jueves, 20 de octubre de 2011

Largo tiempo sin pegar sello, y con la de cosas que han pasado desde la última vez

Y no, no me digas que soy como Ortega Cano o Farruquito. Ni me he cargado a nadie, ni me he saltado el límite de velocidad.

Winterson, estás sacando este asunto de quicio. Vale que me puse al volante del coche patrulla estando mamado y me la pegué, pero eso no es motivo para volarme la cabeza.

No hay nada como proponerse una cosa en Año Nuevo para acabar haciendo justo lo contrario. A principios de 2011 me dije a mí mismo que ya iba siendo hora de dejar de ser tan errático con el blog, que tenía que actualizarlo con más frecuencia y darle más vidilla. ¿Resultado? Que desde el 20 de marzo este rincón del Internete tiene más telarañas que el parrús de la Duquesa de Alba antes de su reciente bodorrio. Y no, la causa no ha sido que la última de mis críticas provocara el quebrantamiento de mi espíritu; al menos, eso creo.

El motivo, mis queridos y escasos lectores, es que me cansé del blog. O algo así. Lo cierto era que llegó un momento en el que me daba cosa ponerme a jugar juegos o ver películas, porque pesaba sobre mí la idea del coñazo que supondría tener luego que escribir una larga reseña, tomar imágenes que la acompañaran, idear pies de foto ingeniosos para las susodichas, y revisar el largo texto para eliminar repeticiones de palabras, erratas, y demás cagadas ignoradas en mi  entusiasmo grafómano.

Sin darme cuenta, caí en el vicio del que ya hablaba en mi post fundacional, y que impidió que La Página Negra naciera antes: el perfeccionismo. Ninguno de mis post llega a ser tan bueno sobre la pantalla como cuando lo elucubro en mi cabeza; las metáforas ingeniosas pierden fuerza cuando las intento escribir, los chistes ya no resultan tan graciosos como cuando los imagino. De alguna manera, todo eso contribuyó a quemarme del blog, hasta el punto de abandonarlo durante más de medio año.

Y qué tiempos para desatender un blog, señores y señoras. Entre el cambio de color político en Castilla-La Mancha, la revolución de los indignados,  la deleznable liquidación de los derechos sociales emprendida por autonomías como Cataluña y las alarmantes señales de que se nos viene encima una nueva recesión (¡y ni siquiera hemos salido de la primera!), lo cierto es que estos meses han sido una demostración práctica de por qué la frase “ojalá vivas tiempos interesantes” es considerada una maldición. Pese a mi tendencia natural a la introversión, mi vida no ha permanecido ajena a todas estas convulsiones de la actualidad, aunque haya sido de forma tangencial a veces: el periódico en el que desarrollé la mayor parte de mi carrera profesional cerró justo después de la victoria del PP, dejando a muchos compañeros y amigos en la misma situación que yo vivo desde noviembre del año pasado, y me uní a colaborar con la asamblea local del Movimiento 15-M.

Pero lo que de verdad supuso un cambio en mi vida fue mi decisión de iniciar tratamiento para mi depresión, después de que una gran amiga y buscadora de La Verdaz, así como mi compañero de piso (otro gran amigo, que conste), me exhortaran a dejarme de hostias y acudir a la Sanidad pública para hacérmelo mirar. Tras meses de espera, tuve cita con una psiquiatra, que habló conmigo de mis problemas y me recetó unas pastillas. Y dirán lo que quieran de la psiquiatría moderna (y con razón), pero las pastillas me han sentado de vicio: los bajones de autoestima ya no son tan profundos, y mi estado de ánimo ha evolucionado desde mi antaño habitual angustia neurótica a una especie de estoica aceptación de mis circunstancias actuales. La contrapartida es que ya no puedo beber cerveza (al menos en teoría), pero puedo vivir con ello.

Gracias a esa pequeña conquista sobre mis angustias, he podido disfrutar de un verano cojonudo, visitando a mi familia en la primera y última semana de agosto, yendo a jornadas frikis (incluyendo mi primera, y gloriosa, visita a las Tierra de Nadie: ¡hacía mucho que no lo pasaba tan bien!), y gozando en general de la vida. También he sido capaz de sacudirme mi extremo pesimismo lo suficiente como para seguir intentando buscar trabajo, y esta vez además de una manera más seria y organizada que en los meses anteriores. Incluso me apunté en fechas recientes a un taller de relato corto, gracias al cual me sacudí un poco de encima los miedos que tenía sobre la calidad de mi escritura. No mentiré, la cosa sigue estando mal, pero tengo una familia que me quiere, amigos que me aprecian, y talento para la pluma.

El único problema, al menos hasta este mismo instante, es que reactivar mi blog me seguía dando una pereza bestial. Mi pretensión inicial era revivirlo a principios de septiembre, pero el placer del remoloneo holgazán me pudo. Ha tenido que venir una racha de insomnio, provocada por un constipado, a darme esa extraña mezcla del escozor del cansancio y la llama de la lucidez que en algún rincón de mi subconsciente asocio con “mi estado mental de posteo”.

En resumen, que no me he muerto, que el blog tampoco lo ha hecho, y que simplemente me he tomado unas vacaciones más largas de lo normal. Esperad un post más normal pronto.

Y tened en cuenta que, cuando digo “pronto”, tal vez quiera decir “enero de 2012, si tengo ganas”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me levanto y me pregunto que me traerá Internet en este viernes frío. Como todos los días hago una ronda por los sitios habituales, aquellos cuyas novedades me causaban emoción cuando los descubrí por primera vez, pero que ahora no son más que un paso rutinante y rutinario que me deja más bien frío. Hasta que descubro que la página negra ya no está encanbezada por: Mercenaries 2: el día que aprendí a no comprar los juegos nada más salir al mercado. Y digo gracias. Y te leo. Y digo muchas.

Un gallego

Roy Ramker dijo...

Pues me alegro de tu vuelta, me gusta ver que has vuelto con energías renovadas después de tanto tiempo, pero no entiendo porque tienes esa presión por analizar en el blog lo que vayas a jugar o leer, creo que debes intentar no presionarte tanto en hacerlo porque es normal que entonces acabes quemado, lo mejor es disfrutar de un buen juego o una buena película porque si, para evadirte de las cosas del mundo real, no para tener después una obligación en forma de escritura en el blog.

Y nada, nos seguimos leyendo ;)

Alvaro dijo...

No se preocupe, Pequeño Perdedor, que a mí también me da algo de molestia tener que eso de tener que estar actualizando cada cierto tiempo, por lo que entiendo a la perefección lo expresado en estas líneas.

P.D.:yo también estoy considerando tomarme un descanso dentro de un tiempo...

Dani el Grande dijo...

Jod*r!!!!!

¡Vaya, estas vivo macho! Soy un gran fan y seguidor de tu blog desde hace meses (lo he seguido 1 ved cada semana por si "resucitavas")

Me alegra que estés bien, cosa curiosa pues ni te conodco.

Yo también escrivía un blog (si s pude decir así) parecido al tuyo en 2010 pero que hace meses al que no le echo el ojo (en parte por no tener internet, pero básicamente por pereza)

Me has motivado para escrivir otra entrada y desempolvar mi propio blog, gracias. Eso sí, para navidades, que ahora me viciado a un videojuego y literalmente m faltan horas.

Saludos, suerte y adiós desde "La Yanura"