¿Me echábais de menos, queridos (y escasos) lectores? Supongo que no demasiado, porque todos hemos tenido otras preocupaciones en este año de mierda que acaba de llegar a su fin; en la mayoría de los casos, relativas a cómo sobrevivir, gracias a la ruinosa situación de España. Así y todo, parece que lo de reunirse con la familia en Navidades y disfrutar (o no) de las comidas y cenas masivas con ellos es un placer (¿o quizás un tormento?) del que nos resistimos a privarnos. Y yo ya me he resistido bastante a actualizar este blog, así que voy a escribir la primera entrada del nuevo año esperando que sea más prolífico de lo que lo fue el recién (y felizmente) terminado.
Y como hace muchos años que no escribo sobre uno de mis cineastas favoritos, toca volver a hablar de Dario Argento, y para ajustarme mejor al espíritu del 2014 que comienza lo voy a hacer analizando (y babeando sobre) el que fue el arranque de su carrera como director: El pájaro de las plumas de cristal.
Una joven promesa escrita en sangre
La cuchillofilia es una perversión con pocos adeptos, y que suelen acabar mal parados.