¡Sacad las botellas de champaña, que esto es para celebrarlo! ¡Por fin me he quitado de encima las páginas del maldito anuario de mi periódico! ¡Ya no atormentarán mis sueños, ni mis horas de vigilia! Para celebrarlo, y en vista de que me he tirado todo el puñetero domingo sin rascar bola, hoy os presento una película que no necesito ver otra vez para criticarla... porque me la sé prácticamente de memoria.
Dios bendiga el cine inapropiado para la infancia

¡Es la última vez que vengo a un after en el que dejen fumar!
No debía de tener más que seis o siete años cuando en el entonces Cine Coliseum de Santander programaron un ciclo sobre los comportamientos prehistóricos en el cine, o algo así. Entre las películas programadas bajo tan curiosa premisa estaban En busca del fuego (debut cinematográfico de Ron Perlman), Los dioses deben de estar locos (sí, la del bosquimano y la botella de Coca-Cola) y una titulada Orejas largas. Mi hermano, que adoraba el cine y solía llevarme con él a ver películas para todos los públicos, vio que esta última cumplía ese requisito y además era de dibujos animados, y me llevó con él a verla en una de las pequeñas salas del Coliseum.
Lo que mis jóvenes e inocentes ojos vieron fue todo un espectáculo... pero no precisamente destinado a mi tierna edad. Era una historia protagonizada por conejos, sí, pero en la que había muertes, sangre y villanos de una maldad aterradora. Pasados los años, lo único que podría recordar de la película sería uno de sus puntos álgidos: un flashback en el que unos humanos ciegan la madriguera de la que venían los protagonistas, y casi todos los que estaban dentro mueren de un modo horrible.
Pasaron las décadas sin que yo me acordara muy bien de qué iba el filme, hasta que leyendo una crítica de Scott "El Santo" Ashlin sobre la película basada en Sheena de la Jungla me di de bruces con una referencia a la participación de uno de sus actores en (y cito textualmente) "Watership Down, la más siniestra, terrorífica y deprimente película de dibujos animados sobre conejos jamás hecha". ¿Podía ser esa película aquel viejo y sabroso semi-trauma infantil que yo conocía por el nombre de Orejas Largas?
Podía, podía. De hecho, al buscar en Internet pistas sobre la película, me encontré con que estaba basada en una curiosa novela de un tal Richard Adams, que había creado un universo para sus conejitos que incluía un lenguaje propio y una serie de mitos y leyendas. Pero lo que importaba es que yo ya sabía cuál era la película, y que sabiendo el nombre ya tenía medios para hacerme con ella.
Cuando por fin la tuve en mis manos, dio la casualidad de que fui llamado a participar en un curso de tres meses del CECO para optar a una beca del Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX). Durante ese tiempo (en el que no logré la beca, pero lo pasé bien de todos modos), mi más fiel compañía fue un MP4 en el que, por problemas con el cableado de conexión al PC, sólo había podido meter comprimida Watership Down. La vi repetidas veces, incluyendo una mientras esperaba en la cola para hacerme el pasaporte por si me mandaban al extranjero.
Desde entonces me han pasado muchas cosas. Estuve dos meses de becario en Ibiza, abrí este blog, repartí periódicos por Santander, vine a Ciudad Real a trabajar en una tele, me echaron, y entré a trabajar en un periódico. Pero en ningún momento he olvidado a esa valiente banda de conejos que me mantuvo entretenido en los momentos duros de mi breve vida madrileña. Y ahora, desde aquí, les hago mi más sincero homenaje.
A la búsqueda de la tierra prometida
El campo se está llenando... ¿de sangre?
¿Cuál es la mejor manera de comenzar una película sobre unos conejos con su propia lengua, cultura y leyendas? ¡Contando su mito de la creación, cómo no! En un estilo de animación marcadamente distinto del resto de la película, el prólogo nos relata la leyenda de cómo Frith, el Dios Sol, creó el mundo, haciendo a todos los animales herbívoros; de cómo El-ahrairah, Príncipe de los Conejos, dejó que su pueblo creciera demasiado; de cómo Frith, al negarse El-ahrairah a controlar a su gente, concedió dones a todos los animales, e inculcó a algunos de ellos el fiero deseo de cazar a los conejos; y de cómo al final concedió a El-ahrairah las habilidades que les permitirían sobrevivir a esa persecución.
Tras unos créditos iniciales que, a grosso modo, reproducen a la inversa el camino que los héroes tendrán que hacer, el filme nos mete en la vida de Hazel (John Hurt, que un año después sería la primera víctima de Alien), un conejo de espíritu rebelde, y Fiver (Richard Briers), su asustadizo hermano pequeño. Los dos están teniendo una tarde normal y corriente, buscando brotes tiernos que no hayan sido reclamados por los matones del Owsla (la guardia de la madriguera), cuando Fiver topa con una colilla a medio apagar... y descubrimos en ese momento dos cosas: que el hermanito de Hazel tiene poderes de clarividencia, y que algo muy malo va a pasar en su madriguera.
Alarmado por el ataque de histeria de su hermano pequeño, Hazel accede a llevarle a un reunión con el jefe de la madriguera. Convencer a Bigwig (Michael Graham-Cox) de que les deje entrar es sencillo: a Hazel le basta con recordarle que es la primera vez que tiene algo que decir al jefe para convencerle de que la visita tiene un motivo urgente. Otra cosa es hacerle ver al jefe que el peligro es real: como es lógico, al anciano líder de la madriguera no le impresionan demasiado esas historias de visiones apocalípticas indeterminadas.
A quienes sí les ha impresionado (más que nada porque Fiver fue todo el camino gritando sobre el peligro que acechaba a la madriguera) es a algunos de los que viven allí, y con los que Hazel urde un plan de huida esa misma noche. La fuga tiene un éxito parcial: sólo ocho conejos logran escapar a la emboscada del Owsla, e incluso ellos resultan detenidos por el capitán de la guardia, Holly (John Bennett), siendo sólo salvados por la inesperada unión de Bigwig al grupo de fugados. Y por cierto, que durante la fuga podemos ver un enorme cartel que anuncia una próxima construcción de pisos en esa zona, lo que nos confirma que los peores temores de Fiver son ciertos.
A partir de ese momento, a la banda de conejos que encabeza Hazel les espera un largo, largo viaje en busca de un lugar donde rehacer sus vidas; un viaje en el que tendrán que lidiar con depredadores y hasta enfrentarse con otros de su propia especie para alcanzar su tierra prometida en la colina de Watership y defender su derecho a vivir en ella.
Mantengan sus pañuelos a mano, por favor
Alguien debería decirles que el pressing catch es de mentiras.
Resulta poco menos que increíble que la animación para adultos no terminara de despegar en Occidente como lo hizo en Japón, sobre todo viendo obras como Watership Down. Con un casting de primeras figuras de la actuación de Gran Bretaña, una calidad de animación impresionante para la época, y una historia oscura, dramática y con temas adultos, ¿cómo cojones es que todavía hoy existe gente que asocia "dibujos animados" con "niños"? Lo más posible es que sea porque la gente, simple y llanamente, es subnormal.
Y no os equivoquéis, Watership Down no es precisamente para niños. En esta película, la muerte se muestra de una manera clara, aunque no siempre explícita, y escenas como la de los conejos atrapados en la madriguera taponada por los humanos, o la violencia con la que castigan a los disidentes los villanos de la última parte de la historia, son de las que pueden dar campo abonado a noches y más noches de horribles pesadillas. Sin contar que el dramatismo general de la historia puede hacer que los más pequeños lloren como magdalenas, y que es muy posible que no pillen ni la cuarta parte de los temas que se tocan en ella.
Porque ese es otro de los puntos fuertes de la película: sus temas. Watership Down es al mismo tiempo una historia de éxodo como la de los judíos en la Biblia, una fábula ecológica, y una metáfora sobre la Segunda Guerra Mundial; de hecho, el primer asentamiento de conejos que encuentran Hazel y su banda parece ser que fue concebido por Adams como una metáfora crítica de la actitud de Neville Chamberlain ante Hitler (aunque dudo que Chamberlain fue tan insufriblemente afectado y pedante como el capullo de Cowslip, el conejo que trata con Hazel y compañía en nombre de esa madriguera), y el segundo es una clara versión conejil de un régimen fascista. No es de extrañar que Stephen King comparara la obra original a El Señor de los Anillos en Mientras escribo.
Si hay que achacarle un fallo al filme es que, en su búsqueda de la lágrima del espectador, tiende a pasarse de la raya. Esto resulta muy claro en su, por otra parte, maravillosa banda sonora, que en bastantes momentos suena excesivamente edulcorada; sobre todo en una de las escenas más tristes de todo el metraje, a la que pone fondo musical un tema de Art Garfunkel compuesto por Mike Batt e inspirado originalmente en la muerte por cáncer del padre de este último (toma sobredosis de sentimentalismo).
Advertencia: este tema puede provocar llorera incontrolable.
El manejo de la música se podría decir que es un éxito a medias, porque resulta eficaz en su intento de activar nuestros lacrimales a pesar de ser una descarada manipulación emocional. Por contra, el guión comete un fallo garrafal al introducir un personaje, Violet, que es la única coneja que logra huir con Hazel, que tiene sólo dos líneas de diálogo en toda la película, y cuyo único propósito en la historia es morir a manos de un ave rapaz. Vale, señor director y señor guionista: el mundo es peligroso y hostil para unos conejos sin madriguera, pero ¿pretenden que lloremos por un personaje que es un claro camisa roja?
Algo parecido se puede decir de la subtrama relacionada con los conejos de un granja cercana a la colina de Watership, que en la novela sí que tenía razón de ser, pero en la película acaba resultando más bien una excusa para que los protagonistas se pongan en peligro y para dar pie a la inclusión de la canción antes mencionada.
Pero si podéis perdonar todo esa burdo, y sólo a ratos efectivo, intento de tocarnos la fibra sensible, Watership Down es una película muy recomendable para los que no os avergoncéis de ver dibujos animados, y un argumento de peso a favor de la animación como medio para contar historias adultas.