lunes, 13 de octubre de 2008

Reflejos: cuando miras al espejo... y el espejo te devuelve la mirada

Como colofón a esta negra, nigérrima semana para los mercados bursátiles, y para compensar la depresiva estampa de un mundo al borde del abismo por la especulación financiera (pinchad aquí para una explicación, a la par didáctica y descojonante, de lo que nos sucede), os traigo una nueva crítica. Esta vez, y en escrupuloso respeto a la regla de alternancia que rige este blog (plagiada a Cánovas del Castillo y Sagasta), toca la película Reflejos, última que he visto hasta la fecha en el multicine Las Vías de Ciudad Real, y que es un remake de la coreana El otro lado del espejo. El protagonista es Jack Bauer Kiefer Sutherland, y dirige el francés Alexandre Aja, que firmó el aclamado remake de Las colinas tienen ojos y que nos presenta ahora un "reflejo" distorsionado del original.

Dime, espejito mágico: ¿hay alguien más jodido que yo?

¡Pues ya me pueden aumentar el sueldo si quieren que lo limpie todas las veces!

Joder, ya han vuelto a pringar el espejo.

Tras un prólogo que me perdí por llegar tarde a la sala, en el que un desconocido es degollado por su propio reflejo (¡), y unos interesantes créditos iniciales que nos muestran Nueva York reflejada en un espejo, el filme nos presenta las cuitas del ex policía Ben Carson (Jack Bauer Kiefer Sutherland). Dado de baja de la Policía de Nueva York tras un incidente en que mató por error a un compañero durante una misión secreta, ahora está recuperándose de una adicción al alcohol y de haberse separado de su esposa,  Amy (Paula Patton). Mientras intenta sin éxito recuperar la relación con ella y con sus hijos Michael (Cameron Boyce) y Daisy (Erica Gluck), tiene que conformarse con dormir en el sofá de su hermana Ángela (Amy Smart, la guapa novia del protagonista en Crank). Ahora ha encontrado un nuevo empleo como vigilante nocturno, y es ahí donde comienza la acción de la película.

El lugar de trabajo de Ben es un viejo supermercado de alto standing, perteneciente a la cadena ficticia Mayflower; mejor, dicho, lo que queda del susodicho Mayflower. El vigilante de día, Lorenzo Sapelli (John Shrapnel) le pone en antecedentes: el supermercado, que fue abierto en los años 50 aprovechando un hospital psiquiátrico cerrado, fue víctima de un incendio hace más de cinco años, y desde entonces se ha mantenido en un estado semirruinoso. La compañía dueña del Mayflower no lo ha podido reabrir por estar en litigios con las aseguradoras, y Sapelli opina que jamás llegarán a hacerlo. Cuando pasa a ver el interior del supermercado, Ben se sorprende por la cantidad de espejos que hay en él; como respuesta, Sapelli le comenta que su predecesor en el puesto de vigilante nocturno, Gary Lewis, se obsesionó con ellos hasta pasar noches enteras limpiándolos.

Ben no tarda en tener motivos para acordarse de ese detalle sobre su antecesor. La primera noche en el puesto de trabajo, descubre huellas de manos en uno de los espejos y escucha extraños ruidos por todo el lugar. Cuando nuestro protagonista busca de dónde vienen, descubre una puerta que da a un sótano... y que, pese a estar cerrada, aparece abierta en el reflejo del espejo. ¿Acaso su pasado alcoholismo le ha dejado un par de fusibles flojos a Ben? Los espectadores que vieron el prólogo ya saben que eso no es lo que pasa, pero a los que nos retrasamos al entrar no se nos puede culpar por pensar eso... sobre todo cuando Ben tiene a la mañana siguiente otra alucinación en la que ve su cara desfigurada en el espejo de su baño.

A la noche siguiente, el festival de fenómenos extraños continúa. Ben sufre una alucinación en la que arde vivo, tras la que encuentra la cartera de Gary Lewis; resulta que es el muerto del prólogo (Josh Cole), y que entre sus pertenencias había un papelito con la palabvra "Esseker". Mientras se plantea qué hacer con lo que ha encontrado, Ben escucha unos espantosos alaridos, que parecen venir de unos probadores; dentro no encuentra nada, pero cuando acerca un espejo para ver a través de él, tiene la horrorosa visión de una mujer quemada viva que se debate entre sufrimientos. Peor aún, el pequeño Michael Carson también ve a esta aparición en el enorme espejo de su dormitorio. Eso confirma que hay una fuerza sobrenatural detrás de estos fenómenos extraños, y que empieza a extender sus tentáculos hacia los seres queridos de Ben.

Y el paquete que recibe Ben a la mañana siguiente, remitido por Gary Lewis, contribuye aún más a dibujar un futuro negro a la familia del ex poli. Dentro hay recortes de periódicos que documentan el incendio del Mayflower, que al parecer fue provocado por (¡oh, casualidad!) el vigilante nocturno. Al parecer, el hombre había asesinado justo antes a su familia, pero él juraba y requetejuraba que "los espejos les mataron", y que prendió el fuego para acabar con ellos. Los acontecimientos no tardan en revelar a Ben que las palabras del hombre no eran meros desvaríos, y el vigilante nocturno no tiene otro remedio que rebuscar en el siniestro pasado del edificio. La malévola fuerza que hay detrás de los espejos sólo le da una pista: busca a Esseker. Pero ¿que o quién es Esseker?

Algo más divertido que un paseo por la calle del Gato

Ben Carson dimitió cuando le ordenaron limpiar semejante estropicio.

A Gary se le fue la mano con el afeitado.

Desde que vi la brutal (y tramposa cual tahúr del Mississipi) Alta Tensión, supe que Alexandre Aja es un director al que no conviene perder de vista. Por ahora, sin embargo, he tenido que posponer mi vistazo a su remake de Las colinas tienen ojos, dado que ni siquiera he visto el original. Cuando por fin llegó a España Reflejos, pese a las malas críticas cosechadas a uno y otro lado del Atlántico, decidí que tampoco podía estar tan mal con un tipo como Aja al frente. Y tenía razón, pero el resultado tampoco era para llorar de alegría.

En general, la historia, escrita por Aja y su guionista habitual, Grégory Levasseur, tiene el acierto de divergir respecto al filme coreano original, pero tiene el fallo de manifestar esa divergencia de maneras no demasiado acertadas. Por ejemplo, cambiar un supermercado a punto de reabrir por otro cerrado y derruido le da a la película un ambiente demasiado "típico y tópico" ("¡oh qué miedo, un edificio abandonado!"; y cambiar una trama de intriga criminal con gotas sobrenaturales por una especie de mutación de El Exorcista tampoco le hace demasiado bien a la película. El resultado es un filme que entretiene, pero que no llega a asustar en muchos momentos en que debería hacerlo.

Salvo cuando brota la sangre. Alexandre Aja se ha hecho famoso por pasarse de rosca a la hora de cargarse a sus personajes, y aunque las escenas gore son contadas, son de una bestialidad difícil de esperar en una producción de Hollywood. No puedo hablar por el prólogo, pero el siguiente asesinato del metraje me dejó con la boca abierta de tan salvaje que era. Complementando el paquete hay bastantes tomas de cadáveres mutilados por la acción de los espejos y alguna que otra aparición desagradable para satisfacer al sediento de sangre.

Siguiendo por los terrenos de la trama, no es difícil sentir simpatía por el personaje de Donald Sutherland y por su entorno. Ben Carson es un hombre que, pese a su caída en desgracia, no ha dejado de amar a su mujer y a sus hijos, y que pese a su temperamento irascible, fruto de su pasado alcoholismo y exacerbado por los horribles sucesos que le ocurren, no deja de tener como principal prioridad su bienestar. Sus acciones, a pesar de ser a veces erráticas, y siempre lunáticas y desesperadas (el primer intento de acabar con los espejos en casa de su esposa es reveladoramente patético en este sentido), siempre están guiadas por el objetivo de salvar a su familia del horror al que se enfrenta. El otro lado de esta moneda es que Ben recuerda en ese aspecto a Jack Bauer, y el parecido se vuelve más evidente cuanto más avanza el metraje. La mujer de Jack, por su parte, no se decide a dejarle volver a su vida porque teme que vuelva a despeñarse hacia las simas de la depresión agarrado a una botella, pero no deja de quererle; el miedo e incomprensión que muestra hacia sus acciones, aunque erróneo, está justificado. La parte mala es que los niños, pese a ser encantadores, vuelven a ser víctimas del extendido síndrome del "niño gilipollas", fiándose de la fuerza malévola en momentos críticos.

El desenlace también es un poco de cal y otro de arena. El asalto final de la fuerza tras los espejos a la casa de Amy y los niños, mostrado en paralelo a los esfuerzos de Ben para poner fin a la maldición, es tenso e interesante (aunque los intentos de Aja de hacernos temer por el destino de los niños no son muy creíbles, pero eso es más culpa de las convenciones de la industria que de él mismo), y desemboca en una batalla final Ben-Fuerza malévola digna de un buen videojuego (pensad en el epílogo de El ejército de las tinieblas pero sin tanto cachondeo). Por desgracia, el epílogo comete el error de ser exactamente igual al de su homóloga coreana, pero sin las sutiles pistas que esta tenía a lo largo de toda su trama para justificar esa vuelta del guión final.

Pero, pese a sus defectillos, Reflejos bien vale el precio de admisión, porque hace pasar un buen mal rato y no se corta a la hora de eliminar a los personajes de maneras horribles.  Y eso hay que valorarlo en una época en que demasiadas pelis se hacen para mayores de trece años.

4 comentarios:

Paula dijo...

Bueno, la verdad es que me esperaba más de la peli, pero viendo como anda el patio tampoco se puede pedir mucho más, no. Una vez más te dejan con la dudilla al final -un final un poco cagoncete- ¿qué pasa con el prota? ¿En qué momento cambia de lado? ¿Se queda para siempre alli? Ayer, tuve la mala idea de ver Los extraños y... buf... me parece a mí que no vuelvo a pensar.
Ya de por sí la cosa empieza mintiendo porque la supuesta historia real de Kristen McKay y James Hoyt, asesinados el 11 de Febrero de 2005 parece que es falsa, a juzgar por las declaraciones del director Bryan Bertino que dijo que la pelicula se inspiraba en un suceso de su infancia (un extraño fue a su casa preguntando por alguien que no vivía allí, y Bertino descubrió más tarde que las casas vacías del vecindario habían sido saqueadas). De aquí... poco más se puede sacar, menos mal que dura poco más de una hora porque tanto silencio muerto, tanto esperar para que no pase nada, desesperan a cualquiera. En fin, una pelicula para ver en DVD a doble velocidad.

redrum dijo...

Totalmente de acuerdo. No pasa de entretenida, y todo gracias a la labor de Jack Bauer, el resto es un mal remake de una mal film, pero que consigue inquietar.

Sobre Los Extraños, mejor ignorarla ya que ha tenido un protagonismo que no se merece.

¡1 saludo y gran entrada!

Pequeño perdedor dijo...

Gracias a los dos por avisarme sobre "Los Extraños". Estuvea punto de picar, hasta que leí algo en la Wikipedia sobre las atroces críticas que había cosechado... y me alegré de no haber mordido el anzuelo.

Por cirto, Mr. Redrum, gran blog el suyo ;)

Pequeño perdedor dijo...

Y en cuanto a lo de cuándo "cambia de plano" Ben... tengo bastante claro que es cuando todo el edificio se viene abajo. Pero si me di cuenta fue por un comentario breve que hacen sobre el destino de las víctimas de la maldición en un momento dado, y porque había visto el original coreano y ahí justificaban mucho mejor ese final.