domingo, 25 de octubre de 2009

El laberinto del fauno: la imaginación al poder

A punto de terminar el mes vuelvo a hacer un hueco entre mis obligaciones periodísticas, mis devociones roleras (que parece que ya van encarrilándose tras varias semanas de sequía y problemas de equilibrio de juego) y mis otros entretenimientos habituales para actualizar el blog. Y ya que en esta ocasión toca una película, he elegido la segunda obra de Guillermo del Toro rodada en España, que llevaba tiempo en mi lista de películas por ver. Con ella el director mexicano vuelve a mezclar la Guerra Civil (el tema más sobreexplotado por el cine español… o eso parece a primera vista) con elementos de fantasía, aunque esta vez los fantasmas de El espinazo del Diablo dan paso a las hadas.

Hace mucho tiempo, en un país muy, muy cercano…

La próxima vez que vaya a arrastrarme por un agujero inmundo rebosante de barro, tengo que recordar estar calladita cuando salga. No vaya a tentar al destino, como esta vez.

¿Que más me puede pasar? Oh, mierda, parece que va a llover…

Érase un vez una niña llamada Ofelia (Ivana Baquero), cuya madre, Carmen (Ariadna Gil), había perdido a su marido, un relojero, en la Guerra Civil, y que se había casado en segundas nupcias con un capitán del ejército sublevado nacional (guiño-guiño codazo-codazo). El capitán Vidal (Sergi López, Harry, un amigo que os quiere) estaba destinado en un pueblecito remoto de los Pirineos, donde lideraba una fuerza que se enfrentaba a un grupo de maquis, y la madre de Ofelia viajó junto a la niña para estar cerca de él, llevando en su vientre al futuro hijo de ambos.

Ofelia era una niña imaginativa, que pese a contar su edad ya en dos dígitos y a la desaprobación de su madre seguía leyendo cuentos de hadas y creyendo en ellos, hasta el punto de confundir a un insecto palo de los bosques con una de dichas hadas. También seguía recordando a su padre, hasta el punto de que se negaba por sistema, pese a la insistencia de su progenitora, a dignificar al capitán Vidal llamándole por ese nombre. Y aunque no lo supiera de manera consciente, Ofelia hacía bien, porque el capitán Vidal era un hombre cruel y malvado, capaz de asesinar a sangre fría a dos hombres por tener meras sospechas de que ayudaban a los guerrilleros, o quizá por mero fastidio de que le distrajeran de sus quehaceres nocturnos.

El caso es que Ofelia y su madre se hospedaban en la granja que servía de base de operaciones a los golpistas nacionales, donde Carmen podía estar bajo la observación del doctor Ferreiro (Álex Angulo, el memorable padre Berriatúa de El día de la Bestia). Allí, Ofelia no tardó en granjearse la simpatía de una de las sirvientas, Mercedes (Maribel Verdú); tampoco tardó en interesarse por el extraño laberinto en ruinas que había cerca del caserón, y que según Mercedes llevaba en pie desde hacía mucho, mucho tiempo.

Eran así las cosas cuando una noche Ofelia recibió la visita del insecto palo en la habitación que compartía con su madre. Ante sus ojos, el insecto se transformó en un hada, que le guió fuera de la casa hasta las profundidades del laberinto. En ellas había un pozo, en el centro del cual se alzaba una extraña estatua, que representaba a una criatura con cuernos junto a una niña que sostenía en sus brazos a un niño más pequeño. Y héte aquí que Ofelia no tardó en descubrir que no estaba sola en el pozo con su guía faérica, pues en un rincón se alzaba lo que parecía un tronco viejo y cubierto de musgo que resultó ser… ¡un fauno (Doug Bradley, más conocido como Abe Sapien en Hellboy)!

Que no lo soy, por cierto. Soy un fauno, y los de mi estirpe no tenemos nada que ver con esa especie de primos tontos semiblackmetaleros que tenemos.

No te asustes, querida niña. Estos cuernos son por el “entendimiento” que hay entre mi mujer y el repartidor del butano, no porque sea un demonio.

Para asombro (y no poco miedo) de la pequeña, el fauno le explicó que ella era en realidad la reencarnación de la princesa Moana, hija del rey del Mundo Subterráneo, que una vez salió a contemplar el mundo exterior y olvidó quién era en realidad. El desolado monarca edificó portales por todo el mundo, con la esperanza de que su hija, al reencarnarse a lo largo de las eras, acabara encontrando uno de ellos y pudiera volver con su padre. Pero no basta con encontrar la puerta, explicó el fauno: la muchacha también tiene que pasar tres pruebas (¿qué sería de un cuento de hadas si la heroína no tuviera que probar su valía primero?), guiada por un tomo mágico que le mostrará lo que tiene que hacer cuando esté preparada para ello.

Claro que a estas alturas, más de uno y más de dos estaréis pensando que Ofelia no era más que una niña muy imaginativa que se refugiaba de los sinsabores del mundo que le rodeaba imaginándose que era princesa de un mundo mágico y hermoso. Y no es que a Ofelia le faltaran motivos para ello: su madre se encontraba débil por las complicaciones que acarreaba su preñez, y sobre sus cabezas pesaba la amenaza del conflicto cada vez más encarnizado entre maquis y fascistas nacionales.

Pero a medida que Ofelia avanzaba por las pruebas, o tal vez por los recovecos de su desbordada fantasía, el mundo real se empeñaba en proyectar sobre ella su oscura sombra. Primero con el empeoramiento progresivo del estado de su madre, y luego con la hostilidad cada vez más marcada del capitán Vidal, azuzada por la falta de éxito del mismo contra los sublevados; una circunstancia que había que atribuir a que entre los habitantes de la casa había dos aliados de los guerrilleros, que les hacían llegar provisiones y medicinas del propio almacén de los vale, para ya con la broma nacionales. Y aunque el capitán desconocía este hecho, no iba a tardar en tener pruebas que le harían sospechar de ello, empezando por una ampolla vacía de morfina que encontraría en un emplazamiento donde los maquis habían estado acampados. Y las tareas/ensoñaciones de Ofelia reflejaban esa oscuridad como un espejo distorsionador, pues la segunda de ellas le llevaría al hogar de una criatura temible: el Hombre Pálido, un ser al que le encantaban los niños… COMO A UN LOBO LAS OVEJAS.

¿Sobreviviría Ofelia al encuentro con el Hombre Pálido? ¿Era de verdad una princesa del Mundo Subterráneo, o sólo una niña sensible que huía de una cotidianeidad insorportable? ¿Serían los dos aliados de los maquis descubiertos por el cruel capitán Vidal, o triunfarían antes los resistentes republicanos? Ay, esa es una historia que no me corresponde contar a mí, amigos míos.

¡Ofelia, la magia no existe!

Lo peor de todo es que, posiblemente, él mismo se lo cree. Si fuera un simple psicótico, sus acciones no resultarían tan horribles.

He aquí a un español de bien, defensor del orden y la libertad, que no del libertinaje.

El laberinto del fauno es una de esas películas que parecen hechas pensando en gente como yo, es decir: adultos que no han olvidado lo que es ser un niño. Al igual que en El espinazo del diablo, el filme sirve como comentario del horror de la Guerra Civil española y su posguerra, pero el interés principal radica en los aspectos fantásticos; a diferencia que el anterior filme “español” de Del Toro, la trama “mundana” no se queda como mero telón de fondo, sino que tiene una importancia y un tiempo de pantalla casi tan grandes como las vicisitudes de la protagonista con las hadas.

Y qué vicisitudes, por cierto. El diseño de producción y los efectos especiales se ganan un sobresaliente con su trabajo aquí, presentándonos un mundo fantástico (¿imaginario?) que logra resultarnos creíble sin dejar de ser una ida de olla mayúscula. Hay algún que otro pero, como la breve aparición del Hombre Pálido (después de leer en mil sitios lo terrorífico que era este monstruo, me quedé un poco frío cuando por fin le vi en acción, pero ese puede tener mucho que ver con el bombo previo que le dieron los aficionados), pero el conjunto no merece otra cosa que un rendido aplauso.

No soy de los que tiene mucho criterio a la hora de apreciar el trabajo actoral (es lo que tiene la misantropía), pero, a mi humilde parecer, todos están muy bien. La joven Ivana Baquero puede ser en persona una niña repipi inaguantable, pero es muy creíble como la asustada Ofelia, y los adultos que la rodean están muy comedidos y dentro de su papel. En especial, Sergi López logra componer a un villano monstruoso en el capitán Vidal, sin caer en el exceso de presentarle como a un psicótico: la sensación que nos queda tras verle es que su maldad emana de una visión del mundo inflexiblemente fiel a la que defendía el régimen franquista, con su machismo exacerbado y su absoluta falta de empatía con el contrario, y no de alguna clase de trastorno psicológico.

Es verdad que hay un punto en el que el guión, por su necesaria adhesión a las convenciones narrativas de los cuentos de hadas, flojea bastante. Me refiero a la escena en la que Ofelia contraviene las órdenes expresas del fauno, recibiendo como “premio” a su estupidez la atención del Hombre Pálido. Es un tipo de escena que podemos encontrar en millones de cuentos por todo el mundo, pero que aquí nos provoca unas ganas locas de meter la mano dentro de la película y arrearle media docena de capones a la niña por cometer semejante gilipollez.

Por último, la película sabe jugar bien la carta de la duda sobre si las ensoñaciones de Ofelia son parte de su imaginación o reales (SPOILER: el director y guionista ha confirmado que son reales), aunque con leves detalles en un par de momentos puntuales que sugieren cual de ambas opciones es la correcta, y logra mantener el interés por lo que les ocurre a los militares y a sus adversarios de la guerrilla mientras Ofelia realiza sus tres pruebas, lo que le da un buen equilibrio al filme. De modo que, si os gustan los cuentos fantásticos con un acabado visual apabullante, El laberinto del fauno puede ser una buena opción de visionado.

Sólo una pequeña advertencia: no es para niños. No importa que la protagonista tenga diez años, o que la campaña publicitaria en Yanquilandia la presentara como una película en la línea de Las Crónicas de Narnia: si la veis con vuestros churumbeles o sobrinos, atenéos a las consecuencias, que bien pueden incluir terrores nocturnos como nunca habéis imaginado.

3 comentarios:

Fet dijo...

Enorme. Bigger than life.

Alvaro dijo...

Una película muy bella, triste y sombría: A menudo la gente tiene una visión muy idealizada de los cuentos de hadas, pero lo cierto es que la gran mayoría de estos poseían cierto caracter oscuro y violento en sus versiones originales (Vean, por ejemplo, Barbazul de Perrault, el cual ya no se incluye en selecciones de cuentos de hadas infantiles debido a su carácter macabro) Si te gusto esta película, te recomiendo también otras como "The Fall" (la caída) y "La ciudad de los niños perdidos" (No son tan buenas como el Laberinto del Fauno, pero son muy entretenidas)

Pequeño perdedor dijo...

El día que encuentre una copia en DVD, 'La ciudad de los niños perdidos' tiene que caer por aquí. Es preciosa, es siniestra, es oscura, tiene mensaje, y sale uno de los actores fetiche de Del Toro: Ron Perlman. Fue lo primero que vi de Jeunet y Caro, y me dejó prendado.