sábado, 4 de febrero de 2012

Esta no es la Redline que yo quería cruzar, señores

El primer mes del año ya llegó a su final, y atrás queda la alegría del día de Reyes y la tristeza de ver que la economía de este país, y la de todo el mundo, va tan de culo o más que el pasado año. Y eso sin contar la que produce ver desaguisados como el naufragio del Costa Concordia, la absolución de los cómplices de Miguel Carcaño en el juicio por la muerte de Marta del Castillo, la de el presidente Francisco Camps en el caso Gürtel, y todo lo que tiene que ver con la puñetera ley SOPA y con el cierre de Megaupload, aunque de eso último tal vez hable en un manifiesto/sarta de chorradas al estilo del que ya pergeñé hace un par de añitos cuando todo el jaleo de la ley Sinde. Y sin tener en cuenta, tampoco, el pesar que me produce mi propia tendencia a la apatía y al derrotismo, que sigue presente a pesar de tenerla más controlada merced a las maravillas de la ciencia psiquiátrica y farmacológica. Debe de ser que enero, al venir justo después de unas fechas de alegría y reencuentro con la familia y ser un mes invernal, siempre da más sensación de que todo es sombrío y chungo.

Y hablando de felicidad navideña, tengo que decir que la hubo a manos llenas durante mi visita a la familia. No sólo compartí fechas tan señaladas con mis padres y mis hermanos, sino que inicié a mis sobrinos en el maravilloso mundo de los juegos de rol con las Aventuras en la Marca del Este, confirmando de paso el teorema de Doña Pitu y Herberwest según el cual toda partida, sea al juego que sea, se convierte al cabo de unas pocas sesiones en una iteración de Fanhunter. En este caso particular, la fanhunterización se produjo desde la sesión inicial, con momentos tan memorables como el ataque de risa de mi sobrino pequeño al hacer un juego de palabras entre el nombre de la capital de Reino Bosque (Marvalar) y “malabares”, o la decisión conjunta de los cuatro chavales de rebautizar al malvado clérigo Cartaramûn, villano principal de la aventura introductoria que les dirigí, como “Carteraman”.

Pero esto no es un blog de rol (por ahora), sino de cine y videojuegos rarunos (o no rarunos, pero que “molen”, desde el punto de vista de este humilde juntaletras), así que corto ya con el rollo “Qué triste es mi vida, volumen LXXVII” y voy con la película de este post. A ver, ¿cuántos de vosotros conocéis Redline?

Parece un películón, ¿eh? Eso pensé yo, y por eso me dirigí ipso facto a Películas Yonkis a echarle el guante… para descubrir que la que habían subido con la ficha y la descripción de esta peli era otra Redline, rodada tres años antes que la japonesa, y que a su manera resulta tan interesante como ella… aunque no precisamente por sus virtudes cinematográficas.

Y cuanto más acelero, mayor hostiazo me pego

Y creedme: para ser una peli con aspiraciones taquillero-palomiteras, sus peculiaridades son grandes y numerosas.

Esta imagen bien podría ser un resumen gráfico de la película. Pero, al mismo tiempo, es incapaz de reflejar sus muchas y extrañas peculiaridades.

miércoles, 18 de enero de 2012

Aquí somos como Mafalda

O lo que es lo mismo, no nos gusta la SOPA.

stop-sopa

Pues eso, que le den mucho por el culo a esa ley y a sus palmeros finos. Otro día volveremos a hablar de pelis y videojuegos raros, que hoy no está el horno para bollos.

domingo, 1 de enero de 2012

Feliz 2012, y feliz 1 de enero… un buen día para la reflexión

A veces uno se levanta a eso de las once de la mañana, con la cabeza todavía nublada por el sueño y por la champaña de la noche anterior, y no sabe muy bien qué día es. No es esa mi situación, pero por si es la vuestra y recaláis en este blog en busca de una respuesta (lo dudo mucho, pero nunca se sabe), aquí os pongo un recordatorio. ¡Diles qué día es, Bono!

jueves, 29 de diciembre de 2011

Diez años de Grand Theft Auto III

Si hay un buen momento para empezar a creer en el Destino, tal vez haya llegado para mí. Al poco de ponerme en serio con mi crítica de Zombies Party, me llegó por fin la oportunidad de realizar una entrevista de trabajo, de la que salí con un compromiso del entrevistador de llamarme para concretar cuándo comenzaría en la empresa. Con esa gran noticia en el bolsillo, partí a mis vacaciones navideñas con la familia, para recibir ayer mismo una sorpresa que me va a obligar a acortarlas: una segunda entrevista de trabajo. Y por si fuera poco, anteayer me compré por fin la esperada Caja Azul de Aventuras en la Marca del Este, y anoche mismo comencé a iniciar a mis sobrinos en las nobles artes del saqueo de subterráneos y el ahostiamiento de kóbolds y otras gentes de mal vivir.

Con todos estos datos en la mano, creo que Alguien me está mandando una indirecta para sugerirme que a ver si actualizo el blog con más frecuencia. O tal vez sea pura imaginación mía, paeridolia aplicada al actual discurrir de mis días. Por si acaso, y porque de todas formas quiero devolverle la vidilla a este blog, voy a celebrar a mi manera un reciente (y glorioso) aniversario: el primer decenio desde que el Grand Theft Auto III (GTA III para los amigos) cambio la faz del mundo del videojuego para siempre.

El germen de un género nuevo

La foto no incluye los pequeños traspiés, como el escándalo Hot Coffee o la polémica de la falta de acreditación de los chicos de Rockstar Vienna en Manhunt 2; para representar estos momentos, imaginad que el coche se come una farola y no explota de milagro.

Representación gráfica de la carrera de DMA/Rockstar de sus inicios hasta hoy.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Vamos al Zombies Party con Shaun Of The Dead

Cuando os advertí en mi último post que la próxima actualización bien podía llegar en enero de 2012, no exageraba. Dos meses, dos, me han hecho falta para vencer mi vagancia y elaborar una crítica como Dios manda. Bien es cierto que algo ha tenido que ver mi participación en un taller de monólogo, gracias al cual estrené un texto propio en el escenario de la Tetería Arabian, y mi empecinamiento en mantener en funcionamiento una campaña de Ánima: Beyond Fantasy que a ratos recuerda a una película de Tarantino. Pero por fin aquí estoy de nuevo, al filo de mi vuelta a casa por Navidad, para recomendaros… una comedia romántica. ¿Me he vuelto moñas? No, porque es una comedia romántica… en medio de un apocalipsis zombi.

Un mal día para reconciliarme con mi cariñito

Lo único que pide es que se abstenga de contar el chiste del perro Mistetas, al menos mientras dure el asedio no muerto.

Liz está un poco harta de que Ed (derecha) se acople a todas sus citas con Shaun (centro). No obstante, y en vista de que los zombis han tomado la ciudad, esta vez está dispuesta a hacer una excepción.

jueves, 20 de octubre de 2011

Largo tiempo sin pegar sello, y con la de cosas que han pasado desde la última vez

Y no, no me digas que soy como Ortega Cano o Farruquito. Ni me he cargado a nadie, ni me he saltado el límite de velocidad.

Winterson, estás sacando este asunto de quicio. Vale que me puse al volante del coche patrulla estando mamado y me la pegué, pero eso no es motivo para volarme la cabeza.

No hay nada como proponerse una cosa en Año Nuevo para acabar haciendo justo lo contrario. A principios de 2011 me dije a mí mismo que ya iba siendo hora de dejar de ser tan errático con el blog, que tenía que actualizarlo con más frecuencia y darle más vidilla. ¿Resultado? Que desde el 20 de marzo este rincón del Internete tiene más telarañas que el parrús de la Duquesa de Alba antes de su reciente bodorrio. Y no, la causa no ha sido que la última de mis críticas provocara el quebrantamiento de mi espíritu; al menos, eso creo.

domingo, 20 de marzo de 2011

Mercenaries 2: el día que aprendí a no comprar los juegos nada más salir al mercado

Feliz mes de marzo, chicos y chicas, y espero que esta recta final del invierno os pille con buena salud. Yo sigo en busca de trabajo, pero permitiéndome algún que otro momento de esparcimiento, como mi visita anual a las Cromel (en las que, un año más, no pude participar en el rol en vivo), y manteniendo vivo un grupo de juego de rol. Lo curioso es que en estos últimos días no he tenido muchas ganas de jugar a nada, y eso que me pasé una semana con el ordenador en reparaciones (por mi propia culpa) y volviéndome loco por la carencia del mismo. Sospecho que la culpa es de la de juegos a los que ya he jugado y que todavía no he destripado en el blog.

Y hay uno de ellos sobre el que llevo tiempo queriendo advertiros. No, un momento, más bien NECESITO advertiros, o por lo menos compartir con vosotros el desagrado que me provocó. Si sois lectores habituales, recordaréis aquella vez en la que hablé de Dragon Age y dije que era de los pocos juegos que valía los 50 euros de su abusivo precio de lanzamiento; también recordaréis que dije algo parecido sobre su expansión, y que eso era más de lo que podía decir sobre otro juego que compré nada más salir a la venta, y del que prometía hablar próximamente. Pues bien, hoy es el día en el que a dicho juego le toca pasar por la piedra de amolar. Permitidme que os presente a Mercenaries 2: World in Flames, que tiene el dudoso honor de ser una de las secuelas más decepcionantes que he jugado nunca.

Aquellos tiempos en los que Pandemic todavía molaba

Sobre todo cuando los soldaditos enemigos son demasiado tontos para apartarse.

¿Quién necesita armas cuando tiene el parachoques delantero de un jeep?