viernes, 10 de abril de 2009

Bully Scholarship Edition: qué buen juego, si tuviera buena conversión

En flagrante salto a la torera de la necesaria alternancia películas-juegos, el post de hoy (que debería haber sido el del pasado domingo) va a versar sobre el título que ha ocupado mi tiempo en las últimas semanas; un juego del que ya disfruté en su versión original de PS2, y cuya conversión a PC saludé con júbilo… hasta que descubrí qué clase de trabajito nos habían endilgado a los del ratón y teclado

Con él, llegó el incomprensible escándalo

En lugar de eso, fomentamos la sana competitividad entre los nerdos y los estudiantes populares, para que los nerdos aprendan su posición en el orden natural de las cosas: abajo del todo.

Aquí, los videojuegos están prohibidos porque corrompen vuestra inocencia.

Desde que Grand Theft Auto III les convirtió en la compañía más rompedora de la primera década del nuevo milenio, Rockstar Games no es que haya cortejado la polémica: es que la pidió en matrimonio y se fue a vivir con ella a una casita unifamiliar de Escocia. Los guardianes de la moral, protectores de la infancia y demás encaladores de sepulcros no tardaron en convertir títulos como Manhunt, los de la mencionada saga GTA o el muy criticado (por cuestiones de calidad, más que por su violencia) State of Emergency en objetivos de sus cruzadas por el amor, la justicia y el pastel de manzana. O algo así.

La tendencia a asociar a Rockstar con el ataque a los valores tradicionales y a la corrección política, azuzada por la propia compañía, alcanzaría una de sus cimas con el anuncio, a finales de 2005, de Bully (matón, abusón). Unas pocas imágenes y un breve texto indicaban que sería un juego ambientado en una exclusiva (y corrupta) academia privada para niños ricos, y que el protagonista sería un joven y díscolo recién llegado al lugar. Los que tuvimos dos dedos de frente nos figuramos que sería una sarcástica parodia del infierno que es la escuela secundaria; los afectados por un grave retraso mental, entre los que (para nuestra eterna vergüenza) se encontraban muchos aficionados a los videojuegos, sufrieron un aneurisma al leer el título que les llevó a inferir, con una cerrilidad digna de los más abyectos teóricos de la conspiración, que el juego versaría sobre cómo ser un matón amoral y hacer las vidas de los chicos impopulares un tormento sin fin. En favor de la interpretación de los tontosdelculo estaba el hecho sobradamente conocido, aceptado y falso de que la saga GTA da puntos por violar, asesinar prostitutas y atropellar a viandantes, con lo que Bully no sería más que el siguiente paso lógico en el descenso de Rockstar a los abismos de la depravación…

Esperad un momento, tengo que hacer una pausa para vomitar la bilis. Ahora vuelvo.

Siento el desagradable espectáculo, pero es que hablar de este tema hace estragos en mi sistema digestivo. Continuemos.

Toda esa banda de deficientes cerebrales y paladines de la ultraderecha iniciaron una cruzada moral para prohibir el juego. A la misma se sumaron organizaciones de lucha contra el acoso escolar, asociaciones de protección de la infancia como Protégeles y otros entes a los que, hasta el momento de sumarse a esta caza de brujas, personas como vosotros o yo mismo hubiéramos admirado por su loable labor. Por supuesto, Jack Thompson estuvo a la cabeza de ese pelotón de linchamiento mediático, y fue la fuente principal de información sobre el juego para muchas de las asociaciones benéficas antes mencionadas. Y todo ello a partir de cuatro pantallazos y una breve descripción de Bully que sonaba más a comedia estudiantil que a versión adolescente del Manhunt.

Vale, tengo que hacer otra pausa.

¡BLLLLEEEEEEEERRRRGGGGGG! *KOFF KOFF KOFF* ¡BLEEEERRRRGG!

Uhhh… joder, me encuentro cada vez peor.

El escándalo provocó debates sobre si el juego debía prohibirse o no (claro, como no era una caricatura racista de Mahoma no merece la protección de la libertad de expresión, no te jode), y acabó provocando un cambio de título en la edición española: Bully, en su edición inicial para PS2, pasó a llamarse Canis Canem Edit (perro come a perro), como el nihilista lema de la ficticia academia en la que transcurre la acción. Resultó ser un buen juego, que se vendió como churros, y mientras tanto hubo una polémica entre Meristation y Protégeles que se saldó con un largo debate en sus foros; años después, una inmensa cagada publicitaria de la web sobre videojuegos permitiría a Protégeles tomarse una vengancilla por cómo acogieron los participantes en dicha discusión sus planteamientos.

¿Y cómo me afectó a mí? Bueno… esto… ¡OH, MIERDA, ME HA VUELTO A DAR!

Uhh… Aparte de eso, este monumental despropósito hizo que perdiera un poco más mi fé en el género humano, y en las asociaciones como Protégeles en particular. De ser unos paladines de la infancia y valientes luchadores contra la promoción de la anorexia y las páginas pedófilas, pasaron a revelarse como una pandilla de repulsivos y corruptos carcamales hipócritas, más interesados en echar mierda sobre el mundillo de los videojuegos que en actuar con honestidad en la búsqueda de la verdad. O lo que es lo mismo: me demostraron que son el Enemigo, al que nunca hay que dar ni pedir cuartel, ni concederle favor alguno, puesto que eso sólo servirá para fortalecerle en su lucha por censurar todo lo que amamos… por nuestro propio bien.

Vomitaría, pero mis tripas ya están vacías, así que pasaré a la siguiente explicación.

El éxito de Bully Canis Canem Edit en la PS2 propició su conversión a otras consolas, en una Scholarship Edition que incluía misiones y minijuegos adicionales. Inicialmente apareció para la vituperada Wii y la Xbox 360, pero a finales del pasado año salió también para PC. Loco de alegría, no tardé en ir en su busca al saber de su existencia; sin embargo, antes me informé un poco más a través de ciertos enlaces incluidos en la Wikipedia…

… Y descubrí, para mi consternación, que la versión de la Wii había salido bastante mejor que la que nos tocaba a los peceros y xboxeros. ¿Por qué? No, no contestéis ahora: hacedlo después de la publicidad sinopsis.

JD iba a estar saturado de “trabajo” en esta escuela

Llora y pide clemencia: recibirás la misma que das a los empollones cuando les humillas, HIJO DE LA GRAN PUTA.

¿Qué se siente al otro lado de las hostias, matón de mierda?

Que conste esto en primer lugar: Jimmy Hopkins, el protagonista de esta historia, no es mal chico. Dicho esto, hay que admitir que tampoco es un buen chico. En el momento en que entramos en su vida, este quinceañero pelirrojo, pecoso y conflictivo acumula una lista de expulsiones escolares que supera la docena, y la Academia Bullworth es el único centro en el que le admiten. En su díscolo comportamiento tiene mucho que ver el desinterés de su acaudalada madre, que le deja tirado allí mientras se va un año de crucero por Europa con su nuevo marido.

Nada más llegar, Jimmy averigua en sus carnes por qué la Academia Bullworth admite a un inadaptado como él: ¡sus alumnos son aún peores! Organizados en cuadrillas que rechazan a los diferentes y se burlan de los que consideran por debajo de ellos, los niños ricos, macarras, musculitos y matones propiamente dichos se organizan en una sencilla pirámide social de hijoputez y agresión mutua; la cuadrilla de los empollones es la excepción a esta regla, puesto que son demasiado débiles físicamente como para plantar cualquier clase de batalla. El primer contacto directo de Jimmy con esta realidad llega en el momento en que los matones intentan darle la “bienvenida”… y descubren en el proceso que han jodido al pelirrojo equivocado.

El joven no sólo se granjea enemistades en su primer día escolar, sino que hace amigos. El primero de ellos es Petey Kowalski, un muchacho apocado pero amable que es el primero en recibirle al llegar a su dormitorio. Por desgracia, el segundo es Gary Smith, un abusivo sociópata que asegura tener docenas de problemas mentales pero que, a efectos prácticos, simplemente carece de la más elemental empatía y sentido del compañerismo. Es Gary quien enseña a Jimmy cómo funcionan las cosas en Bullworth, y quien empieza a implicarle en una idea megalómana que se le pasa por la cabeza: hacerse con el control de Bullworth. A pesar de que Jimmy tiene menos interés en eso que en ver la peli porno de Carmen de Mairena, se deja llevar por Gary para realizar gamberradas diversas y empezar a meter a los matones en más problemas.

Jimmy termina por lamentar su asociación con Gary cuando este, al dejar de tomar su medicación, sufre un ataque de paranoia que le lleva a pensar que Jimmy quiere quitarle de en medio para quedarse él con la escuela, y le tiende una trampa en los sótanos obligándole a luchar contra el más peligroso de los matones: el gigantesco (y retrasado) Russel. Nuestro héroe escapa a duras penas con bien del asunto, pero lo hace venciendo a Russel y comprometiéndole a que deje en paz a los demás alumnos.

Con el respeto (¿o es el miedo?) de los matones bien ganado, Jimmy empieza a plantearse si no sería buena idea continuar con el plan de Gary; después de todo, el acoso escolar en Bullworth es galopante y el pomposo director Crabblesnitch no parece darse cuenta de lo que sucede, así que cualquier solución a este problema va a tener que venir de fuera del sistema. Cuando uno de los pijos, Gord, le invita a que visite el club de boxeo que la cuadrilla tiene en la ciudad, Jimmy ve una oportunidad de empezar a cambiar las cosas… olvidando que Gary sigue suelto por ahí y dispuesto a poner a toda la escuela en su contra. ¿Aguantará el pelirrojo los sucesivos conflictos con las cuadrillas de la escuela? ¿Conseguirá aprobar en todas sus clases? ¿Ligará con chicas, con chicos, o con uno de cada? En cualquier caso, está en un buen lío, pero también en la edad propicia para meterse en uno, y Jimmy no es de los que se echan atrás.

Es como Hogwarts, pero cambiando la magia por las tollinas

A mí me van las jovencitas en forma. y si acaso, también los jovencitos en forma. Usted está demasiado mayor y fondón.

Lo siento, profesor, no es usted mi tipo.

No mucho antes que Bully, Rockstar hizo un juego basado en el mítico filme The Warriors, que resultó ser uno de los pocos intentos de resucitar el género del beat’em up que no sólo fue decente, sino que recapturó las bondades de clasicazos como el Final Fight. Rockstar Vancouver (antes autores, bajo el nombre de Barking Dog, de Homeworld: Cataclysm y de una de las versiones del Counter-Strike) cogieron la jugabilidad básica del título anterior (obra de Rockstar Toronto), y le aplicaron una mecánica de juego libre al estilo Grand Theft Auto en el contexto de un ambiente escolar juvenil. ¿Le sorprende a alguien que resultara un juego fabuloso?

Y es que no sólo tiene una jugabilidad bastante buena, en la que tienen cabida el combate (cuerpo a cuerpo y con armas como petardos o bombas fétidas), los vehículos (bicicletas), y la exploración, sino que tiene una personalidad irresistible. Todos los detalles se conjugan para sumergirnos en la experiencia de ser un estudiante en medio del maravilloso y terrible mundo de la escuela secundaria, con clases representadas a través de simpáticos (aunque a veces algo cargantes) minijuegos que nos ofrecen beneficios especiales, monitores de pasillo que nos reprenden si rompemos la ley, compañeros que nos saludan o insultan según nuestra relación con su cuadrilla o la ropa que llevamos, e incluso la posibilidad de enrollarnos con las chicas (y con alguno de los chicos: ¡tres hurras por la apertura de miras!) si les entregamos regalos.

La mayor parte de culpa de la inmersión es que la historia sea una especie de destilado general de todas las comedias estudiantiles que en este mundo han sido, aderezadas con paletadas de cinismo e ironía pero sin llegar a la perspectiva nihilista de Escuela de jóvenes asesinos. Es verdad que tiene algunas lagunas, como la aparición repentina de personajes a los que no hemos visto nunca y a los que sin embargo Jimmy parece conocer de toda la vida, o la poca atención que nuestro héroe presta a los turbios manejos de Gary (no es por spoilear, pero yo hubiera ido directamente a por él mucho antes de lo que el prota lo hace), pero son perdonables por el encanto del conjunto restante; en especial, de Jimmy Hopkins, que aunque es rudo y conflictivo transmite una clara impresión de ser un tipo fundamentalmente decente, sensato y con las cosas muy claras sobre los males que afligen a sus compañeros (otra cosa es que el jugador le maneje como si fuera otro matón más).

¿Pueden un matón y un tipo que apalea matones encontrar el amor juntos? No sé, pero siempre pueden darse el lote a la puerta de la academia.

Brokeback Bullworth. Próximamente en sus pantallas.

Otra gran culpa la tiene la fabulosa banda sonora, compuesta por el multiinstrumentista Shawn Lee, que sabe cogerle el tono a cada escena al dedillo. Lo que más oiremos será el tema principal, dominado por los sonidos del bajo y del xilófono (y que me recuerda horrores a la clase de música que compone Danny Elfman, no sé por qué), pero los demás recorren todo un abanico de géneros: piezas más románticas para cuando tenemos una cita con una chica, otras misteriosas cuando hacemos una misión de sigilo, otras más movidas para cuando tenemos pelea con alguna cuadrilla… Irónicamente, mi favorita es una melodía intensamente dramática y siniestra que escuchamos cuando hacemos la misión secundaria de… cortar el césped. Sí, cortar el césped. Como lo oís. En conjunto, es una música que sabe variar entre géneros y épocas, pero manteniendo una unidad temática general, y que nunca os cansaréis de escuchar.

Y sobre la violencia o la posible incitación al matonismo, perded cuidado. Los monitores de pasillo ya se ponen bastante cafres si nos peleamos con alguno de los estudiantes normales; y si probáis a intentar agredir a un adulto, un menor, una chica o un monitor, se os caerá el moco antes de que podáis decir “abusan de mí”. Si hay una moraleja en este juego, es que agredir a tus mayores o a los más débiles equivale a buscarse la ruina. ¿Que dirían en Protégeles de eso, suponiendo que se dignasen a ivnestigar de verdad lo que critican?

¿Que aporta la Scholarship Edition al Bully de toda la vida? Algunas clases y misiones adicionales para superar. Si bien algunas de las nuevas clases dan beneficios bastante inútiles, como prendas de ropa nuevas que ni un demente se pondría, otras sí que dan cosas útiles; por ejemplo, aprobar Geografía refleja en el mapa general la localización de los objetos especiales ocultos. Además, sirven para tapar varias de las lagunas argumentales mencionadas antes, presentando a algunos de los profesores con los que Jimmy acaba por tratar en algunas de sus misiones. En cuanto a las misiones extra, la mayoría tienen lugar en Navidad y varias de ellas hacen una magnífica parodia de Milagro en la calle 34, a la que sólo le falta cierta canción de los Pogues para poner un fondo musical adecuado a su… peculiar variante del espíritu navideño.

Creedme, si a Protégeles le dio un patatús con el juego sin probarlo siquiera, jugar a estas misiones les provocaría una apoplejía.

Por desgracia, mientras que la versión de Wii corrió a cargo de Rockstar Toronto y salió bastante bien (o eso dicen), la de Xbox 360 y PC (o sea, la que yo tengo) fue elaborada por Rockstar New England, antes Mad Doc Software, y resultó ser un inenarrable festival de bugs y problemas técnicos varios. Parece ser que el juego tiene una fuga de memoria que se va zampando recursos de sistema y que provoca toda clase de divertidos efectos: en mi caso no han sido tan espectaculares, pero es verdad que aún teniendo euqipo de sobra el juego me va a ratos como el culo, con ralentizaciones incomprensibles. Dichas ralentizaciones, además, fastidian una de las clases, la de música, en la que nuestras pulsaciones siempre suenan un poco por detrás de la melodía principal, provocando que “hacerlo bien” en esas clases equivalga a desafinar de una manera horrible; y sí, es un fallo menor, pero yo me tomo todos los temas relativos a la música muy a pecho.

De modo que, aunque estoy disfrutando mucho con Bully Scholarship Edition, y constato que no es un juego de glorificación del matonismo (en todo caso, es glorificador del darle a los matones un buen trago de su propia medicina, lo cual me parece de puta madre), no recomiendo comprarlo en PC. Si lo hacéis, que sea bajo vuestra cuenta y riesgo. En el foro de Steam del juego hay un hilo en el que da un posible arreglo para los bugs, pero no está 100% garantizado. Si tenéis una PS2 o una Wii, os irá mejor comprando esas versiones.

Eso sí, si lo compráis en PC y tenéis suerte de que os funcione aceptablemente, como a mí, ¡enhorabuena y a disfrutarlo!

ACTUALIZACIÓN A 3 DE MAYO: ¡Habemus parche! Bajadlo en este enlace

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo lo compré para ps2 en su momento, y lo cierto es que no me gustó demasiado. Mis expectativas eran muy altas, supongo, porque de pensar en el potencial de GTA san andreas en un juego ambientado en un solo edificio o en un terreno mucho más pequeño me temblaban las piernas. Pero la jugabilidad me pareció regulera. Eso de tener que acostarse o caerse rendido, las hartizas persecuciones por la escuela, los pocos vehículos disponibles...

Ahora bien, me encantó el argumento, que no considero para nada ofensivo ni peligroso, más bien al contrario. Y como tú has dicho, atrévete a hacer algo malo de verdad, como atacar a un menor, y verás la que te cae encima.

cszMorpheus@yahoo.es

Fet dijo...

¿Hace un bocata morcilla para rellenar ese estomago?

Pequeño perdedor dijo...

Morpheus: el San Andreas tiene que caer tarde o temprano por aquí, y sí, el Bully palidece ante él. de hecho, todo lo que ha hecho Rockstar (salvo el GTA4, que todavía no he probado) palidece ante él. Carl Johnson es mucho Carl Johnson.

Fet: no me va la morcilla. Pideme una pizza de lo que sea, pero sin piña ni aceitunas negras, y creo que estaré bien

Santos G. Monroy dijo...

Muy bueno. Me lo pasé en la PS2 y disfruté como un macaco del argumento y de las misiones. Es menos complejo que títulos como los dos últimos GTA (más que juegos, auténticas vidas paralelas), pero eso mismo lo hace más accesible. Recuerdo lo mucho que me gustaba la música que sonaba por las noches, tan oscureja y tetriquilla. ¡Saludos!