darkman, el del maestro Qui-Gon Jin en La amenaza fantasma o el del revolucionario irlandés Michael Collins), pero el caso es que el actor pega bien como padre atribulado que, por ironías de la vida, también es un frío y cruel asesino entrenado por el Gobierno.

Claro que, ante un héroe que viene a ser el primo hermano irlandés de Jack Bauer (la trama es muy 24), el elenco de villanos a los que masacra e interroga en el curso de su búsqueda queda un poco deslucido por comparación. Casi ninguno tiene el privilegio de un nombre, y ninguno dura demasiado una vez Bryan Mills se les echa encima. En cierto modo, la película parece tratarlos como obstáculos, más que como (despreciables) seres humanos, lo que le quita algo de impacto a la lucha del protagonista contra ellos. Tampoco es que me haga mucha gracia que sólo unos pocos sean de Europa Occidental, pero supongo que las mafias de la trata de blancas tiene un panorama étnico similar y que yo estoy viendo racismo encubierto donde no lo hay.

También es un poco incómodo darse cuenta de que, en su lucha por buscar a Kim, Bryan está dispuesto a hacer cosas realmente horribles, y que la película no parece decir nada en contra de alguno de los extremos que alcanzan sus acciones. Y no, no lo digo por el destino que inflige al mafioso al que le hizo la advertencia telefónica: he de confesar, para vergüenza mía, que durante esa brutal escena yo estaba dando botes en mi silla y soltando risitas como una hiena de tripi, por las razones que he indicado en el primer párrafo de esta sección. Lo digo más bien por (¡SPOILER!) cierto momento posterior de la película, en el que hiere a un familiar inocente de uno de los villanos para dejarle claro que no se detendrá ante nada. Por lo menos, hace que el epílogo de color de rosa que cierra el filme chirríe cosa mala con el resto del metraje, y que a mí, personalmente, me sobre.

Pero tampoco me importa tanto esto, ni el hecho de que la búsqueda del héroe tienda a depender de alguna que otra coincidencia afortunada, porque Venganza tiene la clase de ingredientes que me satisfacen: toquecitos de investigación a lo CSI (la visita de Bryan a la casa de Amanda parece sacada de uno de sus capítulos), acción táctica de espionaje (seguid el enlace y entenderéis por qué lo digo así), persecuciones en coche, una gran traca final de tiros como cierre de la película, y un héroe que es capaz de salvar a su hija sin prácticamente ayuda externa. De hecho (¡SPOILER OTRA VEZ!) hay una escena hacia el final en la que Bryan es capturado y está a punto de ser ejecutado. En otras películas, sólo una intervención de un aliado salvaría al protagonista; aquí, Bryan logra salvar su vida y eliminar a todos los secuaces y a su jefe. Vamos, que sin ser el no va más, la peli da para hora y media de lo más entretenida.

Ya le gustaría a X-Men Orígenes: Lobezno tener la mitad de gracia; por lo menos las escenas de acción no estaban mal, que es más de lo que Dragonball Evolution puede decir en su favor.

6 comentarios:

Roy Ramker dijo...

Sin ningún tipo de duda, la frase amenaza de Bryan antes de empezar a repartir hostias debe pasar como una de las grandes de toda la historia del cine.

Muy buena la comparación con Haggar xD

Fet dijo...

Luc Besson es enorme.

Pequeño perdedor dijo...

Roy: ¡bienvenido! Y que lo digas.

Fet: ojalá nos hubiera tocado en España alguien similar. Aunque, pensándolo bien, seguro que le hubieran hundido los críticos ombliguistas.

cszMorpheus@yahoo.es dijo...

Grandísima sorpresa la que me llevé con esta película, por la que no hubiera apostado dos duros y que se ha convertido en mi mayor recomendación del cine reciente.

El ritmo, el tratamiento, el estilo, el argumento, los personajes, todo me parece adecuado en extremo. Incluso aquello que tu dices que no te convence, yo lo veo desde una perspectiva apasionante.

-Un ex compañero, alguien que consideraba leal y honrado y en quien ha confiado la vida de su hija ha resultado ser una rata, y la única forma de que haga lo que necesita que haga con rapidez es haciendole el daño que solo la visión de su familia amenazada (sensación que el protagonista conoce de sobra) logrará. No hay intención ni sadismo, es quirúrgco ("la herida es superficial") y no le resulta agradable ("disculpame con tu mujer..."). Pero es el precio que se tiene que pagar por la eficacia. Es cuando la película termina, cuando su hija lo deja en el aparcamiento del LAX mientras se va con su padrastro a su mansión, y no siente ninguna clase de remordimiento por abandonar tan pronto a su padre (y por lo tanto no le ofrece nada contra lo que enfrentarse) cuando en la mente de nuestro exagente favorito debe aparecer el remordimiento de conciencia. ¿mereció la pena? si, era lo que había que hacer.-

Me flipa esta peli.

Por cierto, si es francés, y tiene gracia, es de Besson

Small Blue Thing dijo...

Jodó, no voy a vivir lo bastante para verlo todo :(

El chache dijo...

Esta pelicula me encanto.
Como mola el personaje de Liam Neeson. Como mola Liam Neeson en general.
Como molan las escenas de accion.
Un lujo de pelicula.
Un saludete