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jueves, 31 de diciembre de 2015

Welp: de scouts y fieras

¿Todos bien? ¿Votasteis en las recientes elecciones, o preferisteis dejar el trabajo de decidir eso a otros? ¿Pasáis estas fiestas en familia, con amigos, o en la más absoluta de las soledades? En el momento que leáis esto, yo también estaré pasando las fiestas con los míos, viendo qué tal les va a mis sobrinos (cómo crecen, los jodíos), y agotando las últimas horas del moribundo 2015. Y como un mes y medio sin escribir aquí es mucho, y la vez anterior hablamos de campamentos y asesinos que los acechan (en el contexto de un juego churroso, pero la intención es lo que cuenta… o algo), hoy os brindo una peli que va en el mismo sentido, aunque con saborcillo europeo; belga, siendo precisos; flamenco, para ser todavía más exactos. Me complace cerrar este año 2015 en La Página Negra con Welp (Cachorro), un entrañable thriller terrorífico con scouts, niños salvajes, y trampas mortales a lo Rube Goldberg, que le valió a su director, Jonas Govaerts, un premio en la edición de 2014 de Sitges; un galardón que, como procederé a explicaros ahora, me da que fue de lo más justo.

¿Ha dicho ‘evitar’ o ‘acampar en’ el Bosque de la Muerte?

Eso sí, la audiencia va a estar por las nubes.

Algo me dice que la decisión de hacer un crossover entre ‘Mi casa en un árbol’ y ‘Buscadores de fantasmas’ no ha sido lo bastante meditada.

martes, 29 de septiembre de 2015

Babadook: el autodestructivo monstruo de la Depresión

Menuda reapertura del blog ha resultado ser ésta, que se anuncia a finales de julio y no se produce hasta ahora. ¡OPROBIO ETERNO SOBRE MI CABEZA! O sobre mi espalda, que lleva meses doliéndome por la parte donde está a punto de perder su casto nombre, sin duda en justo y merecido castigo por mi vagancia, maleancia y tendencia natural al sedentarismo. En otras palabras: ¡buena luna, criaturas de la noche, y perdón por el desmedido retraso!

Durante estos meses aparte de disfrutar de semanas de asueto en Santander, y de llorar la muerte a principios de mes del maestro Wes Craven (más sobre ello en próximos posts), he descubierto un terrible problema: ya no me ‘sale’ ponerme a ver películas en mis numerosos ratos libres; menos mal que mi buen amigo Raúl Sierra, ilustrador talentoso y buen tío en general, ha acudido a mi rescate, proponiéndome su casa y compañía para ver las películas de miedo que otro de nuestros amigos no es capaz de soportar. ¿Y cuál es la primera que ha caído dentro del ciclo?

Si está en una palabra, un libro, un blog o una mirada, contra el Babadook no puedes hacer nada, y menos contra el bombo que ha recibido en múltiples festivales de cine fantástico y de terror. ¿Es esta peli tan sobrevalorada como algunos críticos desilusionados dicen? ¿Da tanto miedo como argumentan sus defensores? Seguid leyendo si queréis saberlo…

Un estruendo, tres golpes, y empieza la pesadilla

Siendo madre soltera, una se merece sus caprichicos, ¿no?

Después del peta que me acabo de fumar, ya pueden venir el Babadook, Freddy Kruger y hasta el Chupacabra si quiere. Para lo que me va a importar…

domingo, 16 de marzo de 2014

D.R.E.A.M.S.: fui a por un Freddy de palo y me encontré en una novela negra de baratillo

¡Bienvenidos y bien hallados, una vez más! Espero que no os haya importado este mesecillo de ausencia, más que nada porque (supongo) habréis tenido material de lectura de sobra con lo que os dejé en enero y febrero. Yo he estado un tanto ocupado con mis molestos episodios depresivos, mi frustrante búsqueda de empleo, mis artículos semanales (en teoría) en Pixel Busters, y otras cosas de las que todavía no voy a hablar. Pero ya cruzamos el ecuador de marzo, y me temo que, como no me ponga a poner material del güeno (o del malo-pero-que-dé-risa) por estos lares, el blog se va a quedar bien desierto de lectores… salvo por los que, una y otra vez, acuden a mí a leer sobre Watership Down/Orejas Largas (por cierto, ¡hola, amigos, y bienvenidos a este blog!).

Y hoy toca una peli con conexiones con Pesadilla en Elm Street; conexiones bastante livianas, eso sí, porque se presenta como otro slasher con asesino que acecha los sueños de su víctima… y lo que acaba ofreciendo es otra cosa muy distinta y, a ratos (pocos, eso sí) más interesante.

Yo soy el huerfanito con estrés postraumatiquito

Te dije que adaptar la canción de comba de Freddy no pegaría. Pero ¿me escuchaste? No, claro que no...

Uno, dos/Canta Caza a viva voz/Tres, cuatro/El hombre del saco rifle de caza…

viernes, 14 de febrero de 2014

Un San Valentín de Muerte: sólo los tontos se enamoran

Hoy es el Día de los Enamorados, también conocido como el Día de Llorar a Moco Tendido en las Tinieblas de Tu Cuarto por los solitarios sin pareja, o como el Día de Sacarnos Dinero en Nombre de Quedar Bien con Nuestra Pareja por los detractores de la festividad. Lo llaméis como lo llaméis, aquí os traigo, como ya hice el año pasado, una peli apropiada a estas fechas. Abrazaos con la persona a la que queréis (o en su defecto, con vuestro perrito, gatito, mascota de otro tipo o peluche preferido), porque hoy vamos a pasar Un San Valentín de Muerte.

En realidad no, pero así se llama la película, de modo que…

Reunión de antiguas alumnas en el cementerio más cercano

Cagontó, Shelley, ¿qué te costaba llamar para hacer una quedada?

Al final, Shelley hizo ´lo único que pudo para reunir a la vieja panda de amigas: morirse.

lunes, 3 de febrero de 2014

Manhunter: la semilla que plantó el doctor Lecter

Bonita semana la que acaba de concluir, sí señor; y cuando digo “bonita”, quiero decir que es difícil hacerla más putamiérdica. Primero sufrí un empacho que me impedía comer con normalidad, luego mareos a causa de dolores cervicales (que, por cierto, aún no han remitido del todo), luego vino ese impúdico show que se dio en llamar “convención nacional del Partido Popular”, más tarde un temporal de los gordos arrasó la zona turística de mi ciudad natal, la fea sombra de la sospecha volvió a planear sobre Woody Allen, y Philip Seymour Hoffman apareció muerto por sobredosis en su casa. Ah, y a una mujer en Valladolid le provocaron un derrame cerebral a porrazos por manifestarse contra la caterva de golfos que nos gobierna, pero eso sólo lo leeréis en Twitter, que mencionarlo en los medios no contribuye a la Marca España.

Menos mal que aún nos quedan pelis que ver y juegos a los que jugar; que sí, que como consuelo es más bien débil, pero es mejor que nada. Además, ¿cómo esperamos enfrentarnos a este poder insensible, cruel y estúpido que nos domina si no tenemos momentos en los que descansar el cuerpo y la cabeza? No es que desde este blog vaya a presumir de hacer la revolución, ni siquiera de ayudar a hacerla, pero viendo como está el mundo no faltan ganas de olvidarse de él por un rato para no verse desbordado por su iniquidad; y si en algo es especialista este blog es en ofrecer alternativas más o menos válidas para ello. Por ejemplo: ¿cuántos sabíais que hubo una adaptación de las novelas de Hannibal Lecter anterior a El silencio de los corderos? Porque la hubo: se llama Manhunter, fue uno de los primeros filmes como director de Michael Mann, y hoy vamos a sumergirnos en ella.

Pensar como ellos, sentir como ellos, grillarse como ellos

 Venga, Jack, cuéntamelo. Total, ya me has amargado la jornada para los restos...

“Hace un buen día, ya verás cómo viene alguien y lo jode”. Mi ex jefe, para más señas.

miércoles, 1 de enero de 2014

Feliz Año Nuevo con… El pájaro de las plumas de cristal

¿Me echábais de menos, queridos (y escasos) lectores? Supongo que no demasiado, porque todos hemos tenido otras preocupaciones en este año de mierda que acaba de llegar a su fin; en la mayoría de los casos, relativas a cómo sobrevivir, gracias a la ruinosa situación de España. Así y todo, parece que lo de reunirse con la familia en Navidades y disfrutar (o no) de las comidas y cenas masivas con ellos es un placer (¿o quizás un tormento?) del que nos resistimos a privarnos. Y yo ya me he resistido bastante a actualizar este blog, así que voy a escribir la primera entrada del nuevo año esperando que sea más prolífico de lo que lo fue el recién (y felizmente) terminado.

Y como hace muchos años que no escribo sobre uno de mis cineastas favoritos, toca volver a hablar de Dario Argento, y para ajustarme mejor al espíritu del 2014 que comienza  lo voy a hacer analizando (y babeando sobre) el que fue el arranque de su carrera como director: El pájaro de las plumas de cristal.

Una joven promesa escrita en sangre

O acaban en la trena por practicarla con otros, o en urgencias por practicarla consigo mismos.

La cuchillofilia es una perversión con pocos adeptos, y que suelen acabar mal parados.

lunes, 10 de junio de 2013

13 asesinatos y medio (y un porrón de minutos de más)

Por fin ha pasado una nueva era geológica (o casi), y eso quiere decir que ya va tocando actualizar de nuevo La Página Negra con algo de cine. Lo cierto es que he estado bastante perro a la hora de ver películas, de ahí la tardanza esta vez. No, no tengo una excusa más creativa. De hecho, si la tuviera, es probable que el esfuerzo de escribirla fuese suficiente como para encender antes en mi ser la chispa de la creatividad e impelerme a actualizar antes mi blog. ¿Qué quiere decir todo esto? Que necesito aprender a escribir mejores introducciones para mis posts, y que estoy todavía calentando antes de salir al campo de la crítica de hoy.

Y la critica de hoy va dirigida en especial a fans del terror, de los años 80 y de Scream, porque habla de una película impregnada del ambiente de comienzos de la década y que es la antepasada más lejana del filme de Kevin Williamson y Wes Craven. Sí, estamos a punto de hablar de la primera comedia slasher de la historia del cine: Student Bodies, en español titulada 13 asesinatos y medio.

El follar se va a acabar, malditos jovenzuelos

Próximamente en la sesión de primera hora de la tarde de tu cine favorito.

Slashers con cuenta de cadáveres incluida: ¡para que no te pierdas entre tanto muerto!

martes, 26 de febrero de 2013

My Bloody Valentine: si el amor está en el aire, tu sangre mojará el suelo

Deseo la espera de una nueva entrada del blog no os haya sido muy dolorosa, mis queridos lectores. He estado oscilando entre la desmotivación y el exceso de trabajo, además de que, a raíz de un curso de introducción al mundo del Community Management que seguí en fechas muy recientes (impartido por los excelentes profesionales de Combo Comunicación), me he metido en la camisa de once varas de renovar un poco la imagen del blog. Es una tarea a la que todavía dedicaré un rato largo, así que no os asustéis si veis muchos cambios raros de diseño, o si algunos gadgets aparecen, desaparecen o cambian de sitio como un espectro de peli japonesa.

Mientras tanto, creo recordar que esto era una actualización, ¿no? Aprovechando que hace poco celebramos en todo el mundo el Día de Gastarnos los Cuartos en Aparentar Ante Nuestra Pareja San Valentín, vamos a hablar hoy de una peli que encarna como pocas el espíritu de esta fecha tan especial… igual que Black Christmas encarna el espíritu navideño.

O canceláis el baile, o cancelo vuestras vidas

PD: como organicéis otro baile de San Valentín, yo organizo otra pajarraca como ésta. El que avisa no es traidor.

Querida ciudad: esto es por bailar y poneros hasta el ojete mientras mis compañeros y yo nos pudríamos bajo tierra. Con cariño, Harry Warden.

martes, 30 de octubre de 2012

Una noche mágica con el doctor Quatermass

¡Buenos días! ¿Habéis dormido bien? En caso de que no, ¿habéis tenido al menos pesadillas interesantes?  Espero que así sea, de una manera u otra. Yo, tras varios días con el ritmo circadiano más loco que Pocholo Martínez-Bordiú todo puesto de coca, por fin he logrado dormir una noche seguida… más o menos. Me gusta pensar que a ello ha contribuido, en bastante medida, mi asistencia anoche a la proyección de Quatermass And The Pit (la versión original –y subtitulada- de ¿Qué sucedió entonces?) dentro del ciclo de Clásicos Escondidos que el periodista, crítico de cine y buen tío en general José Luis Vázquez presenta en la taberna irlandesa Deicy Reilly’s cada semana; una proyección que, como ya mencioné ayer, forma parte además de las actividades complementarias del festival Hemoglozine. Por ello este post, más que una crítica al uso del filme, va a ser una pequeña crónica de lo vivido anoche.

Lo cierto es que llegué tarde a la proyección, que en teoría comenzaba a las 22.00 horas, porque elegí la hora previa para ocuparme de la amplia cola de ropa que tenía por planchar; en esa decisión influyó el frío reinante en mi habitación (todavía no han puesto la calefacción central en el edificio) y mi deseo de ayudar a caldearla con los vapores de la plancha. Para cuando salí de mi choza, pertrechado con mis botas de invierno y mi chupa de cuero, tuve la agradable sorpresa de encontrarme con un frío bastante más moderado que la noche previa. Un breve trayecto en coche me puso delante de la puerta de la taberna irlandesa, donde al entrar me llevé una segunda sorpresa agradable: la película todavía no había comenzado, pues el director de Hemoglozine, Luis Eduardo González, estaba realizando primero la presentación del programa de actividades y proyecciones del festival.

Según me confesó más tarde, ni él ni el resto de hemoglozineros habían probado bocado en todo el día.

Luis Eduardo González, dándolo todo ante la afición.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Oh, Negra Navidad

¡Ah, la Navidad! Época de reuniones familiares y empachos de turrón que casi cuentan como sobredosis, de buena voluntad y malos nervios a la hora de cuadrar nuestras cuentas para comprarle un “detallito” a nuestros seres queridos. Parado o no, el Pequeño Perdedor no es inmune al encanto (ni a los sinsabores) de estas fechas, así que el pasado día 22 cogió su coche y se tragó casi nueve horas de viaje contra lluvia, viento y nieve para pasar las fechas con su familia… y descubrió que, contra toda noción preconcebida, en Cantabria hace mucha más rasca que en Ciudad Real. Cosas de la humedad, supongo. Llegados los días de Nochebuena y Navidad (y el gozoso reencuentro con las bestezuelas adorables que son sus sobrinos, así como con su perro adoptado), Perdedor tuvo amplia ocasión de disfrutar con su familia de los diversos regalos que habían recibido, y de juegos para pequeños y mayores; sólo recibió un obsequio del gordo de rojo de la barba, pero cuando dicho presente es UNA IMPRESIONANTE CHUPA DE CUERO no es que haya mucho motivo (ni ganas) de quejarse, y menos cuando todavía queda por ver lo que recibirá el Día de Reyes.

sábado, 4 de septiembre de 2010

El día que probé con la Alta Tensión… y me electrocuté

El final del verano llegó, y tu partirás… ¡EJEM! No es que el verano haya terminado ya, al menos técnicamente, pero septiembre siempre ha sido para mí un mes más otoñal que estival, por aquello de que era el tradicional comienzo de curso escolar. Y este año, es el último mes que trabajaré en mi empleo actual; a partir de octubre, vuelvo a hacer la ronda de reparto de CV, y a mantenerme a costa de Papá Estado y de mis ahorros. Deprimente, lo sé, pero es inevitable visto el horrendo clima económico que llevamos soportando desde que las hipotecas basura nos estallaron en la cara a principios de 2008. De hecho, ya va siendo hora de que sienta los efectos de la crisis después de tirarme dos años y medio arreglándomelas para esquivarla, ¿no?

Lo cual no quiere decir que no sea una mierda: lo es, y gordísima. Con todos los estreses y sinsabores que lleva consigo el trabajo, sentir que uno es útil y que tiene derecho a vivir de su propio esfuerzo no tiene precio. Lo que más me preocupa de volver otra vez al paro es que se me acabe yendo la pinza con la inactividad y la falta de contacto humano, y que mi depresión aproveche la mala temporada para hacerse fuerte en mi cabeza, dar un golpe de Estado y mandar a mi macilenta autoestima a la Escuela de Mecánica de la Armada, o su equivalente dentro de mi psique. No diré más, que esta metáfora ya se ha salido bastante de madre.

En momentos como estos, tengo una preocupante tendencia a pasarme los días volviendo la vista atrás y recordando con nostalgia los viejos buenos tiempos, aunque de buenos no les viera por aquel entonces nada. Y de una película que vi en aquellos viejos buenos tiempos (a mediados de la pasada década, cuando hacía mi posgrado) va el post de hoy. Para ser exactos, de una película que sería un puñetero clásico… si no tuviera un giro inesperado de guión que aún hoy, tras cuatro años, me provoca ganas de embestir a la pared más cercana repetidas veces.

Adivina quién viene a matar esta noche

Más exactamente, ¿quién lo haría sin llevar un arma en la mano?

Atención, pregunta: ¿quien abriría la puerta a un tío que llega de madrugada conduciendo un cacharro con el aspecto del que vemos en la foto?

lunes, 29 de marzo de 2010

El vagabundo en la lluvia, o de la conveniencia o inconveniencia de cumplir la sexta obra de misericordia

No puedo decir que mi propósito de Año Nuevo vaya muy bien, visto que estamos a finales de marzo y con esta sólo van cuatro entradas de La Página Negra en lo que va  2010; tampoco puedo decir que me fuera tan bien como esperaba mi visita a principios de mes a las Cromel, aunque eso tenga más que ver con mi natural taciturno (y con imbéciles borrachos que hacen como que roncan en el pabellón que hace las veces de dormitorio comunal). Pero por lo menos cumplí dos años en el trabajo hace unas semanas, así que no todo estará tan mal, ¿o sí?

Esté como esté, aquí estoy de nuevo, y esta vez pongo la mirada en el cine azteca, de la mano de un célebre director de las tierras de Pancho Villa, el general Santa Ana y los Molotov: Carlos Enrique Taboada. El hombre, a quien descubrí gracias a Braineater, es famoso por una especie de tetralogía inconfesa de películas de corte fantaterrorífico, pero la que hoy pasa por mis manos fue una incursión en el género que se apartaba tanto de sus temas comunes como del elemento sobrenatural, y lo hacía para sumergirse en las miserias de la clase alta… con la salvedad de que, a diferencia de un cineasta rojeras italiano cualquiera, él los espolvoreaba con una buena dosis de suspense y unas gotitas de sangre, que siempre hacen más sabroso el plato.

Diversión y muerte en la casita de la playa

Consiste en hablar y hablar de chorradas hasta que una se harta y se marcha... para que las demás aprovechen para ponerla a bajar de un burro.

He aquí una emocionantísima partida de Charleta Rusa.

domingo, 31 de enero de 2010

Noroi: cuando haces el Iker Jiménez y muerdes mucho más de lo que puedes tragar

¿Os acordáis de mi propósito de Año Nuevo? Si es así, no me cabe duda de que lo daréis por incumplido, vista la amplia diferencia de tiempo entre la anterior entrada y esta. Pero tengo mis razones:

Algo así fue, pero sin la figurita de palo y sin tanta destrucción masiva. Por suerte, los capaces técnicos de la tienda en la que lo compré (nombre omitido para no hacer publi gratuita) fueron capaces de librarme del molesto bichito. Un cambio de antivirus y una pasada del mismo después (en la que detecté un virus potencial que se les escapó a los chicos de la tienda), mi ordenador está como nuevo o mejor, con menos programas que se cargan con el inicio del ordenador sin ser necesarios, y listo para volver a la refriega bloguera.

Y vuelvo al tajo con una película que tiene mucho en común con El proyecto de la bruja de Blair, y no poco con Ghostwatch. Es decir, periodistas magufos-pero-en-un-mundo-en-que-esas-cosas-existen, y naves del misterio que acaban encontrándose con misterios que amenazan con despedazarlas como en un tsunami de los gordos.

¿Quieres la verdad? ¡Tú no puedes soportar la verdad!

Desaparecido en extrañas circunstancias después de que la nave del misterio que pilotaba encontrara turbulencias.

Masafumi Kobayashi, nuestro protagonista.

domingo, 3 de enero de 2010

Feliz Año Nuevo con… Higurashi no Naku Koro Ni

Feliz 2010, queridos (y escasos) lectores, y espero que vuestra Nochevieja estuviera a la altura de las circunstancias. ¿La mía? Bien, gracias, junto a Doña Pitu, Herberwest y familia. Salvo por leves incidentes de celos con el perro en jefe del hogar, Bran, y un inútil derramamiento de uvas durante las campanadas por mi parte, la cena de despedida al 2009 discurrió sin problemas, aunque con mucha caspa, cortesía del especial de Año Nuevo que cocinó Televisión Española (los que lo visteis sabéis a qué me refiero), y algo de risas gracias a un posterior visionado de El jovencito Frankenstein… que tuvo que ser parcial, porque el sueño nos acabo venciendo a mí y a don Herber.

Y ahora que el año ha terminado de despuntar, vamos a ver si puedo hacer realidad mi propósito de año nuevo y darle más marcha al blog de la que tenía en los últimos tiempos. Y ya que el lema de toda la vida para este día es “año nuevo, vida nueva”, aprovecho este primer post del año para entrar en las hasta ahora intocadas (en este blog) aguas del manga y el anime, con una de las razones de que mis actualizaciones en otoño hayan sido mucho más erráticas.

A modo de presentación

Conocerles es amarles, os lo aseguro.

El elenco principal, cortesía de este blog.

jueves, 6 de agosto de 2009

Segundo (y retrasado) aniversario con… Rogue

De nuevo gozo de vacaciones, pero esta vez con la ventaja añadida de que, por motivos que no alcanzo a comprender, por fin he podido instalar el Windows Live Writer en mi ordenata. Y como a caballo regalado no se le mira el diente, voy a estrenarlo con la (muy demorada, a decir verdad) celebración del segundo aniversario del blog, que esta vez versa sobre una interesante peli de monstruos australiana que a la vez vale como postal turística de las bellezas naturales (y peligros) que nos podemos encontrar en su selvática zona norte: Rogue, el territorio de la bestia, de Greg McLean.

Turistas: la otra carne blanca

Y mi primo no es de los que pega tollinas: es de los que devora personas enteras.

Dejad de vacilarme o llamo a mi primo el de Zumosol.

La imagen que tenemos la mayoría de las veces de Australia es la de una gran extensión desértica y poco poblada, pero el continente también tiene sus áreas de selva. Una de ellas está en el denominado Territorio Norte, adonde llega un día el periodista de viajes norteamericano Pete McKell (Michael Vartan cuya cara me recuerda cosa mala a Edward Burns) con el objetivo de hacer un reportaje sobre el área; para ello va a coger un crucero turístico de río que sale desde un pueblecito de la zona. Pero mientras hace tiempo tomando un café, Pete no puede evitar observar que el tascorro local exhibe en un tablón de anuncios un preocupante mosaico de recortes de periódico sobre víctimas de cocodrilos, incluyendo la terrorífica foto del cadáver semidigerido de un niño de doce años. ¿Un mal presagio? Desde luego que sí, pero nuestro protagonista todavía ni sospecha hasta qué punto lo es.

En el crucero al que sube el periodista americano también van una pareja de mediana edad (Robert Taylor y Caroline Brazier); una segunda pareja (Heather Mitchell y –creo- Geoff Morrell) con una hija preadolescente (Mia Wasikowska); Simon, un tipo gordete y sonrosado (Stephen Curry) que al principio da la impresión de ser un depredador sexual, por su aspecto y por intentar entablar conversación con la mencionada adolescente, hasta que descubrimos que lo único que quería era presumir de su pedazo de cámara fotográfica (y no le culpo… del todo); un viudo (John Jarratt, el villano del anterior filme de McLean, Wolf Creek) que pretende esparcir las cenizas de su esposa en el río; una mujer regordeta llamada Gwen (Celia Ireland); la capitana del barco, Kate Ryan (Radha Mitchell, también en Pitch Black y la versión fílmica de Silent Hill), quien no tiene en principio nada que ver con la cantante belga del mismo nombre, destacable belleza y apedreables canciones; y su perro, Kevin. El colorido grupo de futuros fiambres viajeros emprende la navegación, y por algo más de una hora parece que este va a ser otro tour por las bellezas naturales de la jungla australiana, que incluyen la contemplación de alguno de los cocodrilos de agua salada que habitan en este río; tal y como Kate informa a sus pasajeros, son la especie más peligrosa de estos animales, pero el barco en el que van es lo bastante grande como para no temer nada de ellos.

Sí, Quint opinaba eso mismo antes de ver lo crecidito que estaba Bruce, y ya vimos en su día lo que le acabó sucediendo. Pero aún queda un rato para que Kate Ryan tenga que tragarse sus palabras empujando con pan; un rato en el que al barco le da tiempo para tener un tenso encuentro con la lancha tripulada por los paletos locales Collin (Damien Richardson) y Neil (Sam Worthington, más recientemente visto en Terminator: Salvation). Este último quiere retomar una vieja historia con la capitana, pero esta no sólo prefiere dejar las cosas como están, sino que a punto está de arrollar a la otra embarcación mientras está atracada junto a ellos.

EL COCODRILO SE LA VA A JALAR (turú-turú, turú-turú)

ELLAAAA.. ELLA ELLE LÁ-A-A-A (turú-turú, turú-turú)

Para su desgracia, ese no va a ser el menor de sus problemas. Justo al completar el recorrido y disponerse a emprender el regreso, los pasajeros se aperciben de que alguien está lanzando bengalas desde un punto más avanzado del río: es una petición de ayuda a la que, de acuerdo con las normas de navegación y la decencia humana más elemental, hay que responder, aunque eso signifique que alguno de los pasajeros pierda el bus de vuelta. Pero cuando el barco llega a la zona desde donde salieron las bengalas, lo único que se encuentran es un bote hundido y la embestida de algo grande desde debajo del agua que les abre un boquete en la nave y les obliga a buscar refugio en un islote cercano. El autor del ataque no tarda en revelarse cuando dos de los pasajeros se plantean nadar hacia una de las orillas, en la que es una de las escenas mejor pensadas de la película: mientras todo el pasaje se vuelve de espaldas al río para escuchar a la capitana explicarles la peligrosidad de nadar en un río de agua salada con cocodrilos, uno de ellos se queda junto al agua… y un ruido pesado hace que los infortunados turistas se vuelvan a tiempo de ver a un cocodrilo enorme alejarse nadando, con el infortunado a buen recaudo en el interior de su panza. Kate ya no tiene duda ante ese luctuoso suceso: el barco se ha metido en el territorio de la bestia (de ahí el título español), y la bestia va a estar muy cabreada (por no decir hambrienta) mientras no se larguen de su zona.

A partir de ahí, la situación de Pete y sus compañeros de infortunio se hace cada vez más desesperada con el paso de las horas. Para empezar, la caja de las bengalas del barco ha salido flotando, y la radio principal se ha estropeado, por lo que tienen que recurrir a un walkie-talkie mojado. A los únicos que logran atraer con sus llamadas de socorro por este medio es a Collin y Neil, que están demasiado ocupados burlándose de la mala suerte de los turistas como para evitar que el bicharraco les baje de la lancha y dé buena cuenta del primero de ellos. Y como el río en el que están tiene mareas, resulta que esa misma noche va a sufrir una pleamar que sumergirá totalmente el islote. De modo que, o improvisan con los restos del naufragio un plan de huida, o el gigantesco cocodrilo va a pegarse un banquete de los que hacen época… aunque la verdad es que, incluso si logran hacer un plan coherente, van a tener que enfrentarse al pánico que atenaza progresivamente a más y más miembros de la expedición, y que amenaza con llevarles de cabeza a las fauces del depredador.

La emoción está en que les cacen

Si no quería que el cocodrilo le zampase, haber seguido el ejemplo del prota de 'Me llamo Earl'.

En la imagen, turista histérico arrepentido, instantes antes de recibir su karma.

No es que Rogue, el territorio de la bestia sea un prodigio de originalidad, pero es precisamente en esa familiaridad con los elementos tradicionales de la monster movie en donde reside una parte de su encanto: un grupo humano dispar, un entorno agreste y hostil, y una bestia tan poderosa como para convertirles en presa. La película de Greg McLean (director, productor y guionista, como en sus dos filmes anteriores) tiene también el acierto de no caer en exageraciones, poniendo en su centro a un monstruo que es amenazador sin ser necesariamente una especie de regresión prehistórica de su especie, y que la mayor parte del tiempo es bastante convincente… exceptuando algunos planos de su aparición final, en los que al verle de cuerpo entero y moviéndose no podemos más que arrugar la nariz ante lo artificial que resulta.

La otra parte del atractivo del filme es que logra hacer que nos importen las futuras víctimas del cocodrilo, tomándose el primer tercio de la película para familiarizarnos con los personajes antes de que el cocodrilo, en ataques bien graduados en su intensidad, los vaya incluyendo en su dieta. McLean procura (y yo diría que hasta logra) que actúen de manera lógica, de manera que incluso cuando cometen una clara estupidez, esta se ve justificada por el nerviosismo de la desesperada situación en la que se encuentran, y que viene reforzada por periódicos planos del agua cubriendo más y más espacio de la isla. Incluso un personaje como el de Neil, que otro guionista con menos sentido común podría convertir en un capullo que siembra la discordia en el grupo y amenaza su supervivencia, se comporta de una manera razonable dentro de su contexto, ayudando a elaborar uno de los planes para huir del islote.

El lado oscuro de estas bondades es que, dado que el filme no es muy largo, el énfasis puesto en presentar a los personajes antes de convertirles en cena del cocodrilo nos deja un poco cortos en el apartado de “intensa-acción-de-cocodrilo-sobre-hombre”, así como en el número de víctimas eliminadas por el bicho. Además, en la secuencia final, McLean nos revela que uno de los personajes sigue vivo después de sufrir una serie de heridas a las que no es creíble que nadie sobreviva, sólo por añadir a la tensión de escapar del escondrijo del animal la dificultad de acarrear a un herido incapaz de valerse por sí mismo.

Le mataré y guardaré el cadáver en la nevera para comérmelo de recalentao más tarde.

Fum-fe-fo-fi, huelo turista por aquí.

Eso sí, que nadie diga que el filme no sabe mantener la tensión. Todas las escenas en las que los supervivientes del naufragio ponen en práctica alguno de sus planes de huida del islote son campo abonado para que la audiencia se mordisquee las uñas de los nervios, y culminan en la mencionada visita de Pete al refugio del cocodrilo en un clímax ejemplar. Además, McLean procura que las muertes no resulten predecibles, situando a sus personajes en medio del peligro pero sin hacer aparecer al cocodrilo hasta que ya casi creemos que esta vez no va a atacar; hasta se da el lujo de ir a la contra de uno de los clichés más odiosos del género (y que reconoceréis en cuanto veáis la escena) en su secuencia final.

Pero en último término, esa adecuación a la fórmula típica de la monster movie hace que Rogue sea una película buena, sin más, en vez de la obra maestra que prometía su éxito en Sitges. Claro que ya es digno de aplauso que una peli sea buena “sin más”, sobre todo en estos tiempos en los que hay productores lo bastante estúpidos como para financiar ponzoñas del calibre de Dragonball Evolution. Así que la recomiendo, sobre todo si queréis saber qué hacer en caso de que un cocodrilo os tenga atrapados en un islote de río con más personas; y si queréis algo mejor, siempre podéis alquilar Tiburón, que para algo es un clásico.

Y si no habéis visto todavía Tiburón, va siendo hora de hacerlo.

sábado, 14 de marzo de 2009

Perdidos en Silent Hill

Esta semana he cumplido un año ininterrumpido en mi puesto de trabajo actual, pero no es de eso de lo que he venido a hablar. He venido a aprovechar la fecha que desaproveché el pasado mes: el Viernes 13 (bueno, ahora sábado 14, porque ya pasa de la medianoche; es decir, he vuelto a fracasar). Y a falta de cierta peli que sería más propicia para estas fechas, he elegido dedicar mi tiempo, por fin, a uno de los grandes clásicos básicos del terror con pad de control. Coged vuestras cámaras de fotos y el mapa de carreteras, mis amados lectores, porque nos vamos de fin de semana a una bonita localidad turística de Estados Unidos. Nos vamos... a SILENT HILL.

No sin mi hija (pelo negro y corto, cumplió siete el mes pasado)

Y ahora, a ver con qué cara se lo cuento yo a los del seguro.

Sólo a mí se me ocurre derrapar en una curva con un todoterreno. 

Harry Mason (Val Kilmer Michael Gough, cuya carrera como actor de doblaje incluye al memorable Tassadar de Starcraft y al vampiro Beckett en Vampire: the Masquerade - Bloodlines) es un escritor poco conocido, que tras enviudar se ha volcado en la cría de su hijita Cheryl, de siete años (cumplidos el mes pasado, como Harry se encarga de recordarnos cada vez que habla con un nuevo personaje). Para romper un poco con la rutina diaria, Harry decide emprender un viaje de fin de semana con su pequeña al pueblecito de Silent Hill: después de todo, un nombre así sugiere una población tranquila, sin ajetreo y perfecta para un poco de descanso y relajación dominical, ¿verdad?

... ¿Verdad?

Pues así podría parecer cuando Harry enfila la carretera que lleva hasta el lugar. Nada de tráfico, excepto por una agente de policía en moto que les rebasa. Pero cuando unos metros más adelante se encuentran la moto tirada en el arcén contrario y sin rastro de su ocupante, Harry se distrae de lo que pasa en la calzada el tiempo suficiente para ignorar a una muchacha que cruza su carril; cuando vuelve la vista y se da cuenta, Harry intenta esquivarla con un desesperado volantazo...

... Y se despierta del choque en medio de los restos de su coche, prácticamente ileso, pero sin su pequeña. Afuera cae la nieve, a pesar de que no hace frío, y hay una niebla lo bastante densa como para poder comerla a cucharadas... pero no lo bastante como para ocultar la silueta de Cheryl, que se adentra en las calles sin hacer caso a las llamadas de su alarmado padre. Harry corre detrás de ella hasta llegar a lo que parece un sucio callejón, en el que va encontrándose cosas cada vez más siniestras: una masa sanguinolenta que (tal vez) es lo que queda de un perro, un repentino oscurecimiento del cielo, una silla de ruedas semidestrozada... y un cadáver humano crucificado en una valla. Cuando el horrorizado Harry se encuentra con esto último, por el camino que acaba de recorrer se le abalanzan unas figuras, vagamente similares a niños deformes, que le acuchillan hasta la muerte...

¡Un momento! Harry se despierta de repente en medio de una cafetería abandonada, adonde le ha llevado la oficial a la que vio antes del accidente. Cybil Bennett (Cameron Diaz Susan Papa) le explica que viene de la ciudad vecina, Brahms, por un aviso, y que le encontró tirado en medio de un callejón. Tras averiguar por ella que no parece haber nadie más en la ciudad, Harry decide que tiene que salir a buscar a su hija (y no le culpo, yo también lo haría); Cybil intenta primero convencerle de que desista, pero cuando comprueba lo empecinado que está el joven padre le entrega una pistola para que se defienda en caso de correr peligro, advirtiéndole de que tenga cuidado de no dispararla por accidente (¿adelantando acontecimientos? ¿tú crees?), y sale a intentar buscar a otros habitantes de la localidad.

Con el propósito claro en mente, Harry hace acopio de bebidas energéticas y se dispone a salir de la cafetería; pero justo al llegar a la puerta, una radio de bolsillo que está sobre una de las mesas se enciende por sí misma, emitiendo un rumor de estática. Extrañado, Harry se acerca a verla con más atención y...

Y ahí comienza una terrorífica odisea para Harry, que tendrá que buscar a su hija a lo largo y ancho de la ciudad, evitando a criaturas que parecen escapadas de sus peores pesadillas (o al menos, de las peores pesadillas de alguien) mientras sigue pistas surrealistas y encuentra a otros seres humanos que parecen estar atrapados como él. Pero a medida que avanza en su búsqueda, los horrores que presencia le llevan a cuestionarse su cordura, y hasta si lo que está viendo es real. ¿Está hundiéndose la ciudad en las tinieblas, como asegura una de las pocas personas que quedan en la ciudad, la excéntrica anciana Dahlia Gillespie (Liz Mamorsky)? ¿O es todo una alucinación agonizante de Harry?

¿O tal vez es algo aún peor?

¿Huh? ¿Radio? ¿Por qué suena la COPE en esa radio?

¡Joder, vaya pronto que tienes! ¡Si sólo la iba a llevar a objetos perdidos!

¡VALEVALEVALE! ¡MIRA, NO TOCO LA RADIO, YA LA DEJO! 

El equipo de esforzados trabajadores de Konami que dirigía Keiichiro Toyama (creador más tarde de Forbidden Siren) parió a finales de los 90 el que, si tomamos a Alone in the Dark como el Wolfenstein del survival horror y a Resident Evil como su Doom, vendría a ser el System Shock del género. O su Thief, según se mire. Juntando un batiburrillo de referencias e influencias de las mejores películas y relatos de terror de la historia, y una óptica claramente informada por la obra completa de Lovecraft, el denominado Team Silent consiguió hacer un juego tan, tan terrorífico... que sigue dando miedo aún hoy.

Y no creáis que no tiene mérito. Después de todo, Silent Hill es un juego hecho para la primera Playstation. Y eso significa que su entorno y personajes 100% en tres dimensiones en tiempo real son un logro impresionante para la época, pero condenadamente toscos y bajos de polígonos para los albores de la segunda década del siglo XXI. Y mejor no hablar de las cinemáticas con el motor del juego cuando la cámara se pone a girar: la imagen entera tiembla como una porción de gelatina de fresa. ¿Y qué decir de esas conversaciones que, por limitaciones en la capacidad de subtitularlas, tienen lugar a un ritmo irregular y pausado nunca visto en ninguna conversación normal?

Y sin embargo, sigue teniendo ese poder para asustar. En gran medida tiene la culpa el excelente aprovechamiento y combinación de las influencias antes mencionadas, que nos sumen en una atmósfera jugable dominada por la oscuridad y la tensión de encontrarnos con monstruos. El Team Silent logra aquí hacer de la funcional-pero-tosca configuración de controles de Resident Evil un cierta virtud: si en el juego de Capcom la torpeza de nuestro personaje era poco creíble, siendo miembro de un cuerpo especial de seguridad, en el de Konami tenemos de protagonista a una persona normal y corriente, sin especiales conocimientos de cómo luchar o disparar, y que se mueve y reacciona con la misma dificultad con la que lo haríamos nosotros en su lugar.

Pero las piezas claves del terror las forman esos escenarios lóbregos y pavorosamente reales, que sin aviso se transforman en pesadillas de óxido y sangre, y la genial música ambiental de Akira Yamaoka. Los primeros nos sumen en la sensación de estar en medio de un rincón marginal de nuestra propia ciudad, enfrentándonos a nuestras peores fantasías hechas realidad; la segunda mezcla melodías discordantes y sonidos de industria pesada para hacernos sentir que la oscuridad hecha carne se nos va a echar encima desde el punto del escenario al que damos la espalda, reservando sonidos más tranquilos y etéreos para hacernos perder el sentido de la realidad en los momentos de paz.

A esa irrealidad contribuyen también el antinatural ritmo de los diálogos, la dicción monótona de Harry (que algunos tomaron como pista de que es corto de entendederas; yo, que no creo que alguien así pudiera sobrevivir a todo lo que le pasa en el juego, prefiero pensar que está en estado de shock por todas las marcianadas que le pasan) y los extraños puzzles, que son dignos de cualquier Resident Evil (pero pegan bastante mejor con el ambiente general), y que tienen algunos momentos ingeniosos y otros más frustrantes; esperad a ver el de los signos del Zodíaco y los números, o el del piano (bueno, este lo solucioné en un periquete, pero debo de ser el único).

Todos estos elementos convergen en una trama que parece una exacerbación de las fantasías terroríficas del genio de Providence, pero con un corazón mucho más humano. Las interpretaciones de los espantosos sucesos que vive Harry son múltiples (y refuerzan aún más la desorientación e irrealidad de todo), pero el motor que hace andar a éste nunca deja de ser la búsqueda de su hija; por otro lado (y perdón por los spoilers), la causa última de todo el horror resulta estar, como tantas veces en nuestro mundo, en la maldad que alberga el corazón humano, de una manera que recuerda a dos famosas historias de Stephen King llevadas al cine (y sí, La Niebla es una de ellas, pero por más razones de las que parecen a primera vista).

Eso sí, buena suerte encontrando lo más parecido a un final feliz que hay en Silent Hill, porque Toyama y compañía decidieron que para ello había que conseguir primero un objeto sin utilidad aparente, y luego salirse un buen trecho del camino principal para hacer cosas en unos cuantos edificios que a primera vista no tiene relación con la historia. O mucho me equivoco, u os hará falta una visita a GameFAQs para enteraros de cómo conseguirlo; qué diablos, también os será útil para comprender mejor la oscura historia del juego.

Así que, si os gusta pasar miedo, resolver puzzles extraños, y no os importa lidiar con gráficos vetustos, el control torpe de tantos y tantos survival horrors, y unos requerimientos ridículamente complicados para sacar los mejores finales, echadle un ojo. ¿Y qué es eso de que no tenéis Playstation para jugarlo? ¡Eso ya no es un problema, gente!

El control con teclado, por otra parte, sí que lo es. Quién me mandaría dejarme mi pad de control chungo en Santander...

domingo, 25 de enero de 2009

7 Days a Skeptic: en el espacio, nadie puede oir cómo te devanas los sesos

Tras currar sin (casi) descanso de lunes a viernes, el fin de semana ha dado de sí como para comprar un par de trapos (y alguna cosa más) en las rebajas y celebrar la comida de San Francisco de Sales (patrono de periolistos y escritores; es decir, haga lo que haga, no me libraré de él) con la Asociación de la Prensa de por aquí; por desgracia, también ha dado como para hablar de la incertidumbre en la que estamos por la puta crisis, y que nos hace temer por nuestros empleos, sobre todo a los que seguimos siendo "el nuevo" en la sección que ocupamos. Y ya me jodería quedarme sin trabajo cuando por fin parece que me atrevo a echar raíces en este lugar, pero poco puedo hacer para evitar irme en el paro: sólo escribir las noticias lo mejor que pueda y rezar.

Pero esta Página no es Negra para estar acorde con estos deprimentes pensamientos. Está Página es Negra para hacer juego con la clase de entretenimiento audiovisual que me pone (no os diré cómo; sólo os diré que 'no de esa manera, malpensados') y que en ella comento. Y hoy nos toca gozar de la siguiente entrega de Los mitos de Chzo. Pero antes, un breve consejillo publicitario:

BOICOT A LOS PRODUCTOS ISRAELÍES

Porque matar a cerca de 1.000 personas,

incluyendo mujeres y niños,

no es una respuesta proporcionada

Es una salvajada

Es una atrocidad

Es algo que sólo hacen los hijos de la gran puta

Y miren, he sido capaz de decirlo

sin la obvia invocación a Godwin

Visto el consejo publicitario, 100% aprobado por el Pequeño perdedor, comencemos con el asunto.

Si encuentras un ataúd en el cosmos... ¡déjalo flotar, atontao!

Por favor, dígame al menos que no es el Vista.

Capitán, el sistema operativo de la nave me da mal rollo.

Han pasado casi cuatro siglos desde que Trilby y sus aliados circunstanciales escaparan a su encierro en la mansión DeFoe. Su historia se ha ido perdiendo en las nieblas del tiempo y la leyenda, mientras la humanidad progresaba hasta alcanzar las estrellas. La escasez de materias primas ha obligado a la raza humana a remozar viejas naves para mantenerlas en buen funcionamiento, antes que hacer otras nuevas; una de dichas naves es la Mephistopheles, dedicada a la exploración, y cuyos seis tripulantes afrontan ahora la misión de elaborar un mapa de la galaxia Caracus.

Es el 27 de julio de 2385. El psicólogo de a bordo, Jonathan Somerset, acaba de tener una sesión con William Taylor, el médico y oficial más bisoño de la Mephistopheles, acerca de su sensación de no estar a la altura del puesto. Justo al salir de su oficina, Jonathan escucha un aviso por megafonía, llamando a todos los tripulantes a la sala de conferencias en la cubierta de operaciones. Al encontrarse con el ingeniero de la nave, Adam Gilkennie, Jonathan no puede evitar preguntarle si tiene idea de a qué se debe esta llamada, a lo que este responde que "tal vez haya muerto alguien"; Adam no lo sabe todavía, pero su broma no va a tardar mucho en perder toda la gracia.

En la cubierta, los tres tripulantes ya mencionados y la segunda oficial de a bordo, Angela Garrett, escuchan  con sorpresa el anuncio de su capitán, Barry Chahal: los sensores de la Mephistopheles han detectado un objeto a la deriva. La oficial de comunicaciones, Serena Kyle, les explica que es un prisma rectangular hecho de metal, lo que en un principio podría recordar a una cápsula criogénica... salvo porque no se han hallado signos vitales en su interior. Desde control central, los superiores de Chahal han recomendado que dejen pasar el objeto para que una nave cinetífica lo recoja y estudie; el capitán, por su parte, no piensa dejar pasar esta oportunidad de estudiar el artefacto.

Jonathan averigua por qué cuando Chahal le llama a su habitación para una conversación privada: el capitán va a retirarse después de esta misión, y preferiría hacerlo de una manera "mas memorable", como por ejemplo logrando establecer un primer contacto con alienígenas. A pesar de ello, Chahal reconoce que es muy poco posible que el objeto que han encontrado sea un artefacto de otra raza.

Y el capitán tiene razón, pero sólo porque el objeto es algo aún más extraño. Cuando Adam lo ha terminado de subir a bordo de la bahía de carga y la tripulación se disponen a abrirlo, Jonathan se da cuenta de que tiene una inscripción a un lado. En la inscripción dice: Aquí yace John DeFoe, por fin en paz. No interrumpáis su sueño. 11-9-1997. A modo de firma, el reconocible dibujo de un sombrero. Los tripulantes no saben que acaban de meter en su nave algo MUY PELIGROSO; lo que sí saben es que abrir las tumbas de los muertos está muy mal, así que deciden dejar el sarcófago espacial cerrado a cal y canto hasta que puedan entregarlo a una nave científica.

Jonathan es el único que sospecha algo raro, ya que es ridículamente improbable que un objeto de estas características, lanzado desde la Tierra en esa fecha, acabara en una galaxia tan lejana. Tal vez por eso, el psicólogo tiene esa misma noche una pesadilla en la que el ataúd se abre por si solo y algo empieza a salir de él. Jonathan se despierta en su habitación, y tarda unos segundos en tranquilizarse; pero al hacerlo, se da cuenta de que ya no se escuchan los motores de la nave...

Jason X, aprende de este amateur

Es decir, a no ser que el paseante quiera suicidarse y que nadie encuentre jamás su cadáver.

Antes de dar un paseo espacial, hay que sujetarse a la barra de seguridad.

Cuando Jason X mancilló las pantallas cinematográficas, yo estuve entre los que echó espumarajos de indignación ante la idea de trasladar la agonizante saga de Viernes 13 al espacio. Meter a un psicópata sobrenatural en una astronave ya sonaba a un pozo de creatividad más seco que la llanura manchega en pleno agosto; convertirlo en la viva imagen del jefe final del Soldier of Fortune ya era motivo para gritar "¡VETE A TOMAR POR EL CULO, SEAN S. CUNNINGHAM!" con un megáfono. Ocho años después, no me avergüenza admitir que Ben "Yahtzee" Croshaw me ha demostrado que no tenía del todo razón, porque una idea tan disparatada puede funcionar si la pone en práctica alguien capaz de darle credibilidad.

Si 5 Days a Stranger era un homenaje a los psycho-thrillers de tinte sobrenatural como La noche de Halloween, las secuelas de Viernes 13 o algunas de las mejores obras de Dario Argento, 7 Days a Skeptic es una continuación de ese esquema en forma de carta de amor a Alien, el octavo pasajero. Yahtzee sabe manejar bien la claustrofobia del escenario, aún más marcada que en la primera parte (pese a que la nave es más grande que la mansión DeFoe), consigue mantener el suspense a pesar de que la mayoría de los jugadores ya saben en parte qué esperar del villano de la historia.

En favor de la historia también juega el elenco de personajes, más amplio que en 5 Days y con personalidades algo más tridimensionales en algunos casos. No es difícil sentirse implicado con ellos, y a la vez temer que estén bajo el influjo de la fuerza malévola del sarcófago o directamente muertos.

Y la jugabilidad también ha cambiado a mejor. Ahora, el clic izquierdo del ratón sirve para caminar por defecto, y las acciones de examinar, usar y hablar sólo aparecen en un menú contextual que se muestra al hacer clic derecho sobre un objeto, y en el que también está el inventario de objetos. De ese modo, solucionar los puzzles se vuelve bastante menos engorroso.

Eso no quiere decir que los puzzles sean fáciles. Siguen sin requerir grandes saltos de lógica, pero a veces resulta complicado saber con quién hay que hablar para continuar con el puzzle, o qué hacer en una situación sin salida aparente. Además, hay algunos momentos en el juego que introducen una novedad: persecuciones al estilo Clock Tower, con la salvedad de que eludir a nuestro perseguidor implica solventar otro puzzle. Tuve que recurrir a la guía del juego que Yahtzee tiene en su página (¡ATENCIÓN: LINK CON SPOILERS DE TODO EL JUEGO!) para lograr sobrevivir a la primera de ellas, porque el puzzle en concreto era bastante difícil de dilucidar.

Pero vale la pena afrontar esa complicación por disfrutar de 7 Days a Skeptic hasta su sombrío final, que incluye una sorprendente revelación que cambia la manera en la que vemos los acontecimientos que han llevado hasta allí. Además, un juego que ambienta el enfrentamiento final entre el protagonista y el monstruo con una versión en MIDI de Black Celebration se merece que hagamos la puñetera ola y le demos un Premio al Buen Uso de Música Ajena.

miércoles, 7 de enero de 2009

Escuela de jóvenes asesinos (Heathers): dulce psicopatía de juventud

Espero que todos hayáis recibido hoy (bueno, ayer, que ya ha pasado medianoche) muchos regalos de los Reyes Magos, la única monarquía que funciona. Yo, haciendo mi parte y compensando mi tercer retraso al postear, os traigo hoy una película estudiantil rebosante de comedia y romance. Y antes de que penséis si me he vuelto loco, moñas o ambas cosas, os diré que es la clase de película que no convendría poner a los alumnos del instituto Columbine de Denver, ni a los de la Virginia Tech; eso ya es más propio de este blog, ¿verdad?

La popularidad se paga con sangre

Más en concreto, son McNamara, Chandler y Duke.

De izquierda a derecha: Heather, Heather y Heather.

Bienvenidos a Sherwood, un pequeño suburbio de la ciudad de Columbus (al menos eso dice la Wikipedia). En el instituto de secundaria local, el Westerburg High School, la cúspide del entramado social la integran la cuadrilla de las Heathers: Heather Chandler (Kim Walker), Heather McNamara (Lissane Falk) y Heather Duke (Shannen Doherty, a quien tal vez recordéis por Sensación de vivir o Embrujadas). Las tres son niñas pijas divinas de la muerte que controlan con mano de hierro la vida social en el instituto, que se llaman entre sí sólo por sus nombres de pila (al más puro estilo Marklar) y que disfrutan jugando al croquet en casa de la última aspirante a miembro del nido de víboras grupo: Verónica (Winona Ryder, vista en Bitelchús, Eduardo Manostijeras y el banquillo de los acusados).

Los motivos de Verónica para unirse a este trío de arpías grupito parece tener más que ver con su deseo de entrar en la universidad, que se vería muy facilitado a través de los contactos que tienen sus "amigas", que con una verdadera afinidad por su filosofía de vida. De hecho, para estar con ellas ha tenido que romper el contacto con una amiga de toda la vida, Betty (Renée Estevez, hermana de Emilio y de Charlie Sheen) por ser demasiado empollona, y tampoco parece agradarle que la obliguen a gastar una broma pesada a Martha "Dumptruck" (camión de basura) Dunnstock (Carrie Lynn), una estudiante gorda y poco agraciada; esa reticencia no es suficiente, sin embargo, para que se niegue a falsificar la letra de uno de los deportistas del instituto en la escritura de una carta de amor dirigida a la pobre chica, que al llegar a sus manos tiene un previsible (y humillante) resultado.

Pero la vida de Verónica está a punto de cambiar con la aparición de Jesse Dean, alias JD (Christian Slater, al que prefiero recordar por Broken Arrow que por Alone in the Dark), un chico con aspecto de bribón adorable y que tiene la bastante presencia de ánimo como para no dejarse intimidar por los matones de Westerburg. El problema es que su idea de cómo mantenerles a raya pasa por cargar un enorme revólver con balas de fogueo y dispararles, provocando su expulsión e indicando a los espectadores que algo no funciona muy bien en su cabeza.

Ese pequeño signo de alerta vuela bajo el radar de Veronica, que empeiza a flirtear con él cada vez que coinciden en algún lugar. Más aún, tras el desastroso resultado de su asistencia a una fiesta de fraternidad gracias a Heather Chandler (que incluye una acalorada discusión con ella, un intento fallido de emparejarla con un perfecto gilipollas y una fea mancha de vómito en la alfombra del pasillo) Veronica recibe una visita nocturna de JD que acaba llevándoles a practicar el ayuntamiento carnal en su jardín.

Será mejor que dejes de comprar artículos de broma a ese tal Txeroki.

JD, creo que has llevado la broma del petardo en el cigarillo demasiado lejos.

A la mañana siguiente, mientras rememoran su noche romántica, los dos bromean sobre la posibilidad de asesinar a la zorra de Heather (Chandler), o de al menos prepararle leche y zumo de naranja, combinación que induce al vómito (de esto último, la verdad, no me enteré demasiado bien) durante una visita tempranera a su choza. ¿Problema? JD se lo toma algo más en serio, llenando una taza de líquido desatascador azul y poniendo una tapa encima. Pensando que lo único que va a provocarle es un ataque de vómitos (parece ser que la confunde con el cóctel de leche y zumo), Veronica coge esa taza y va con JD a la cama donde duerme Heather (Chandler), ofreciendo el bebedizo como ofrenda de paz y remedio anti resaca. Su eficacia en este último aspecto queda probada más allá de toda duda cuando Heather (Chandler) se bebe el brebaje de un trago: después de todo, LOS MUERTOS YA NO TIENEN RESACA, ¿VERDAD?

Aterrorizada por la muerte que ha provocado, Veronica acepta la sugerencia de JD de emplear su talento como falsificadora para escribir una nota de suicidio empleando la letra de Heather (Chandler). La farsa tiene éxito, desembocando en un funeral tragicómico (con un sacerdote que, por razones que a todo el mundo se le escapan, relaciona el fallecimiento de Heather -Chandler- con los videojuegos) y en el ascenso de Heather (Duke) al puesto de líder de la cuadrilla. A lo que también conduce es a la participación de Veronica, inducida por Heather (McNamara), en una doble cita con los matones que molestaron a JD a principio del metraje.

Y vaya cita, señores y señoras, vaya cita. Vale que yo sea un friki sentimentalmente subnormal, pero hasta yo tengo mejores ideas que LLEVAR A DOS CHAVALAS A UN PRADO DE VACAS A EMPUJAR A LOS POBRES ANIMALITOS AL SUELO. ¿¡ES QUE SON RETRASADOS MENTALES!? A estas alturas, la película ha hecho todo lo posible (y más) por contestar a esa pregunta con un sonoro "¡PUES CLARO!"; lo que a nosotros nos importa es que, a pesar de que Veronica deja tirado a su "Adonis", este no tarda en difundir el rumor de que ella le hizo un Lewinsky. Explícitamente cabreada, Veronica no tarda en aceptar el plan que JD le ofrece: fingir un pacto de suicidio gay para los dos cachitas. Gracias a las viejas balas alemanas de la IIª Guerra Mundial que JD pretende emplear, heredadas de su abuelo, los dos sólo sufrirían heridas leves, sobreviviendo así para sufrir el ridículo de sus pares.

Por supuesto, cualquiera con dos neuronas funcionales reconoce eso como una trola; por supuesto, la ira de Veronica y su atracción por JD (¿o puede ser que, en el fondo, sus esquemas a-morales no son tan distintos?) nublan su juicio y le conducen a participar en el plan. Pero hasta una muchacha enamoriscada y con lagunas éticas como el Marjal Revolcafango de grandes y profundas empieza a reconocer que la situación se está desmadrando cuando la cuenta de bajas crece y, gracias a la bienintencionada idiotez (porque, como dicen Pérez-Reverte y muchos otros antes que él, un imbécil con buenas intenciones puede ser mucho más destructivo que un malvado) de una profesora, los falsos suicidas se van convirtiendo en una mezcla de mártires y modelos a seguir para los alienados alumnos de Westerburg...

Ver a cabrones morir siempre ha hecho reír

¡Ya sé qué hacer para alegrarte! Voy a hacer un truco de magia... con un lápiz.

Veronica... Why so serious?

Con su cínica visión del mundo escolar, entre el realismo y la mofa, y un dúo protagonista situado a distintas (pero bien hondas) profundidades del abismo de la amoralidad, Escuela... es una de las comedias estudiantiles más negras de los 80, y muy posiblemente de todo el género. El romance principal chica buena-chico malo, que tantas y tantas lágrimas de alegría nos ha hecho derramar en otros títulos, es aquí una relación sutilmente abusiva, en la que el "malote" manipula los peores instintos de la "niña bien" para convertirla en cómplice de sus desalmados crímenes y demostrarle que, después de todo, ella no es tan diferente de él. El mundo que les rodea, por otra parte, es un mundo de adultos absoluta e irremediablemente inútiles: polis más preocupados en fumar porros y espiar a parejitas que en investigar crímenes, profesores con ideas peregrinas sobre cómo tratar con sus alumnos temas tan delicados como el suicidio de un compañero de clase, y padres que prestan una atención superficial a sus hijos. Y del infierno absurdo de grupitos, modas superficiales y oligofrenia general que conforman los compañeros de clase del dúo protagonista, lo más suave que se puede decir es que es como el de cualquier comedia estudiantil yanki elevado a la quinta potencia; es decir, más odioso y acuchillable aún.

La principal fuerza de la película está en esa manera de coger los lugares comunes y recursos estilísticos del género, exacerbar sus aspectos más disfuncionales, y exprimir todo el potencial cómico que llevan dentro. Los ridículos discursos del sacerdote en cada funeral por las víctimas de Veronica y JD, los pensamientos poco cristianos de los que rezan ante el féretro de la primera Heather, la discusión (a todas luces, indistinguible de una típica pelea de enamorados) que sostienen los dos ¿héroes? en el parking de la escuela tras cargársela, y la sarcástica costumbre de JD y su padre de conversar diciendo las frases que debería pronunciar su interlocutor son momentos que a la vez logran transmitirnos una visión pesimista y atroz del mundillo estudiantil americano (y del resto del planeta, en menor medida) y del entramado que, en teoría, supervisa sus años formativos.

Tampoco hay que subestimar la parte de culpa de Christian Slater, que con su interpretación sugiere, al mismo tiempo, ser el hermano simpático de John Bender y estar esperando el momento justo para teñirse el pelo de verde, maquillarse de blanco níveo, y ensanchar su sonrisa con una mezcla de carmín y navaja de afeitar. En la página dedicada al filme en TV Tropes, uno de los editores le compara con Jack Nicholson en su actitud en el papel, y no le falta razón. Frente a él, Winona Ryder está correcta, aunque sosilla en general y también bastante artificial en las escenas en las que lee en off las reflexiones que su personaje escribe en su diario. Los demás personajes tampoco están mal, dentro de su condición de arquetipos, aunque alguno de ellos nos da muestras de rara tridimensionalidad (atentos a las acciones de Heather McNamara).

Se le puede disculpar que el último acto sea precipitado y con algún que otro error de continuidad (una bomba, situada en un lugar distinto de la última confrontación, de la que todos se olvidan una vez acabada), porque, al parecer, hubo que cambiar el final a última hora. También se les puede disculpar que la pareja central resulte a ratos (cuando no están ocupados encubriendo asesinatos, ejecutándolos o discutiendo por ellos) algo falta de química, porque en cierto modo encaja con la sociopatía de él y los objetivos superficiales (y no exentos de algo de sociopatía propia) de ella. Escuela... provoca risas y reflexiona sobre el infierno escolar, además de dar ejemplo a películas como Caramelo asesino. Eso sí, procurad no ponerla en público en un lugar donde hace poco alguien haya montado su propio Columbine personal.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Thief (III) - Deadly Shadows: un digno colofón a la trilogía

Puesto que el domingo me voy a pasar las vacaciones navideñas con la familia, esta crítica la presento adelantada para cumplir con la actualización de la semana. Además de eso, tengo pensado aprovechar la Navidad para ver si puedo escribir las dos críticas que dejé a deber el pasado mes, siempre y cuando eso no me distraiga del turrón y el champán. Que el turrón y el champán son importantes en una Navidad como Dios manda, al menos en el Occidente judeocristiano-agnóstico.

Y esta vez, volvemos a La Ciudad para terminar con la historia de Garrett, el ex Custodio, ladrón a tiempo completo y salvador del mundo en ocasiones que protagonizaba Thief: The Dark Project y Thief II: The Metal Age. Y como suele ocurrir en las terceras partes, esta nueva aventura implica una vuelta a los orígenes del protagonista en más de un sentido... y no acaba de ser tan buena como los dos títulos precedentes; pero ojo, que eso no quiere decir que no sea buena.

El Retorno del Jedi Custodio

Los síntomas incluyen gran dolor en la parte de atrás de la cabeza y desaparición de las posesiones terrenales más cercanas.

En la imagen: Martillita a punto de ser víctima del Síndrome de la Cefalea Súbita

Si jugasteis al Thief II, recordaréis que terminaba con Garrett, justo después de salvar a La Ciudad por segunda vez, pidiendo a su mentor Artemus que le contara más sobre las profecías que tan acertadas habían resultado estar. Thief - Deadly Shadows (¿que por qué no lleva un III? Ahora enseguida lo explico) nos vuelve a poner en su piel un tiempo indeterminado después, y las cosas han cambiado desde la última vez que le vimos: la Orden del Martillo ha renacido tras el colapso de los Mecanistas y los esperables juicios por herejía a sus integrantes, los Paganos han logrado hacerse un hueco en la Ciudad, y en la Guardia de la Ciudad ya no hay mujeres.

¿Y Garrett? Pues al principio nada parece haber cambiado, porque nos volvemos a reunir con él en plena ejecución del robo de un valioso ópalo negro, y le acompañamos en su posterior búsqueda de comprador para la pieza, esquivando en el proceso a la intrigante y traicionera esposa del noble dueño de la joya y a sus dos matones a sueldo. Pero las cosas empiezan a cambiar una vez Garrett encuentra a la perista que decide pagarle la pieza; esta le pasa una nota de su mentor, Artemus, citándole en el patio de Terces, y el maestro ladrón corre hacia allí menos a regañadientes que de costumbre.

Y la conversación tampoco es tan hostil como lo acostumbrado. Si bien a Garrett no le hacen gracia las notitas y los secretitos, parece más dispuesto a colaborar con la organización. Y tiene buen motivo: de las palabras de Artemus se desprende que Garrett desea escuchar las profecías de la intérprete Caduca (la anciana que predecía el advenimiento de la Edad del Metal en el segundo juego), y parece que el Concilio que gobierna a los Custodios ha accedido a satisfacer su deseo... a condición de que arrebate sendos artefactos de poder a Martillitas y Paganos para someterlos a estudio: el Cáliz de San Edgar y la Garra de Jacknall. Garrett accede, sin que él o su antiguo mentor se aperciban de que la gárgola que domina el patio se ha movido levemente durante su encuentro.

Robar a Martillitas y Paganos ya es bastante malo, porque pone a nuestro antihéroe en el punto de mira de ambas congregaciones. Pero cuando por fin consigue los objetos y franquea con ellos las puertas del escondrijo de los Custodios, el ladrón topa con otra desagradable sorpresa: Orland, un Custodio que aparecía brevemente en Thief II, ha prosperado desde entonces hasta convertirse en el Primero Custodio, el líder de la organización. ¿Que por qué es desagradable? Porque desde el primer momento que él y Garrett traban conversación, Orland no oculta su desagrado ante la presencia del ex Custodio, ni su convencimiento de que aprovechará la primera ocasión para traicionarles.

Y motivos, en teoría, no le faltan. Las últimas profecías de la intérprete Caduca, traducidas por la pequeña Gamall (la niña que parecía hermana de Toshio Saeki en Thief II), vuelven a hablar de un personaje que ya era mencionado en la anterior serie de portentos de condenación: el Hermano y Traidor (Brethren and Betrayer). Los vaticinios parecen indicar que el Hermano y Traidor traerá una nueva Edad Oscura, destruyendo todo aquello que los Custodios han luchado por proteger... incluidos ellos mismos. Y en cierto modo, Garrett podría encajar con ambos términos, por haber sido un miembro de la orden que la abandonó para lucrarse por su cuenta.

Pero por ahora, el maestro ladrón es tolerado, y hasta vuelve a pasar el ritual de iniciación de los acólitos de la organización; le será necesario, puesto que la ciudad está bajo cuarentena, y él tiene que sortearla para encontrar el Compendio del Reproche, un documento sellado mágicamente que contiene la continuación de las profecías y que acaba de llegar en una nave fantasma invadida por zombies. También tendrá que encontrar la llave que lo abre, que al parecer fue localizada por un Custodio en una especie de ciudad subterránea (no, no es la Ciudad Perdida de los dos juegos anteriores) a la que marchó a buscarla para no volver. Además de todo eso, Martillitas y Paganos le hacen llegar mensajes ofreciéndole perdonar sus ofensas pasadas a cambio de hacer ciertos trabajitos menores en su beneficio. Y aunque Garrett todavía no lo sabe, le va a hacer falta evitarse todas las hostilidades posibles en un futuro muy cercano, porque el Hermano y Traidor no va a tardar en revelarse y llevar el caos a La Ciudad.

Aventuras en la gran Ciudad

No es difícil, porque él hace la mitad del trabajo con su actitud de capullo.

El Primer Custodio Orland. Aprenderéis a detestarle.

Con el cambio de desarrolladora a Ion Storm (aunque dio asilo a muchos ex miembros de Looking Glass, entre los cuales estaban Eric y Terri Brosius), el desarrollo de Thief (III) sufrió también bastantes cambios respecto a sus precuelas. Algunos parecen fruto de la realización del juego para consola además de PC; caso de la perspectiva en tercera persona, que no aporta mucho pero que, al permitirnos también ver parte de nuestro cuerpo en primera persona, hace aún más inmersivo el juego a la manera de Condemned o F.E.A.R.. Otros, como la separación de las misiones en áreas de carga independiente, tienen más que ver con la imposibilidad técnica de elaborar mapas tan grandes como los de los dos primeros juegos manteniendo la calidad de los gráficos. Y por último, los hay que parecen responder a que los desarrolladores preferían, simple y llanamente, hacer las cosas de otra manera: por ejemplo, los mapas ya no reflejan ni la posición aproximada ni los lugares que hemos visitado, lo que añade realismo a los niveles a costa de hacerlos algo frustrantes a ratos

Pero el más importante es que, a diferencia de las dos primeras partes, Garrett ahora puede moverse por La Ciudad. En ella puede encontrar más víctimas a las que robar (por la calle o en su casa), miembros de otras facciones (incluyendo la Guardia de la Ciudad, que siempre es hostil), y misiones secundarias para obtener beneficios extra. Moverse por las distintas áreas que representan los barrios de La Ciudad es además imprescindible para encontrar peristas a los que vender los artículos que robamos (y cada uno acepta sólo dos de tres tipos de objetos valiosos) y comprar equipo en las tiendas del ramo, incluyendo los nuevos guantes para trepar (sustitutos de la flecha de cuerda) granadas de gas y frascos de aceite (para provocar resbalones o prender fuego). Este sistema permite que Garrett pueda ir acumulando los beneficios y el equipo que obtiene entre misiones (y no como en sus dos aventuras anteriores, en las que perdía todo lo que no gastaba en la misión al pasar a otra), pero a veces es un poco pesado tener que desplazarse por los minúsculos barrios ocultándose de los guardias y otros elementos hostiles para proseguir la trama principal.

Y ya que hablamos de elementos hostiles, el juego nos permite mejorar nuestra reputación con dos de ellos, Martillitas y Paganos, que empiezan a buscarnos a partir de nuestro robo de sus artefactos sagrados. En teoría, podemos cortejar su favor haciendo misiones para ellos, algunas de las cuales les enfrentan entre sí; en la práctica, estas misiones se limitan a matar insectos gigantes inofensivos, malgastar flechas en lugares místicos destinados a tal efecto o destruir muertos vivientes. Ah, y una misión en la que podemos elegir entre destruir un árbol sagrado de los Paganos o replantarlo. Entre lo anodino de las tareas y lo sencillo que es convertirse en aliado de ambos grupos sin ser enemigo del otro, este sistema es de lo más olvidable del juego. Es como si lo hubieran añadido deprisa y corriendo a última hora.

La mejora gráfica es tan evidente que no valdría la pena ni comentarla... salvo por los errores gráficos en el modelado de las sombras, que arruinan los excelentes efectos de luces que tiene el juego. En cuanto al sonido, continúa con un excelente nivel tanto en la música (de nuevo obra de Eric Brosius) como en los efectos, y sin los molestos problemas para localizar a un adversario por el sonido que afectaban a los dos primeros juegos en algunos momentos.

Si bien todos estos cambios forman un conjunto en el que hay partes mejores y peores, Thief (III) pierde algo bastante importante respecto a sus predecesores: parte de su personalidad. Las elaboradas presentaciones de cada misión se han visto sustituidas por una mera pantalla de revisión de objetivos, las citas que expresaban la filosofía de cada facción quedan relegadas a las pantallas de carga entre áreas, y hasta los gráficos mejorados rompen demasiado con el "encanto cutre" de los dos primeros juegos. No es que sea traumático, pero deja a la aventura más al nivel de un Splinter Cell medieval y menos al de las creaciones de Looking Glass; el que decidieran omitir el "III" del título para no alienar a los consoleros que no jugaron a Thief y Thief II sólo ahonda en esta herida.

Ten cerca a tus amigos... y a tus enemigos, más aún

Hasta un garrulo insensibilizado como yo se siente intranquilo al visitarlo.

Shalebridge Cradle: considerado el lugar más terrorífico de la saga

Por suerte, la historia de esta tercera entrega está escrita por Terri Brosius (¡ALABADA SEA SHODAN!), y se nota. Nuestra computadora asesina favorita elabora una trama que tiene sus momentos brillantes, que profundiza en personajes que sólo eran figurantes en los anteriores juegos, que hace guiños a las historias precedentes (incluyendo el regreso de un viejo conocido de The Dark Project; no os diré quién) y que complementa temáticamente con brillantez la trilogía. Del mismo modo que el primero juego enfrentaba a Garrett con los representantes del Caos, y el segundo le llevaba a combatir los excesos de los campeones del Orden, aquí sus pasos le acaban conduciendo a descubrir la parte corrupta que acecha en el corazón de los Custodios; una corrupción, hay que advertir, que no siempre tiene que ver con la maldad del villano principal, sino también con los prejuicios y cortedad de miras de los miembros más estrictos.

La trama se apoya en un diseño de niveles tan bueno como siempre (gracias a la labor de un equipo de profesionales que incluye a David "Raen" Riegel, de Shadows of the Metal Age), que nos llevan a visitar mansiones, un museo, una nueva ciudad subterránea y el que es considerado el nivel más terrorífico de la saga: Shalebridge Cradle, un festival de paranoia y horror que hasta a un servidor le hizo removerse inquieto ante la pantalla. Incluso hay un nivel al que sólo podemos acceder si morimos en la ciudad, una cárcel de máxima seguridad de la que tenemos que escapar. En la parte negativa, la ausencia de la flecha de cuerda hace que el "juego aéreo" de las otras dos partes tienda a minimizarse aquí (el lado bueno es que nos ahorramos las complicaciones para agarrarse a las lianas que daban los dos juegos anteriores), y la incomprensible decisión de hacer que el agua profunda mate a Garrett (¿le dio un Mecanista un mazazo demasiado fuerte y se le olvidó?) les impide incluir alguna de las tensas etapas de buceo de antaño; el que se permita matar a los guardias incluso en los niveles más altos de dificultad, y que se nos entregue al principio de una misión el mapa que se supone que debíamos obtener dentro de la propia misión (en dificultad normal, al menos) tampoco es que me haga demasiado chiste.

Pero no me voy a enfadar con el juego, porque complementa bien la historia iniciada por Looking Glass, y mete de traca final una misión al viejo estilo de la saga (vencer a un malvado intocable mediante el sigilo y el sabotaje) pero que se desarrolla por todo el mapa de La Ciudad y es, a la vez, una inversión del último capítulo de The Dark Project y una variante alternativa del nivel que cerraba The Metal Age. Y cuando cumplimos sus objetivos...

Joder. Joder, joder, joder. No os lo voy a decir. Sólo os voy a recomendar que, antes de ver la secuencia final, volváis a ver la intro de la misión tutorial de Thief - The Dark Project. Y una vez lo hagáis, atentos al epílogo de Deadly Shadows; si no os recorre un escalofrío de júbilo, es que no amáis esta saga o no habéis entendido ni papa de la cinemática. Digamos, sin spoilear demasiado, que es la mejor manera que se le habría podido ocurrir a Terri Brosius para cerrar la historia de Garrett: un viaje de la rebeldía ante las normas de los Custodios a... No. No puedo contarlo. Jugadlo. Jugad toda la saga en sucesión cronológica. Ya me lo agradeceréis después.