miércoles, 7 de enero de 2009

Escuela de jóvenes asesinos (Heathers): dulce psicopatía de juventud

Espero que todos hayáis recibido hoy (bueno, ayer, que ya ha pasado medianoche) muchos regalos de los Reyes Magos, la única monarquía que funciona. Yo, haciendo mi parte y compensando mi tercer retraso al postear, os traigo hoy una película estudiantil rebosante de comedia y romance. Y antes de que penséis si me he vuelto loco, moñas o ambas cosas, os diré que es la clase de película que no convendría poner a los alumnos del instituto Columbine de Denver, ni a los de la Virginia Tech; eso ya es más propio de este blog, ¿verdad?

La popularidad se paga con sangre

Más en concreto, son McNamara, Chandler y Duke.

De izquierda a derecha: Heather, Heather y Heather.

Bienvenidos a Sherwood, un pequeño suburbio de la ciudad de Columbus (al menos eso dice la Wikipedia). En el instituto de secundaria local, el Westerburg High School, la cúspide del entramado social la integran la cuadrilla de las Heathers: Heather Chandler (Kim Walker), Heather McNamara (Lissane Falk) y Heather Duke (Shannen Doherty, a quien tal vez recordéis por Sensación de vivir o Embrujadas). Las tres son niñas pijas divinas de la muerte que controlan con mano de hierro la vida social en el instituto, que se llaman entre sí sólo por sus nombres de pila (al más puro estilo Marklar) y que disfrutan jugando al croquet en casa de la última aspirante a miembro del nido de víboras grupo: Verónica (Winona Ryder, vista en Bitelchús, Eduardo Manostijeras y el banquillo de los acusados).

Los motivos de Verónica para unirse a este trío de arpías grupito parece tener más que ver con su deseo de entrar en la universidad, que se vería muy facilitado a través de los contactos que tienen sus "amigas", que con una verdadera afinidad por su filosofía de vida. De hecho, para estar con ellas ha tenido que romper el contacto con una amiga de toda la vida, Betty (Renée Estevez, hermana de Emilio y de Charlie Sheen) por ser demasiado empollona, y tampoco parece agradarle que la obliguen a gastar una broma pesada a Martha "Dumptruck" (camión de basura) Dunnstock (Carrie Lynn), una estudiante gorda y poco agraciada; esa reticencia no es suficiente, sin embargo, para que se niegue a falsificar la letra de uno de los deportistas del instituto en la escritura de una carta de amor dirigida a la pobre chica, que al llegar a sus manos tiene un previsible (y humillante) resultado.

Pero la vida de Verónica está a punto de cambiar con la aparición de Jesse Dean, alias JD (Christian Slater, al que prefiero recordar por Broken Arrow que por Alone in the Dark), un chico con aspecto de bribón adorable y que tiene la bastante presencia de ánimo como para no dejarse intimidar por los matones de Westerburg. El problema es que su idea de cómo mantenerles a raya pasa por cargar un enorme revólver con balas de fogueo y dispararles, provocando su expulsión e indicando a los espectadores que algo no funciona muy bien en su cabeza.

Ese pequeño signo de alerta vuela bajo el radar de Veronica, que empeiza a flirtear con él cada vez que coinciden en algún lugar. Más aún, tras el desastroso resultado de su asistencia a una fiesta de fraternidad gracias a Heather Chandler (que incluye una acalorada discusión con ella, un intento fallido de emparejarla con un perfecto gilipollas y una fea mancha de vómito en la alfombra del pasillo) Veronica recibe una visita nocturna de JD que acaba llevándoles a practicar el ayuntamiento carnal en su jardín.

Será mejor que dejes de comprar artículos de broma a ese tal Txeroki.

JD, creo que has llevado la broma del petardo en el cigarillo demasiado lejos.

A la mañana siguiente, mientras rememoran su noche romántica, los dos bromean sobre la posibilidad de asesinar a la zorra de Heather (Chandler), o de al menos prepararle leche y zumo de naranja, combinación que induce al vómito (de esto último, la verdad, no me enteré demasiado bien) durante una visita tempranera a su choza. ¿Problema? JD se lo toma algo más en serio, llenando una taza de líquido desatascador azul y poniendo una tapa encima. Pensando que lo único que va a provocarle es un ataque de vómitos (parece ser que la confunde con el cóctel de leche y zumo), Veronica coge esa taza y va con JD a la cama donde duerme Heather (Chandler), ofreciendo el bebedizo como ofrenda de paz y remedio anti resaca. Su eficacia en este último aspecto queda probada más allá de toda duda cuando Heather (Chandler) se bebe el brebaje de un trago: después de todo, LOS MUERTOS YA NO TIENEN RESACA, ¿VERDAD?

Aterrorizada por la muerte que ha provocado, Veronica acepta la sugerencia de JD de emplear su talento como falsificadora para escribir una nota de suicidio empleando la letra de Heather (Chandler). La farsa tiene éxito, desembocando en un funeral tragicómico (con un sacerdote que, por razones que a todo el mundo se le escapan, relaciona el fallecimiento de Heather -Chandler- con los videojuegos) y en el ascenso de Heather (Duke) al puesto de líder de la cuadrilla. A lo que también conduce es a la participación de Veronica, inducida por Heather (McNamara), en una doble cita con los matones que molestaron a JD a principio del metraje.

Y vaya cita, señores y señoras, vaya cita. Vale que yo sea un friki sentimentalmente subnormal, pero hasta yo tengo mejores ideas que LLEVAR A DOS CHAVALAS A UN PRADO DE VACAS A EMPUJAR A LOS POBRES ANIMALITOS AL SUELO. ¿¡ES QUE SON RETRASADOS MENTALES!? A estas alturas, la película ha hecho todo lo posible (y más) por contestar a esa pregunta con un sonoro "¡PUES CLARO!"; lo que a nosotros nos importa es que, a pesar de que Veronica deja tirado a su "Adonis", este no tarda en difundir el rumor de que ella le hizo un Lewinsky. Explícitamente cabreada, Veronica no tarda en aceptar el plan que JD le ofrece: fingir un pacto de suicidio gay para los dos cachitas. Gracias a las viejas balas alemanas de la IIª Guerra Mundial que JD pretende emplear, heredadas de su abuelo, los dos sólo sufrirían heridas leves, sobreviviendo así para sufrir el ridículo de sus pares.

Por supuesto, cualquiera con dos neuronas funcionales reconoce eso como una trola; por supuesto, la ira de Veronica y su atracción por JD (¿o puede ser que, en el fondo, sus esquemas a-morales no son tan distintos?) nublan su juicio y le conducen a participar en el plan. Pero hasta una muchacha enamoriscada y con lagunas éticas como el Marjal Revolcafango de grandes y profundas empieza a reconocer que la situación se está desmadrando cuando la cuenta de bajas crece y, gracias a la bienintencionada idiotez (porque, como dicen Pérez-Reverte y muchos otros antes que él, un imbécil con buenas intenciones puede ser mucho más destructivo que un malvado) de una profesora, los falsos suicidas se van convirtiendo en una mezcla de mártires y modelos a seguir para los alienados alumnos de Westerburg...

Ver a cabrones morir siempre ha hecho reír

¡Ya sé qué hacer para alegrarte! Voy a hacer un truco de magia... con un lápiz.

Veronica... Why so serious?

Con su cínica visión del mundo escolar, entre el realismo y la mofa, y un dúo protagonista situado a distintas (pero bien hondas) profundidades del abismo de la amoralidad, Escuela... es una de las comedias estudiantiles más negras de los 80, y muy posiblemente de todo el género. El romance principal chica buena-chico malo, que tantas y tantas lágrimas de alegría nos ha hecho derramar en otros títulos, es aquí una relación sutilmente abusiva, en la que el "malote" manipula los peores instintos de la "niña bien" para convertirla en cómplice de sus desalmados crímenes y demostrarle que, después de todo, ella no es tan diferente de él. El mundo que les rodea, por otra parte, es un mundo de adultos absoluta e irremediablemente inútiles: polis más preocupados en fumar porros y espiar a parejitas que en investigar crímenes, profesores con ideas peregrinas sobre cómo tratar con sus alumnos temas tan delicados como el suicidio de un compañero de clase, y padres que prestan una atención superficial a sus hijos. Y del infierno absurdo de grupitos, modas superficiales y oligofrenia general que conforman los compañeros de clase del dúo protagonista, lo más suave que se puede decir es que es como el de cualquier comedia estudiantil yanki elevado a la quinta potencia; es decir, más odioso y acuchillable aún.

La principal fuerza de la película está en esa manera de coger los lugares comunes y recursos estilísticos del género, exacerbar sus aspectos más disfuncionales, y exprimir todo el potencial cómico que llevan dentro. Los ridículos discursos del sacerdote en cada funeral por las víctimas de Veronica y JD, los pensamientos poco cristianos de los que rezan ante el féretro de la primera Heather, la discusión (a todas luces, indistinguible de una típica pelea de enamorados) que sostienen los dos ¿héroes? en el parking de la escuela tras cargársela, y la sarcástica costumbre de JD y su padre de conversar diciendo las frases que debería pronunciar su interlocutor son momentos que a la vez logran transmitirnos una visión pesimista y atroz del mundillo estudiantil americano (y del resto del planeta, en menor medida) y del entramado que, en teoría, supervisa sus años formativos.

Tampoco hay que subestimar la parte de culpa de Christian Slater, que con su interpretación sugiere, al mismo tiempo, ser el hermano simpático de John Bender y estar esperando el momento justo para teñirse el pelo de verde, maquillarse de blanco níveo, y ensanchar su sonrisa con una mezcla de carmín y navaja de afeitar. En la página dedicada al filme en TV Tropes, uno de los editores le compara con Jack Nicholson en su actitud en el papel, y no le falta razón. Frente a él, Winona Ryder está correcta, aunque sosilla en general y también bastante artificial en las escenas en las que lee en off las reflexiones que su personaje escribe en su diario. Los demás personajes tampoco están mal, dentro de su condición de arquetipos, aunque alguno de ellos nos da muestras de rara tridimensionalidad (atentos a las acciones de Heather McNamara).

Se le puede disculpar que el último acto sea precipitado y con algún que otro error de continuidad (una bomba, situada en un lugar distinto de la última confrontación, de la que todos se olvidan una vez acabada), porque, al parecer, hubo que cambiar el final a última hora. También se les puede disculpar que la pareja central resulte a ratos (cuando no están ocupados encubriendo asesinatos, ejecutándolos o discutiendo por ellos) algo falta de química, porque en cierto modo encaja con la sociopatía de él y los objetivos superficiales (y no exentos de algo de sociopatía propia) de ella. Escuela... provoca risas y reflexiona sobre el infierno escolar, además de dar ejemplo a películas como Caramelo asesino. Eso sí, procurad no ponerla en público en un lugar donde hace poco alguien haya montado su propio Columbine personal.

3 comentarios:

Fet dijo...

Habrá que revisitarla, entonces.

Paula dijo...

Vista para sentencia... Me parece que contesta bien a la clásica pregunta para lilas ¿si... se tira por un puente tu te tiras tambien?..
Eché en falta la exposión final!!

Pequeño perdedor dijo...

Tendrían que haberle echado cojones y haber acabado como pretendían originalmente: todos muertos, y bilando al fin juntos en el cielo sin distinciones de cuadrilla.