domingo, 14 de septiembre de 2008

C.H.U.D.: cuando la mugre saca los colmillos

El 11 de septiembre, día en que se cumple un aniversario doblemente infausto (además de tener lugar la Díada de Cataluña) cumplí seis meses como redactor en El Día de Ciudad Real. Y en parte para celebrarlo, pero también para cumplir mi "voto de puntualidad" de la semana pasada, aquí os brindo otra película bizarra de los años 80: una que, ya que hablamos del 11-S, nos lleva a Nueva York, pero no para admirar las desaparecidas Torres Gemelas ni el Central Park, sino para descubrir la de mugre que había en la ciudad al principio de esa década.

Ojalá hubiera sólo caimanes ahí abajo

Bueno, los que van a salir son mutantes, pero lo suyo no es el ninjitsu. Tienen un estilo más directo.

¿Quién esperas que salga de ahí? ¿Las Tortugas Ninja?

Nueva York a principios de los 80 era un lugar bastante peligroso, sobre todo en según que barrios y a según que horas; por eso Rudy Giuliani ganó elecciones dando a la poli carta blanca para ser más fachas que Franco, pero eso es otra historia. Y si consideramos la acción de pasear al perro por un suburbio de calles mojadas y edificios que han visto días mejores lo más peligroso en el Nueva York ochentero, podemos calificar a la mujer que vemos al comenzar el filme como idiota de remate.  La muy inconsciente, que además camina por en medio de la carretera como si pidiera a gritos que Joe Viterbo la añadiese a su marcador, decide detenerse con su Fifí (o como se llame) junto a una alcantarilla. Antes de que el animalito pueda hacer sus necesidades en medio de la calle, la alcantarilla se abre y unas manos deformes y garrudas se llevan a la mujer, con perro incluido, a sus ignotas profundidades. El título del filme sale sobre la tapa de alcantarilla, acompañado por una triste y siniestra melodía de sintetizador.

A la mañana siguiente, la vida sigue como si tal cosa en el barrio donde ha ocurrido el luctuoso suceso: las calles siguen igual de cochambrosas, los vagabundos siguen intentando subsistir de los restos que la sociedad tira a la basura, y George Cooper (John Heard, el padre de Kevin McAllister en Solo en casa) les fotografía en su lucha por la supervivencia. ¿Que no sabéis quién es George Cooper? Es un fotógrafo de moda al que el glamour y la frivolidad de la pasarela no le han matado la conciencia social, y que fue galardonado hace pocos meses por un reportaje fotográfico sobre los "subterráneos": vagabundos sin techo que se refugian en las alcantarillas y túneles del metro. En el momento que le conocemos, está mofándose (con bastante ingenio, todo hay que decirlo) de un periodista que le deja un mensaje en su contestador automático para pedirle más fotos, y preparándose para un día de trabajo junto a su novia, la modelo Lauren (Kim Greist, la mujer de Will Graham en Manhunter).

Una vez presentado el protagonista de nuestra historia, la película da un salto a la comisaría del distrito para presentarnos al otro protagonista: el capitán Harry Bosch (interpretado por Christopher Curry, y al que la versión doblada se empecina en llamar "Besch"), que está muy ocupado intentando quitar hierro a una repentina oleada de desapariciones de personas en el área, por orden directa de su superior, O'Brien (Eddie Jones), y esquivando las preguntas del fastidioso reportero Murphy (J.C. Quinn). Pero eso va a ser más difícil que nunca después de que un agente traiga a una vagabunda que acaba de intentar robar una pistola a uno de los agentes.

Las historias de Bosch y Cooper se cruzan cuando la vagabunda llama al fotógrafo para que pague su fianza, y le pide luego que le acompañe al subterráneo para llevar vendas a su hermano Victor (Bill Raymond). Bosch les pone un seguimiento mientras él se ocupa de investigar un nombre que aparece en uno de los informes sobre desapariciones: A. J. Shepard, alias "El Reverendo" (Daniel Stern, otro actor que aparecería años más tarde en Solo en casa), un hippy mugriento al que el capitán cree recordar que detuvo hace un lustro, y que ahora lleva una cocina económica para los pobres.

Cuando Bosch visita al Reverendo, este le ofrece una información de lo más alarmante: entre sus habituales hay unos cuantos "subterráneos", y resulta que no les ve desde hace semanas. No menos preocupante es lo que descubre el fotógrafo cuando visita a Victor: el vagabundo tiene una espantosa herida en la pierna, y en su agonía no hace más que pedir una pistola para protegerse "de los monstruos".

Bosch, que resulta tener motivos personales para investigar el caso (su mujer era la víctima que abría el metraje), forma una alianza con el Reverendo para investigar qué ocurre en las alcantarillas. Lo que descubre es que, por algún motivo, la Agencia de Protección Medioambiental lleva un mes prolongando una investigación de las alcantarillas que se supone que debería haber concluido hace tres semanas. Por si fuera poco, se han dejado algunos de sus instrumentos atrás, incluyendo un contador Geiger que, al encenderlo, varía en su medición de una manera harto sospechosa... como si la fuente de radiación que detecta se moviese.

Porque si no lo es, tenemos en nuestras manos un detector de... algo muy feo.

Bosch, ¿es normal que un contador Geiger fluctúe aunque estemos quietos?

Cuando Bosch recibe la noticia de que una niña ha aparecido en estado de shock, murmurando algo sobre un monstruo de ojos brillantes que se llevó a su abuelo, decide que ya ha encubierto las desapariciones durante demasiado tiempo. Él y A. J. Shepard llevan los objetos que encontraron en las alcantarillas, junto a unas fotos de las heridas de Victor (que obtienen entrando en el piso de George Cooper), a una reunión con los superiores del capitán y con un representante de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC en inglés) llamado Wilson (George Martin). Si bien al principio los tres prebostes niegan que pase algo raro y se burlan de los "monstruos" de los que hablan, acaban por admitir que todo tiene que ver con un intento de transportar residuos radiactivos por las alcantarillas de Manhattan, y con el mandato judicial que paralizó dicho transporte justo cuando la mierda tóxica estaba bajo la ciudad. Cuando, pese a ello, se empeñan en asegurar que la situación está bajo control, A. J. Shepard se larga cabreado... no sin antes provocar que a Wilson se le caiga una carpeta con las siglas C.H.U.D.

O lo que queda de él.

Damas y caballeros: con todos ustedes, el C.H.U.D.

Wilson no tiene más remedio que admitir que sí, hay un monstruo de ojos brillantes llamado C.H.U.D., o "Cannibal Humanoid Underground Dweller" (caníbal humanoide habitante del subsuelo). Bosch y sus superiores acuden con él a una autopsia de la criatura, en el transcurso de la cual el hombre de la NRC les intenta tranquilizar, asegurando que el difunto bicho era único en su especie y que por tanto ya no hay motivo para temer por la vida de nadie; por supuesto, Bosch no lo cree, y decide enviar a un escuadrón con lanzallamas para acompañar a la siguiente expedición de las alcantarillas... que acaba como la unidad de los USCM que visitaba Acheron en Aliens.

Tras ese fiasco, hasta los superiores de Bosch están de acuerdo en que hay que alertar a la opinión pública, pero Wilson sigue creyendo que puede solucionar el asunto de manera encubierta, gaseando a los bichos en sus alcantarillas. El muy iluso no sabe que Murphy ha puesto a George Cooper y su novia sobre aviso acerca de los manejos de la NRC y la policía en el subsuelo, y que el fotógrafo no ha tardado en asociar las palabras del periodista con la desaparición de sus fotos sobre el vagabundo malherido. Por si fuera poco, Bosch y Murphy no piensan quedarse quietos mientras se echa tierra sobre el asunto... como tampoco lo piensan hacer los C.H.U.Ds, ante la creciente escasez de carne humana en su hábitat natural.

Aquí todos (los cadáveres) flotan

¡Sobre todo cuando deciden bajar a rodar en las alcantarillas para ahorrar pasta en escenografía!

¡Rodar pelis de ciencia-ficción con los italianos es un coñazo! 

C.H.U.D. (que el memo del distribuidor español se empeñó en subtitular como "Caníbales Humanoides Ululantes Demoníacos") no es precisamente una película de Oscar. Su banda sonora no destaca ni por buena ni por mala, sus interpretaciones no llegan a tener esa chispa que las hace inolvidables, sus FX pueden resultar algo pasados hoy en día, y su guión no es tan original como para matar por él. ¿Por qué entonces fue tan aclamada en su día? ¿Por qué se ha convertido en una referencia de la cultura pop estadounidense, hasta el punto de ser citada tres veces en Los Simpson?

Tal vez la culpa la tenga que el guión sepa guardarse la carta de los monstruos que dan nombre al filme durante la primera mitad: sólo entrevemos fragmentos de las bestias, o los terribles resultados de sus acciones, generando así la necesaria expectación previa antes de que les veamos la cara... igual que toda peli de monstruos hecha con sentido común.

O puede que tenga que ver que los C.H.U.Ds sean tan memorablemente horrendos. Cuando por fin les vemos con claridad, resultan semejar un primo feo de Nosferatu con ojos amarillos que brillan en la oscuridad. A medio camino entre el mito vampírico arcaico y el zombi post-Romero, comparten con ambos la capacidad de infectar con su mordedura a los que no mueren a sus garras, como sugiere la escena en la que Cooper hace una segunda visita a Victor y es atacado por él.

¡Y TAMPOCO LE HAGO ASCOS A LOS CEREBROSSSSSSSSS!

¡LA SANGRE... ES... LA VIDA! 

Tampoco hace daño que la película se esfuerce en hacer más compleja la trama contando dos historias que, hasta la recta final, operan de manera paralela. Tanto Cooper como el tándem Bosch-Reverendo investigan el horror desatado por los C.H.U.Ds, y a medida que profundizan se van encontrando indicios más claros de que al menos una rama del Gobierno de los Estados Unidos es responsable de la chapuza que ha dado origen a estos monstruos... aunque no llegaremos a saber la profundidad de su implicación hasta que los "héroes" hagan un terrorífico descubrimiento en el fondo de las alcantarillas cerca del final. C.H.U.D. mantiene de esta manera el interés sin necesidad de recurrir al viejo truco de mostrarnos a los bichos cada dos por tres descuartizando gente (de hecho, la mayoría de muertes las causan fuera de plano, reforzando su impacto psicológico), y aprovecha además para lanzar un mensaje con toques ecologistas y de crítica al excesivo poder de los lacayos del Leviatán estatal. De hecho, por terribles que sean sus acciones, al final de la película queda bastante claro que los C.H.U.Ds no son los verdaderos villanos; ese dudoso honor corresponde al irresponsable cabrón de Wilson, su involuntario creador.

Otro recurso del que C.H.U.D hace buen uso, aunque en pequeñas dosis, es el humor negro. La "conversación" de George Cooper con el periodista que está dejando un mensaje en su contestador es uno de los momentos más brillantes en ese sentido; el otro es cuando un siniestro secuaz de Wilson con polo de Lacoste y gafas de sol impide a Shepard llamar a la prensa... ¡comiéndose su moneda!

¡Vaya, que despiste! Los móviles todavía cuestan demasiado para un hippy zarrapastroso. ¡Mala suerte!

La llamada que quieras hacer, la tendrás que hacer por móvil, Shepard. 

(¡SPOILER!) Pero el mejor latigazo de humor negro lo tenemos en la retransmisión radiofónica que hace las veces de amargo epílogo, en la que se niega la existencia de los monstruos del subsuelo: pese a los esfuerzos de los protagonistas por revelar la verdad, Wilson acaba por triunfar en su objetivo de encubrir lo que ha pasado en las entrañas de la ciudad.

En el lado de los fallos, aparte de la estupidez de la que hace gala la primera víctima (se puede decir que la película comienza con un momento ¿¡EEEEEHHHHH!?), hay algunos puntos en que el metraje decae un poco en interés, haciendo desear al espectador que los C.H.U.Ds cruspan a alguien para darle vidilla, y el comportamiento de Wilson evoluciona de "burócrata corrupto" a "megalómano psicótico-villano de opereta" a medida que se acerca final. Tampoco es que esté muy claro lo que pasa en la, por otro lado, eficaz escena en la que Lauren intenta desatascar su ducha para acabar bañada por un chorretón de sangre, o en su duelo contra un C.H.U.D de cuello extensible que parece querer facilitar su decapitación a manos de la modelo.

La edición española corta además la escena en la que Bosch por fin encuentra lo que queda de su mujer. ¿Tal vez por ser demasiado gore para los estándares de nuestro país a inicios de los 80? A saber. Tampoco es que afecte demasiado a la trama, porque Bosch ve suficiente a lo largo de su investigación como para imaginar el triste destino de su media naranja.

C.H.U.D es, en pocas palabras, una película entretenida para pasar una tranquila y sangrienta sobremesa, pero no es uno de esos filmes que te cambian la vida. A no ser que trabajéis de poceros, en cuyo caso es posible que paséis unos días sobresaltándoos ante cada sombra, pensando que es un C.H.U.D dispuesto a hincaros el colmillo.

5 comentarios:

lasaga dijo...

A mi me decepcionó un poco precisamente por la ausencia de gore y bizarradas varias. Demasiada trama policial como es el defecto de muchas pelis de serie b, que las hace bastante aburridas (aunque esta no es la peor, claro)
Luego la segunda parte es infame pero entretenida.

Pequeño perdedor dijo...

La segunda parte fue editada en español con el nombre de "Reacción viva", ¿no? Y sí, me consta que es una puta mierda divertidísima, aunque en "Goremanía" Jesús Palacios decía que era mucho mejor que el original. Claro que también decía que "Los Willies" era una buena película de episodios, y no la puta morralla que era en realidad.

lasaga dijo...

Hombre, la verdad que Reacción viva, a mi me parece una peli muy diferente en cuanto a tono, atmósfera e incluso temática. Yo no sabría decir cual es mejor.

Sobre Lo Willies a mi me pareció divertida, pero buena...
Es inevitable pensar en los títulos buenos de películas de eposidios, y esta no está entre ellos...

Paula dijo...

Enhorabuena por tus seis meses, viendo esas alcantarillas... yo no me metería y eso que de pequeña sí queria conocer a Donatello para que me invitara a pizza! jaja
A ver si pones peis más a menudo, que yo de videojuegos, me sacas del Tetris y del Pacman y no doy mucho más.

Pau dijo...

Ah! a ver si me comentas a mí de vez en cuando...
http://www.cantabrialiberal.com/noticia.php?id=39295&noticia=¿Será%20Santander%20cultural%20en%202016?