sábado, 13 de junio de 2009

Las tres caras del miedo: viaje a la era dorada del terror italiano

En estos últimos meses estoy siendo de todo, menos prolífico. Buena parte de culpa la tiene mi trabajo, pero tampoco hay que despreciar la terrible aportación de mi reintegración en la humanidad activamente rolera, mis diversas lecturas actuales, y mi natural pereza. Y la entrada que tendría que hacer este fin de semana, por desgracia, también llegará con retraso, dado que dentro de unas horas haré otro de mis viajes a la Madre Patria para ver a mi familia y retomar la dura, pero necesaria, tarea de malcriar a mis sobrinos. A ver si hablándoos de uno de los filmes del que, posiblemente, sea el gran maestro del fantástico italiano os puedo aliviar la espera.

Bava, pintor macabro en celuloide

No, esos apellidos no pertenecen a quien pensáis. Bueno, a lo mejor el de Maupassant, pero sólo tiene un poquitillo que ver en la segunda historia.

En los años 60 también existía la publicidad engañosa.

Ser italiano nunca ha sido fácil, y menos aún en la actualidad. Teniendo no una, no dos, sino tres grandes organizaciones criminales distintas nativas del país; un gobierno presidido por un repulsivamente egocéntrico y estúpido machista, que manda con el apoyo de un vomitivo partido de ricos racistas y egoístas; y una sociedad dominada por la mentalidad carcatólica, capaz de calificar de “aberración” el matrimonio homosexual mientras disculpa asesinatos de una mujer por su marido con el estomagante razonamiento de que “la amaba demasiado”, suena en estos momentos como la más salvaje de mis pesadillas. Por lo menos sé que, si fuera italiano, no iba a ver la hora de emigrar a cualquier otro país y negar ante cualquiera de mis conocidos que yo proviniera de la que una vez fue la segunda cuna de la civilización occidental y centro bulliente del Renacimiento.

¿Y en los años 50 y 60, qué tal era? Pues bien mirado, igual de mierdera, pero se notaba menos. La Democracia Cristiana gobernaba pagando bajo cuerda a sus amiguitos de la mafia, lo que los carcacuras decían desde el púlpito era el equivalente a un uso exitoso de Dominación 2, los comunistas hacían lo que podían para despertar las conciencias mientras ignoraban (inconsciente o activamente, según el caso) las monstruosidades que ocurrían tras el telón de acero… Ah, y el cine que hacían era cojonudo, sobre todo el de terror.

Buena parte de la culpa la tenía Mario Bava, hijo del escultor, cámara y pionero de los efectos visuales Eugenio Bava. Inicialmente pintor por vocación, la falta de éxito de las ventas de sus cuadros le llevaron a echar una mano en el negocio paterno; un destino como el de tantos de nosotros, salvo porque ese negocio familiar era el del cine. Allí aprendió el oficio de cinematógrafo, al que con el paso de los años y una carrera cada vez más brillante y dilatada iría añadiendo los de director y guionista.

Y aquí Doña Pitu se va a enfurecer y a gritar ¡INTRUSO!, me temo. No sin razón, supongo.

Para qué le vamos a tener miedo a los vampiros y fantasmas, cuando cruzar este puente tiene más peligro que ser doncella en Transilvania.

Ya podría el Ayuntamiento hacernos un puente nuevo un día de estos.

Este último oficio lo puso en práctica por primera vez con La máscara del demonio, una de sus grandes obras maestras, basada en El viyi de Nikolai Gogol. El filme, que versaba sobre la reencarnación de la terrible bruja Anibas en una inocente joven interpretada por Bárbara Steele, convirtió a esta en la gran musa del fantaterrorífico italiano, y a su creador en el indiscutible maestro del terror de la Península itálica. Desde entonces hasta su muerte en 1980, Bava tuvo tiempo de inventar el giallo con La muchacha que sabía demasiado y Seis mujeres para el asesino, convertirse en uno de los mentores de Darío Argento y aterrorizar a millones de espectadores en todo el mundo.

Una de las grandes aportaciones de Bava al género fue el uso del color para crear atmósfera en sus filmes, iluminando la escena con espectaculares luces artificiales que lo volvían todo más irreal y terrible, en una clara aplicación de su vocación original. Igualmente notable fue su maestría en el uso de los trucos de cámara para simular, por ejemplo, que un prado con cuatro arbustejos pelados era un ominoso bosque (Bahía de sangre), o que un plató con un decorado de rocas era cada una de las múltiples galerías de un reino subterráneo (Hércules en el centro de la Tierra).

El legado de Bava fue amplio, alcanzando con su influencia a lo mejor (y peor) del género en su país, y contagiando a su vez a no pocos cineastas extranjeros. Incluso la crítica más ajena al terror y el fantástico, o cineastas como Martin Scorsese, han alabado su buen hacer detrás de las cámaras. A nadie le extrañará entonces que el señor Bava tenga un pequeño sitio reservado en este, nuestro blog.

Déjenme que les cuente tres historias

Y no hace falta decirlo, pero molo diez millones de veces más que Fríker Jiménez.

Bienvenidos a la nave del canguelo. Soy Boris Karloff.

De la mano del afablemente siniestro Boris Karloff (hay otros monstruos de Frankenstein, pero no son como él), el filme nos adentra es tres cuentos del terror y lo sobrenatural, basados en otras tantas historias de laureados escritores de la literatura mundial… o eso nos quieren hacer creer los créditos iniciales.

Como me vuelva a llamar de nuevo, me pongo en contacto con la oficina del consumidor. Y ahí sí que se va usted a cagar.

¿Que si quiero cambiarme a Ono? ¿Pero no le dije las últimas cinco veces que “no, gracias”?

El teléfono: basada en un relato de Guy de Maupassant (o eso dice la peli, porque Imdb asegura que es de un tal F. G. Snyder). La joven Rosy (Michele Mercier) vuelve a su lujoso apartamento y se prepara para dormir, pero se ve molestada por una serie de llamadas de teléfono. Al principio, su interlocutor no dice palabra, pero a la tercera vez empieza a amenazarla en un tono propio de amante despechado y todavía obsesionado. Eso ya es lo bastante intranquilizador para cualquiera; lo realmente terrorífico es que, con cada llamada, el siniestro acosador deja caer detalles que sugieren que está observando cada movimiento que la muchacha hace. Finalmente desbordada por el miedo, Rosy acaba tomando una decisión drástica: volver a ponerse en contacto con su vieja amiga Mary (Lidia Alfonsi), a la que juró no volver a ver nunca más, para pedirle ayuda…

Pero no importaba, porque él todavía era capaz de thrashear como el que más; es decir, como él mismo.

La vejez no estaba siendo amable con Lemmy Kilminster.

Los wurdalak: basada en una novela corta de Alexei Tolstoi (primo del autor de Guerra y paz). En la Rusia decimonónica, el joven noble Vladimir d’Urfe (Mark Damon) viaja a caballo hacia la ciudad de Gersy cuando se encuentra a la orilla del río un cadáver decapitado, con una daga atravesándole el corazón. Sirviéndose del caballo del difunto, D’Urfe continúa el camino llevando al muerto hasta llegar, ya caída la noche, a una casa donde resulta vivir el dueño del puñal. Él no está, pero sí sus hijos Giorgio (Glauco Onorato) y Pietro (Massimo Righi), así como la esposa de Pietro, Maria (Rika Dialina), el hijo de ambos, Ivan, y la hermana de Girogio y Pietro, Sdenka (Susy Andersen). Nada más ver que Vladimir ha traído el cadáver en el que estaba clavada el arma, Pietro vuelve a atravesar su corazón, explicando al noble que la víctima era un cruel bandido turco llamado Alibeq, del que los habitantes de la región sospechaban que era un wurdalak, una especie de vampiro. El patriarca de la familia, Gorka (Boris Karloff, ¿u os pensábais que Bava le iba a desaprovechar limitándose a concederle el papel de maestro de ceremonias?), salió a buscar y matar a Alibeq hace casi cinco días exactos, advirtiendo a su familia que no le dejasen entrar si volvía más allá de esa fecha, puesto que en ese caso sería un signo de que se habrías convertido él mismo en un wurdalak. ¿Y a que no sabéis quién cruza el puente que lleva a la casa nada más sonar las campanadas de medianoche?

¿Pero me escuchó alguna vez? Claaaro que no. ¡Total, lo decía la criada, que es tonta y no sabe lo que es la cirugía estética! Hay que joderse, con perdón.

Yo ya le dije a la condesa que tantos estiramientos faciales no traerían nada bueno.

La gota de agua: basada en un relato de Ivan Chejov (¿algún familiar del autor de Tío Vania?). Una enfermera, Miss Chester (Jacqueline Pierreux), recibe una llamada en medio de la noche para ocuparse de una recién fallecida. Se trata de una condesa que era demasiado aficionada al espiritismo, y su doncella (Milly Monti) está demasiado asustada para ocuparse de cambiarle la ropa para el funeral ella sola. Cuando entra en el dormitorio donde yace la muerta, dos cosas llaman la atención de la enfermera: el espantoso rictus que luce la víctima, y el impresionante anillo que exhibe en su mano izquierda. La codicia de Miss Chester la conduce a robar el anillo aprovechando una ausencia de la sirvienta, sin sospechar que va a aprender de primera mano lo insensato que es robar algo a un muerto que en vida se llevaba bien con el Otro Lado.

Terror para gente con poca paciencia

Y como me vuelva a llamar, me pongo en contacto con la chica de la primera historia y le metemos una demanda conjunta por acoso telefónico, y ahí sí que se va a cagar usted.

Que no, que yo tampoco quiero hacerme de Ono.

En general, me gustan las películas de terror que consisten en varios episodios distintos dentro de un mismo metraje, o antologías, que sobre todo las productoras Hammer y Amicus gustaban crear allá por los 60 y 70. Lo mejor que tiene, sin duda, es que al constar de episodios cortos ofrecen más variedad que un largometraje, además de ofrecer un relato más compacto y, por tanto, más sólido. Además, si una de las historias flojea, queda la esperanza de que la siguiente nos guste más. ¡Ojo! que eso no quiere decir que las historias de Las tres caras del miedo sean flojas: simplemente, algunas están mejor que otras.

La que abre la película es sin duda la más convencional de todas, salvo por el ingenioso doble giro inesperado que da la trama y que culmina en una muerte kármica e irónica para uno de los personajes. La inventiva visual de la que normalmente hace gala bava está aquí mucho más comedida: su cámara se limita a rodar con detalle el lujoso apartamento de Rosy, con algo más de atención al teléfono que es fuente del miedo, habitual figurante en los gialli. La música, que en este episodio oscila entre jazzística y melodramática, resulta un poco irregular a veces, sin encajar del todo en lo que es una trama de misterio y terror. Un episodio sin grandes alardes, pero que cumple, en pocas palabras.

El segundo capítulo es considerado por muchos el mejor de todos, pero no seré yo el que lo corrobore. Es verdad que aquí el director tiene oportunidad de soltarse más el pelo y emplear sus fabulosas luces de colores, nieblas misteriosas, trucos de cámara y decorados para generar una atmósfera adecuada a esta historia de vampiros; es verdad que Boris Karloff está excelente como el anciano Gorka, oscilando entre la amabilidad afectuosa y la rabia homicida como si tomara un vaso de agua; y es verdad que, en el fondo, late un sombrío mensaje sobre el carácter opresivo y (auto)destructivo de la familia patriarcal. Lo que pasa es que me resulta harto difícil simpatizar con unos personajes a los que, básicamente, les vampirizan por COMPORTARSE COMO PUTOS IMBÉCILES. La gran tragedia del relato es la incapacidad de la familia de cumplir la orden previa de Gorka cuando este vuelve después del plazo que él mismo le indicó, pese a mostrar sutiles pero claros signos de haberse convertido en wurdalak; pero lo que trata de ser una representación de cómo el afecto a veces nos impide hacer lo correcto hasta para sobrevivir acaba resultando, más bien, una representación de cómo el afecto puede convertirnos en unos puñeteros oligofrénicos a los que nadie se extraña de ver palmar como animales. Ah, y la curiosa alternancia en algunos momentos de planos claramente diurnos con otros descaradamente nocturnos (hay una especialmente flagrante al final) tampoco es que me guste mucho.

Mi favorito, sin duda, es el tercer capítulo, en parte porque Bava desata toda su paleta cromática y en parte porque, a pesar de que en estos tiempos el cadáver de la condesa no da demasiado el pego, la historia logró darme verdadero miedo cuando la vi por primera vez. Aún hoy, al repetir el visionado, siento un escalofrío recorrer mi espina dorsal cuando llega el final de la historia.

Las tres caras del miedo es, en suma, un filme muy recomendable para los que tengan querencia por el fantástico italiano o, simplemente, disfruten con las películas compuestas de varias historias independientes. Y además, tiene a un Boris Karloff encantadoramente burlón y macabro en el inicio y el (descojonante) final. “¡Nos convertiremos en amigos!”, dice a modo de despedida: “Vaya que sí”, respondo yo desde la humildad de mi cuartucho.

Si la familia de Gorka cayó con semejante facilidad ante un puñetero wurdalak, no quiero ni imaginarme cómo hubieran acabado de ir de vacaciones a Crystal Lake.

miércoles, 3 de junio de 2009

Trilby’s Notes: mucho más terrible de lo que imaginabas

Con los retrasos que llevo teniendo en las últimas semanas, os confieso que estoy considerando seriamente cambiar la periodicidad de este blog a una vez cada dos semanas. De ello tiene bastante culpa el que por fin haya establecido un grupo con el que jugar al rol de manera regular. Sí, ayer estuve dirigiéndoles a Ánima: Beyond Fantasy en vez de cumplir con mi deber en esta cabecera, pero no pasa nada: aquí estoy ya para compensar el lapso, y lo hago volviendo a la saga de aventuras gráficas amateur creadas por Ben “Yahtzee” Croshaw en torno al ídolo maldito de los DeFoe, que dejé colgada en su segunda parte allá por el mes de enero.

Las raíces profundas de la maldición

El cabrón del Fabra saca en un mes lo que yo en un año de golpes de los buenos.

Sólo a mí se me ocurre dedicarme al latrocinio en lugar de a la política.

Han pasado tres años desde que el ladrón de guante blanco Trilby escapara junto a Simone Taylor y Jim Fowler del interior de la maléfica mansión de los DeFoe, derrotando al espíritu vengativo del deforme hijo secreto del patriarca de la familia. En ese tiempo, lejos de sobreponerse al horror y seguir con sus vidas, todos los personajes han padecido las secuelas: la reportera Taylor dejó el trabajo tras caer en el alcoholismo, el joven estudiante Jim fue expulsado por su prolongada ausencia de las clases, y Trilby… digamos que se volvió menos cuidadoso y acabó siendo capturado. Para el ladrón, no obstante, esto resultó ser una segunda oportunidad, pues sus correrías habían atraído la atención de un departamento secreto del Gobierno británico, el Ministerio del Ocultismo, dedicado a catalogar y contener las amenazas sobrenaturales al país. Trilby se convirtió así en uno de los operativos de la División de Talentos Especiales (Special Talent Project, o STP).

Durante un año y medio, Trilby se comportó como un investigador modélico de la misteriosa agencia gubernamental, estableciendo contactos y forjándose una reputación a medida que investigaba los diversos casos que le asignaban. Sin embargo, las pesadillas sobre la mansión DeFoe y lo que vivió en ella, incluyendo su posesión por el espíritu de John DeFoe, nunca le abandonaron, como tampoco pudo evitar mantener su preocupación por sus antaño compañeros de encierro. De modo que el verano de 1997, tras tener noticia de que Simone Taylor se había encerrado en sí misma hasta convertirse en una aislada social, decidió ir a verla; a pesar de que sin duda ella estaría furiosa con él por hacerle creer que había muerto, Trilby no tenía duda de que su presencia le ayudaría a recuperar un poco de la estabilidad mental perdida.

Lástima que Trilby llegara demasiado tarde para hacerle algún bien. En la tormentosa noche de su visita, el ex ladrón acaba forzando la entrada del apartamento de Simone tras no recibir respuesta a sus llamadas a la puerta, para encontrar a la reportera muerta en medio de un charco de sangre, con un enorme corte en el torso. Las peores pesadillas de Trilby se hacen realidad cuando los investigadores del Ministerio le informan, una semana más tarde, de que el asesinato puede tener que ver con el ídolo maldito de los DeFoe, que al parecer fue saqueado de entre las ruinas y vendido a una casa de empeños.

Él es el Hombre Alto, el Príncipe, y os enseñará el nombre del Rey... grabado a sangre y fuego sobre vuestra piel.

Permitidme que os lo presente: es un caballero poderoso y con buen gusto.

Siguiendo el rastro, Trilby acaba llegando al hotel Clanbronwyn, situado en la isla del mismo nombre. Allí el profesor Abed Chahal (¿de qué me suena ese nombre?) pretende subastar el ídolo, que compró en la casa de empeños, junto a un variado conjunto de antigüedades. El plan del ladrón es simple: hacerse pasar por un intermediario a las órdenes de un coleccionista excéntrico, insinuarse en el entorno de Chahal haciéndole creer que se conocieron en una subasta anterior, y a partir de ahí echarle el guante al ídolo.

Claro que este plan no incluye algunos factores inesperados. El primero de ellos es otro oficial del Ministerio del Ocultismo, Lenkmann, que viene a conducir su propia investigación sobre la materia y sugiere que su presencia en el lugar tiene que ver con la desconfianza que Trilby todavía engendra en sus superiores. El segundo lo experimenta nuestro héroe al poco de conocer a Chahal y a su ayudante Siobhan, cuando el hotel a su alrededor se transforma en una especie de horrenda versión alternativa al más puro estilo Silent Hill, de la que sólo logra salir reduciendo su ansiedad mediante unos tranquilizantes que Lenkmann le hace llegar. Y el tercero es la presencia de un cuadro familiar en el vestíbulo del establecimiento, a cuyo contacto Trilby experimenta el primero de una larga serie de flashbacks a siglos pretéritos; flashbacks que le permiten ir descubriendo, paso a paso, que detrás de la pesadilla que vivió en la mansión DeFoe hay muchísimo más que el mero espíritu vengativo de un niño deforme…

Verbo-objeto, combinación ¿ganadora?

A mí me da que nunca llegaré a averiguarlo; antes me pillará el decorador de interiores de este sitio y me incorporará al diseño del lugar.

Si no hubiera llamado gorda a la recepcionista, ¿me hubieran dado una habitación mejor?

Tal vez es que las dos primeras partes de Los mitos de Chzo le parecieron demasiado similares a Yahtzee, pero el caso es que para este título le dio un buen cambiazo al interfaz: en lugar de mover a nuestro personaje e interactuar con el entorno, aquí empleamos el teclado. Con las flechas de cursor movemos a Trilby, y con el resto tecleamos las acciones que queremos que lleve a cabo, empleando el viejo formato de “verbo+objeto sobre el que queremos actuar” al estilo de las aventuras conversacionales que tanto se llevaban en los compatibles allá por los 80. Lo sorprendente es que, pese a mis aprensiones iniciales, funciona muy bien; a poco que uno conozca de inglés, eso sí. Sólo hubo un par de veces en las que tuve que consultar una guía online por no tener claro qué verbo debía emplear cuando quería realizar una acción concreta, y eso fue más culpa de mi obtusez y falta de vocabulario (y observación) que del juego en sí. Es verdad que el control de movimiento es un poco cargante, pues Trilby se mueve por si solo a la primera pulsación y se detiene a la segunda (lo que lleva a no pocas pérdidas de control), pero el resto funciona bien. Además los cambios de realidad que sufre el hotel son aprovechados por Yahtzee para plantear algunos puzzles bastante ingeniosos, como el de la entrada a la habitación donde Chahal guarda sus antigüedades.

Pero donde más triunfa Trilby’s Notes es en su ambientación e historia, que dan mucha más profundidad a lo que hasta entonces era una saga de claro homenaje a todos los filmes slasher que en este mundo han sido. Si el cambiante hotel está basado en Silent Hill, la progresiva explicación de los orígenes del ídolo y de esta perturbación de la realidad bebe sin (innecesario) pudor de las fuentes de Lovecraft, aquel hombre que demostró que se puede ser un genio literario a pesar de ser un pobre memo racista (y que inspiró a su vez la saga de Konami). Si los dos primeros juegos de la saga generaban inquietud y, con suerte, algún que otro susto aislado, el tercer capítulo tiene unos cuantos momentos de los que se quedan en los rincones tenebrosos de vuestra memoria tiempo después de apagar el juego.

De esa exitosa sensación de miedo tiene mucha culpa la música, obra de Mark Lovegrove, que captura bien la sensación de extrañeza y mal rollo del hotel alternativo y dota de adecuado dramatismo a los flashbacks que Trilby vive durante la investigación del origen del ídolo de madera. El tema favorito de muchos (y casi que yo me voy a incluir entre ellos) es el que acompaña las apariciones del icónico villano central de la historia, el Hombre Alto, con acordes enérgicos y amenazadores que refuerzan las atrocidades que le vemos cometer.

Eso sí, tiene un pero: además de los momentos en los que puede ser difícil saber qué acción debemos escribir para hacer lo que queremos, la manera de salir airosos en la última parte del juego es llevar a cabo una acción que, en un principio, no se presenta como una opción lógica a nuestro alcance, y que yo tuve que averiguar (otra vez) mediante una visita a una guía online del juego.

Si no os da miedo este punto negro del juego, no os da miedo el inglés, y queréis pasar miedo con una buena historia, podéis bajarlo aquí. Disfrutadlo, y recordad: ¡ya sólo nos queda un título para completar esta saga!

Y desde luego que el juego acaba con un cliffhanger. ¿Cómo no iba a hacerlo?

domingo, 31 de mayo de 2009

Compensación

Dado que, una vez más, la crítica de este semana llega con retraso (estoy ocupado con asuntos roleros diversos: sarna con gusto no pica, yatusábeh), os dejo matando el tiempo con algo que LittleKuriboh cocinó antes de tomarse un descansito de unas semanas: una crítica de X-Men Orígenes: Lobezno que suma bastante aproximadamente mi opinión sobre este filme tras verlo hace unas semanas junto a Doña Pitu.

Lo mejor, la comparación entre Pseudo-Masacre y Baraka del Mortal Kombat. A otros posiblemente les moleste la cuchillada final que le pega a Dollhouse y a Joss Whedon, y no sin razón, pero el resto del vídeo vale la pena.

domingo, 24 de mayo de 2009

Wanted: ¿Qué has hecho con tu vida últimamente?

Paso el ecuador de mayo con la esperanza de conseguir no uno, sino dos grupos para jugar al rol (a ver de dónde saco tiempo para crearles historias), y con una película que últimamente tenía ganas de despachar: la adaptación de un cómic del enfant terrible y grandísimo gilipollas Mark Millar, dirigida por el magnífico chalado ruso que nos dio Guardianes de la noche, Timur Bekmambetov.

Cuando acabaron con los héroes

Y con una habilidad sobrehumana para disparar justo en la trayectoria de la bala, por supuesto.

¿Cómo paras una bala? Con otra bala, desde luego.

Siendo pequeño, Mark Millar escuchó de su hermano mayor una fascinante historia: los superhéroes habían existido en el mundo real en otro tiempo, pero los supervillanos habían acabado por vencerles y borrarles del mapa, convirtiendo el mundo en la mierda que es en la actualidad. Cuando creció y se convirtió en guionista de cómics, Millar tiró de esa idea, mezclándola con un pitch que había ofrecido a DC sobre la Secret Society of Supervillains, para crear junto al dibujante J.G. Jones la novela gráfica Wanted.

El cómic contaba la historia de Wesley Gibson, un apocado perdedor, atrapado en un trabajo aburrido, tiranizado por una jefa abusiva y emparejado con una mujer que no hace más que ponerle los cuernos… hasta que un día una extraña mujer le revela que es el descendiente de El Asesino, un supervillano integrante de una secreta cábala conocida como La Fraternidad, que acabó hace años con todos los superhéroes y ahora domina el mundo desde las sombras. Escéptico al principio, el protagonista acaba por asumir el legado de su padre, convirtiéndose progresivamente en un monstruo depravado y teniendo que enfrentarse a un miembro de la Fraternidad aún peor que él cuando éste decide hacerse con el control del grupo para dominar el planeta a cara descubierta. Wanted lograba ser, al mismo tiempo, una acertada deconstrucción de la figura del supervillano (que si es tan admirada por adolescentes malotes, sugiere Millar, es precisamente porque no son más que adolescentes malotes con superpoderes y sin un padre que les inculque un sentido de la moralidad), y una muestra de desprecio hacia su audiencia, hasta el punto de que el epílogo de la historia consistía en un sermón de Wesley sobre lo patéticos que somos los frikis que leemos cómics.

Visto que, años después, Millar dijo que los que jugamos a videojuegos somos unos pederastas y luego publicó unas disculpas tan sinceras como una declaración de inocencia del repulsivo Carlos Fabra, el final ya no me sorprende ni me cabrea tanto como antes. Simple y llanamente, el tío es un perfecto gilipollas.

El caso es que la historia atrajo el interés de Hollywood, pero había un pequeño problema: filmarla tal y como salía en las páginas originales, con un porrón de supervillanos disfrazados y con parodias tan excesivas como un Clayface hecho de mierda, un Ventrílocuo cuya personalidad malvada está en su pene y muchas más ideas delirantes (que de seguro le parecieron a Millar mucho más ingeniosas de lo que resultaron ser en la práctica), era imposible. Así que lo que hicieron fue coger la idea básica, dejarla en manos de tres guionistas (Michael Brandt, Derek Haas y Chris Morgan), reclutar para dirigirla al émulo ruso de los Wachowski y bastardizar la historia hasta convertirla en una especie de Matrix con decenas de tipos con los poderes del Asesino.

¿Y sabéis que? Que, contra todo pronóstico, les salió superior al original.

Cada día es el mismo… pero eso va a cambiar ahora

Por eso me va de perilla usar un telescopio en lugar de una mira normal.

Me llamo Wesley. Mis hobbies son la astronomía y disparar a capullos a larga distancia.

Olvidad el estúpido prólogo escrito que abre la película, y que apesta claramente a añadido de última hora de los productores con miedo a que el espectador no entendiera la sencilla explicación de los orígenes de la Fraternidad una vez esta entra en escena: para lo que nos interesa, nuestra historia comienza con Wesley Gibson (James McAvoy), un pusilánime gestor de cuentas cuya vida da migraña de lo patética que es. Su jefa compensa los complejos e inseguridades derivados de su sobrepeso abusando psicológicamente de él, su novia le pone los cuernos descaradamente con su supuesto mejor amigo (y compañero de trabajo), y sufre constantes ataques de angustia que tiene que calmar tomándose ansiolíticos. ¿Puede tener algo que ver con la marcha de su padre del hogar familiar cuando Wesley tenía tan sólo siete días?

Pues no lo sé, pero el mismo día que conocemos a Wesley ocurre algo que tiene más que ver con él de lo que nadie sospecha: el complejo asesinato de un hombre de negocios que resulta tener una fuerza y velocidad sobrenaturales. Un grupo de francotiradores intenta apiolarle mientras está en su oficina, logrando sólo que el tipo salte a la azotea desde donde le atacan y acabe con todos ellos… para ser a su vez eliminado, previa conversación telefónica de despedida (y mofa), por Cross (Thomas Kretschmann, el villano de El arte de matar y Blade II), otro superhombre capaz de disparar a alguien desde la otra punta de la ciudad usando un telescopio como mirilla.

Las consecuencias de este suceso alcanzan a Wesley mientras compra sus píldoras en su farmacia habitual. Allí recibe la visita de Fox (Angelina Jolie), quien le informa de que su padre (el superhombre con traje de negocios al que Cross eliminó) ha muerto, y de que él es heredero de su legado, además de salvarle de las atenciones de su asesino en una infartante persecución a través de un supermercado y por las calles de la ciudad… durante la cual Wesley no hace otra cosa que chillar de terror cada cinco segundos.

Pero eso no es nada comparado con lo que le pasa al llegar al misterioso escondite de Fox. Allí conoce al líder de la Fraternidad, Sloan (Morgan Freeman), quien le explica que sus ataques de ansiedad eran un signo subconsciente de sus habilidades especiales. Cuando Wesley no le cree, Sloan le entrega la pistola que perteneció a su padre y le ordena que vuele las alas a una mosca; nuestro (anti)héroe reacciona con lógica incredulidad ante esta disparatada petición hasta que otro de los integrantes del grupo, el Armero (Common, rapero ya visto en Ases calientes y al que pronto volveremos a ver en Terminator:Salvation), le pone una pistola en la cabeza y le da tres segundos para realizar la imposible hazaña o morir con sus sesos desparramados. A nadie excepto al propio Wesley le sorprende que acabe siendo capaz de hacerlo (más que nada porque, de lo contrario, tendríamos una peli muy corta, pero esa es otra historia), y Sloan deja irse al aterrorizado joven, indicándole que la decisión final de entrar o no en la Fraternidad y vengar a su padre está ahora en sus manos.

Hacer palabras con partes del cuerpo del adversario puntúa el triple

Scrabble Extremo: el nuevo juego de moda en EE. UU.

Cuando se despierta a la mañana siguiente en su hogar, Wesley rechaza lo ocurrido anoche como una simple pesadilla… hasta que descubre que todavía tiene un pequeño recuerdo: la pistola de su padre. Aterrado, la oculta en la cisterna de su WC y se marcha a trabajar, pero no puede concentrarse en sus tareas, y en lugar de eso empieza a buscar información sobre el tiroteo en el que murió su padre. En esas está cuando su jefa decide martirizarle un poco más… y Wesley estalle en la que es una de mis escenas favoritas de la película, echándole un sermón a la muy desgraciada y remodelando la cara de su traicionero amigo con un teclado. la decisión está tomada: Wesley se une a la Fraternidad, y al diablo con todo.

Y a partir de ahí, a nuestro (anti)héroe le toca aprender la historia de esta hermandad, fundada hace 1.000 años por unos tejedores que descubrieron un curioso artefacto, el Telar del Destino, que les enviaba mensajes en binario con órdenes del Destino sobre tipos malos a los que matar para proteger a toda la Humanidad (es mejor de lo que parece escrito así, lo juro); también le toca someterse a un maravilloso entrenamiento que incluye terapeúticas palizas a manos del Mecánico (Marc Warren) para acostumbrarse al dolor, entrenamiento de pelea a cuchillos con el Carnicero (Dato Bakhtadze), prácticas de tiro para aprender a disparar en trayectoria curva (cosa de usar el instinto, le dice Sloan a Wesley) y muchas más diversiones, culminando en un baño de cera y aguas curativas supervisado por el Exterminador (Konstantin Khabensky, el prota de Guardianes de la noche y Guardianes del día). Y si puede resistir lo suficiente este sano régimen de sufrimiento, tal vez llegue a ser un asesino de pleno derecho, y a vivir las suficientes misiones para enfrentarse a Cross y vengar a su padre.

¿A nadie le da la sensación de que alguien está ocultando datos a Wesley?

Tomando el control de tu propia vida

Por cieeelos e maaaares... con un pistolóooooooon...

E a tiiiiiii… io crujiréeeeeeeee…

No nos engañemos: el principal motivo para ver Wanted es gozarla bien gozada con las espectaculares escenas de acción que Timur Bekmambetov idea y sus compatriotas encargados de los efectos especiales realizan. Y la película no decepciona en ese aspecto: desde el asesinato que perpetra Cross al principio hasta el enfrentamiento final de Wesley contra el villano, todas las escenas de este tipo son un espectáculo de coches haciendo acrobacias, balas chocando unas contra otras, ralentizaciones de la acción que la hacen más épica si cabe y buen espectáculo en general; mención especial para la pelea definitiva entre Wesley y Cross, que incluye una emocionante lucha al borde de un precipicio en un tren descarrilado y, poco antes de eso, una memorable aproximación por parte de Fox al problema de aparcar el coche en un tren en movimiento.

Pero si Wanted sólo fuera una buena imitación de Matrix en sus escenas de acción, no cabe duda de que la película sería altamente apedreable: salvo algunas escenas del principio y la premisa inicial, todo ha sido cambiado respecto  al cómic original. La Fraternidad ha pasado a ser un grupo moralmente ambiguo de asesinos, Wesley es un antihéroe que evita siempre que puede los daños colaterales y tiene dudas sobre la moralidad de sus actos, y el sentido del final de la historia es diametralmente opuesto. ¿Por qué me gustó entonces?

Pues no sé… Oh, tal vez sea porque los aspectos que la adaptación cinematográfica cambia son, más o menos, los mismos por los que yo le destrozaría la tráquea con un bate de béisbol a Mark Millar, o los que convertirían el posible filme en un bodrio/pozo sin fondo de dinero infilmable. Si quitar todo el trasfondo supervillanesco abarata y quita potencial de ridículo al resultado final, los cambios referentes al protagonista le dan a la historia un hálito de humanidad que le hacía falta desesperadamente.

Venga, Renfe, ¡A VER CÓMO ME LO IMPIDES AHORA!

Yo dije que subía con mi coche en el tren, y voy a hacerlo.

El Wesley del cómic, citando palabras de uno de mis compañeros de piso, es un tío especialmente despreciable: una víctima de matones que, al descubrir que tiene poder, se convierte en el peor de ellos. O como yo digo, un tipo que parte de una mediocridad patética para alcanzar las más altas cotas de inmundicia moral. El de la película, sin embargo, es alguien que logra crecer de verdad como persona, aprovechando las lecciones que recibe de sus crueles mentores en la Fraternidad para despojarse de los miedos que le atenazaban y convertirse en el capitán del navío de su vida. y no sólo eso: si su versión comiquera dedicaba el epílogo a insultar a la audiencia que da de comer al imbécil de su creador, el Wesley fílmico les da un capón para decirles: “Eh, capullo, si un pringado como yo ha podido sobreponerse a sus miedos y recuperar el control de su vida, ¿A QUÉ COÑO ESPERAS TÚ PARA HACERLO?”

O lo que es lo mismo: Wanted es una típica, pero entrañable, historia de superación personal a través del aprendizaje de las artes del combate. Es como Dragon Ball o Naruto pero con pistolas. Es, en suma, más fiel al espíritu de Dragon Ball que su propia adaptación cinematográfica. Y no, nunca me cansaré de hacer chistes con ese engendro del celuloide.

James McAvoy logra estar muy adecuado y creíble como el oficinista apocado que Wesley es al principio y como el decidido (anti)héroe de acción en el que acaba convirtiéndose, y Angelina Jolie y Morgan Freeman le secundan bien como sus maestros. En cuanto a los demás, decir que Konstantin Khabensky resulta entrañablemente lunático en su papel de curandero de profesión y cazarratas de hobby, y Thomas Kretschmann cumple como el enigmático Cross.

De modo que, si os sentís decaídos una tarde ociosa, y queréis ver una peli palomitera que de paso os recuerde que vosotros podéis hacer frente a los capullos y abusones que os rodean, esta os puede servir muy bien. Y si el cómic original os irritó como a mí, sin duda os quitará ese regusto amargo.

Hay que añadir que en la peli se nota aún más la influencia de El club de la lucha en esta historia.

domingo, 10 de mayo de 2009

Hitman – Nombre en clave 47: del asesinato a sueldo como una de las Bellas Artes

¡Menuda semana estoy terminando hoy, bienamados lectores! Aprovechando un par de días libres a los que tenía derecho por haber trabajado hace dos fines de semana, me fui al I Encuentro de Sagas Fantásticas, organizado por la Universidad de Badajoz y con la colaboración de los chicos del Fénix. Tuve la oportunidad de escuchar algunos de los trucos del oficio de escribir de la mano de primeros espadas del género en nuestro país como Laura Gallego o Lucía González, o noveles como Javier Ruescas (quien, oh casualidad, es el webmaster de la página en español de Crepúsculo: ¡qué pequeño es el mundo :)); además conocí a unos cuantos ilustradores, como por ejemplo Enrique Jiménez Corominas (el que hace las cubiertas de Canción de hielo y fuego). En suma, toda una experiencia que (espero) me ayude a lanzarme a la arena literaria más en serio.

Pero lo primero es lo primero, que no os quiero dejar abandonados. Hoy os traigo el inicio de una saga que tiene menos de fantasía que de ciencia-ficción pulp, y menos de ciencia-ficción pulp que de thriller internacional. ¿Qué significa este acertijo malparido? Significa que hoy hablamos del asesino calvo más famoso de la historia del videojuego: el hombre conocido como 47. Pero antes, un poquito de especulación conspiranoica.

Por cierto, varias de las fotos de eta crítica pertenecen a GamersHell. El juego es un poco rebelde con el Fraps.

Del 13 al 47, o la ecuación del ejecutor

Está especialmente contraindicado en sicarios del crimen organizado que lo hacen en el mismo lugar por el que pasea un tipo calvo con un traje italiano.

Las autoridades sanitarias advierten: mear en la calle puede matar.

En 1969, el mangaka Takao Saito sorprendió a los lectores de Japón con un título dedicado a las siniestras aventuras de un enigmático y frío personaje: el asesino a sueldo Golgo 13, un hombre de hielo de pasado desconocido y capaz de eliminar a los objetivos más inalcanzables si la paga es lo bastante buena. Su aparente amoralidad se veía atemperada por el hecho de que sus objetivos solían ser criminales de alto standing, cuando no se trataba de monstruos irredimibles.

Pese a las dudas de Saito sobre la aceptación que tendría el personaje, este no tardó en convertirse en un favorito de los lectores adultos. El título, que todavía se publica, ha suscitado comparaciones con la obra de novelistas como John Le Carré o Frederick Forsyth, y es considerado como la obra maestra de su creador.

Por eso, cuando más de 30 años después de la primera aparición de este asesino en el papel, la joven compañía danesa Io Interactive sacó un primer título protagonizado por un enigmático y frío asesino calvo, capaz de eliminar a los objetivos más inalcanzables, estaba claro de dónde habían sacado su inspiración original. O mejor dicho, lo estaba para mí; en otros medios, incluyendo la Wikipedia, no es normal que alguien mencione este parecido.

Pero, como vais a ver en esta crítica, el parecido está ahí y es bastante obvio. De modo que montad ese rifle de francotirador y apuntad a nuestro objetivo, que vamos a disparar en breves instantes…

Cuatro hombres y un (aciago) destino

¿Matarles a todos de una patada giratoria? No creo que funcionara en mi caso.

Pensemos: ¿que haría el coronel Braddock en mi lugar?

Un hombre con la cabeza pelada al cero y un código de barras tatuado en ella (David Bateson) se levanta en medio de lo que parece una celda psiquiátrica. Instruido por una burlona voz que le habla desde unos altavoces, se enfunda un traje de ejecutivo negro y empieza a recorrer una serie de habitaciones, poniendo a prueba su agilidad y su talento en el manejo de las armas; talento que, por cierto, resulta ser extraordinario. El circuito termina con su huida de la instalación, gracias a las ropas que arrebata a un celador del lugar tras asesinarle a sangre fría. Está claro que el misterioso individuo, que por todo nombre utiliza el número 47 (el número en el que acaba el código de su cabeza), tiene un talento innato para eliminar a la gente mientras pasa desapercibido, a pesar de sus chocantes rasgos; también es obvio que el dueño de la misteriosa voz ha orquestado su huida del lugar, pero ¿con qué motivos?

Un año pasa entre este enigmático prólogo y la primera misión propiamente dicha de 47; un año en el que, de algún modo, el hombre calvo ha ingresado en la nómina de la Agencia Internacional de Contratación (International Contract Agency, o ICA), una entidad que ofrece a sus clientes los servicios de asesinos a sueldo por un módico precio. Nuestro reencuentro con 47 tiene lugar cuando afronta la primera de una serie de actuaciones en Hong Kong; su controladora, Diana Burnwood, le ha enviado allí para encargarse de la eliminación de Lee Hong, supremo señor de la Tríada del Dragón Rojo. Para acceder al inexpugnable refugio del jefe criminal, 47 tiene primero que realizar varios ataques contra objetivos menores de su tríada y de la del Loto Azul, con el fin de provocar una guerra entre ambas organizaciones, así como de la policía hongkonesa, para que esta retire su protección al líder del Dragón Rojo. El asesino calvo acaba por eliminar a Lee Hong en una complicada operación, durante la cual también tiene que arreglárselas para rescatar a un colaborador de la ICA, el agente Smith (adscrito a la CIA), y a una prostituta china, Lei Ling, que puede darle acceso a otro de sus objetivos: una estatuilla que representa el liderazgo del señor del crimen, y que su cliente le ha encomendado que robe como insulto adicional al difunto.

Los siguientes encargos de 47 le llevan a perseguir a gentuza que no le va a la zaga al jefazo triadero en cuanto a villanía y carrera criminal. El primero de ellos es Pablo Belisario Ochoa, un narco con un parecido más que sospechoso con Tony Montana que se oculta en medio de la selva colombiana; a este le siguen Franz Fuchs, un malévolo terrorista nazi que pretende gasear una reunión del G-7 en Budapest (y que tiene también un parecido sospechoso; en este caso, con un terrorista real), y Arkadij “Boris” Jegorov, un traficante de armas que se encuentra estacionado en Rotterdam con una bomba nuclear que ha conseguido adquirir hace muy poco.

El caso es que, a medida que va acabando con estas amenazas vivientes a la paz mundial, 47 va descubriendo (o no; depende en gran medida de lo vivo que sea el jugador a la hora de buscar entre sus pertenencias) que sus cuatro víctimas tienen algo más en común que el ser unos ejemplos de lo puto peor del ser humano. Los cuatro señores del crimen resultan haber compartido penalidades en la Legión Extranjera francesa allá por los años 50, y la correspondencia que todavía mantienen entre sí indica que comparten intereses en un misterioso proyecto que, de algún modo, tiene que ver con retrasar su envejecimiento. ¿Qué tiene que ver esto con los misteriosos orígenes de 47? ¿Acaso su huida del asilo fue el primer paso en un plan maquiavélico para eliminar a los miembros de esa conspiración? Y si es así, ¿quién es el hombre detrás de ese complot?

No está tan mal… pasa ser un primer intento

En lugar de eso, buscad a alguien que lo haga por vosotros. Ya veréis a qué me refiero cuando lleguéis a esa parte.

Pista gratis: no escaneéis aquí vuestro propio tarro.

Decíamos hace tiempo que el género de sigilo tal y como lo entendemos en la actualidad es muy deudor del ejemplo fijado por Thief, Metal Gear Solid y Tenchu. Lo que no dije era que dos años después aparecería otro título intentando hacer algo diferente: un sigilo basado en el disfraz más que en la ocultación en las sombras, y unas misiones diseñadas con el objetivo de eliminar a un individuo en concreto, fríamente y sin motivos personales. El veredicto: Io Interactive lo consiguió, pero sólo a medias.

Y es que, por un lado, la mecánica de los escenarios por los que se mueve 47 premia (al principio, por lo menos) el actuar con cuidado, planeando cada movimiento y favoreciendo el uso de herramientas de muerte silenciosas (la pistola silenciada, el cuchillo y la cuerda de piano son nuestros mejores amigos) sobre las más extravagantes (subfusiles, rifles AK 47, y hasta una gatling de mano), y estimulando el uso de las ropas de los guardias que rodean a nuestra futura víctima para acceder a las áreas restringidas y alcanzar así nuestros objetivos. Por supuesto, en no pocas misiones tenemos que hacer uso de armas tan clásicas de esta macabra profesión como el rifle de francotirador o la bomba-lapa.

El primer problema llega con la limitada IA de la que disponen los secuaces de los villanos a crujir. Sólo tienen dos posibles actitudes hacia nosotros, neutralidad u hostilidad, y a veces adoptan esta última actitud de manera repentina y sin motivo aparente. Por ejemplo: después de matar a Lee Hong con un rifle de francotirador, suelto el rifle, me cambio a un traje de miembro del Dragón Rojo y bajo al piso donde está el cadáver; ningún problema, hasta que me voy al lado contrario de la gran sala en la que se encuentra, momento en el cual los guardias empiezan a chillar que soy un intruso y me rocían de tiros. Os ahorraré la descripción de mis juramentos e imprecaciones a la máquina después de que pasara eso.

El segundo problema es bastante más serio. Veréis, pese a diseñar el juego con el sigilo en mente, hay algunas misiones que son imposibles de realizar si no masacramos a todo bicho viviente. La más flagrante en este pecado es la tercera misión de Colombia, seguida de cerca por la segunda misión de Rotterdam y la cuarta de Hong Kong. Estas misiones mezclan la tensión de tener que eliminar a un ejército de guardias sin provocar que su base entre en alerta o que nos eliminen, obligándonos a comenzar el proceso otra vez, con el tedio y la irritación de demorarnos en matar a tipos que no entraban en nuestro contrato.

Y si os estáis preguntando si no se puede matar un poquito, guardar la partida y matar otro poquito más… pues no, no se puede. Ese es el tercer, y más grave, problema. El juego guarda automáticamente al principio de cada nivel, pero no deja guardar en el transcurso del mismo. En algún  lugar de TV Tropes leí que los chicos del estudio desarrollador lo hicieron porque uno de sus testeadores le advirtió que el juego se pasaba muy rápido, y como hacer más niveles e integrarlos en la historia es más cansado que joder sin darse cuenta el juego… De verdad, alguien les debería haber advertido que lo único que lograban con eso era acabar con la paciencia de los jugadores, provocándoles un creciente deseo de desinstalar el juego y usar el disco para jugar al tiro al plato después de tirarse una hora abatiendo narcotraficantes colombianos por docenas y morir en el último instante mientras intentaban alcanzar el punto de extracción.

Los defectos del primer Hitman se hacen más evidentes si se le compara con los siguientes títulos de la saga, en los que la compañía supo aprender de esos graves errores y proporcionar una experiencia de juego más aproximada a su intención original. De hecho, la compañía rehízo casi todas las misiones de este juego en Hitman - Contracts, con resultados mucho mejores de lo que yo mismo imaginaba a priori.

La música bien merece un aparte. Los juegos de Io Interactive son famosos por tener su banda sonora compuesta por Jesper Kyd, un excelente músico que combina ambient, electrónica y clásica en piezas que alternan lo atmosférico y lo majestuoso. En Hitman – Codename 47 todavía no da muestras de hasta dónde puede llegar su talento, pero proporciona una buena banda sonora que encaja bien con la frialdad y el misterio del mundo criminal por el que se mueve 47.

Al final, no es que Hitman: Codename 47 sea un mal juego: es que tiene unos defectos demasiado serios como para estar a la altura de lo que sus creadores pretendían, y se ha visto muy superado por su segunda parte y las siguientes. Que no ha envejecido demasiado bien, vamos. Sólo se lo puedo recomendar a completistas de las aventuras del asesino calvo o a curiosos que se lo encuentren en una oferta de segunda mano o en la mula y no les importe el pequeño gasto de hacerlo suyo; si no pertenecéis a uno de esos grupos, mejor buscad los siguientes.

Y sí, los siguientes no tardarán en caer por aquí. Os lo garantizo.

domingo, 3 de mayo de 2009

Venganza: no sin mi hija, pero sí con vuestros cadáveres

Dado que todavía no me he conseguido terminar (por segunda vez) el Bully, esta semana toca hablar de cine por tercera vez consecutiva. Y pese a que ayer noche fui a ver con Doña Pitu y Don Herberwest la peli de Lobezno, la que voy a comentar hoy es una peli que ya había decidido hace días dejar caer por aquí. Se trata de Venganza, un drama de acción con los ingredientes que a mí me gustan: villanos absolutamente despreciables (tratantes de blancas), un (anti)héroe dispuesto a hacerles mucho daño, tiros y hostias a manos llenas, y un montón de drama sosteniendo todo el asunto.

Ea ea ea, un padre coraje que se cabrea

¿Te acuerdas del Final Fight? ¿Y de las hostias que daba Haggar a los secuestradores de su hija? Pues yo soy aún más peligroso, cacho cabrón.

Devuélveme a mi ninia o voy a ponerme contigo en plan Mike Haggar.

El drama de Bryan Mills (Liam Neeson) no es diferente al que muchos hombres sobrellevan en su vida cotidiana: su mujer, Lenore (Famke Janssen, la mismísima Fénix/Jean Grey de X-Men), se divorció de él porque estaba demasiado volcado en su trabajo en perjuicio de su vida familiar, y ella se quedó con la custodia de su hija Kim (Maggie Grace). Desde entonces Bryan, que besa el suelo por donde pisa su churumbela, se ha esforzado por mantener la relación, aunque eso es difícil cuando tiene que competir con el nuevo marido de su ex, Stuart (Xander Berlekey), un rico industrial que tiene un comportamiento impecable como padrastro afectuoso de la niña. Aún así, Bryan no se rinde, hasta el punto de haber abandonado su antiguo y lucrativo empleo para estar más cerca de Kim.

Una visita de sus antiguos colegas nos descubre que aquella ocupación era la de operativo de la CIA, uno de esos tipos que se dedica a crujir a personas y grupos “indeseables” para los intereses americanos. Y era de los mejores en tan desagradable menester, como demuestra al conseguir, gracias a sus amigos, un trabajo de una noche como guardaespaldas de la cantante Sheerah (Holly Valance): durante una estampida de fans, Bryan logra escoltar a la aterrorizada diva hasta su coche y despacha sin despeinarse a un maníaco con navaja que intenta atacarla por el camino. Tan impresionada queda la cantante que, sabedora del deseo de la hija de Bryan de dedicarse a esta profesión (del cual se había burlado antes del concierto), le ofrece su teléfono y el de su manager para ofrecerle una audición y tutelaje; el ex espía, loco de alegría, se muere de ganas de anunciarle esta maravillosa noticia a su hija y ¡qué coincidencia que ella quiera quedar con él mañana mismo!

Lástima que los motivos de Kim sean algo más que pasar un rato con su viejo: específicamente, quiere su autorización firmada para irse de viaje a París con su amiga Amanda (Katie Cassidy), en teoría para pasar un verano aprendiendo francés. Para un hombre de mundo (y de un mundo sórdido, diría yo) como Bryan Mills, esa noticia es todo un jarro de agua fría, ya que ha vivido lo suficiente para imaginarse mil peligros que pueden afectar a su hija si se aleja de su protectora vigilancia. Sólo el broncazo que le echa su ex por ser un paranoico (no sin razón, admitámoslo) acaba doblegando su cerrazón, y por poco se echa atrás al descubrir que su hija y Amanda van a dedicarse en realidad a seguir a U2 en su gira europea; además, impone a su hija las típicas condiciones que todo padrazo sobreprotector fija en caso de que sus vástagos se vayan de viaje, sobre todo en lo referido a llamadas para decir “estoy bien”, y le da un teléfono móvil a tal efecto. A lo mejor el señor Mills se está pasando con el rollo de padre sobreprotector, ¿no creéis?

O si no, a lo mejor te caes por el hueco de un ascensor. Con mi ayuda.

Y si alguien te pregunta, les dices que te caíste por la escalera, ¿entendido?

Pues los temores de Bryan no tardan en hacerse realidad cuando Kim y Amanda, recién llegadas a París, traban conversación con Peter (Nicolas Giraud), un joven francés con el que comparten taxi y hablan un poco de por qué están en la Ciudad de la Luz, dónde se van a alojar y demás detalles. ¿Alguna vez os han dado el consejo de que no contéis cosas personales a gente a la que acabáis de conocer? Es para evitar que gente como Peter logre sonsacaros vuestras vulnerabilidades mediante ingeniería social (en este caso, la soledad de las dos muchachas) e informe a sus asociados de cómo aprovecharse de las mismas.

Por una afortunada coincidencia, el horror para las dos muchachas se desata en el mismo momento en que Kim atiende una llamada de su padre, ansioso porque ella no le llamó nada más aterrizar como había prometido. Mientras ella habla con Bryan en un ala de la casa opuesta al salón, presencia cómo un grupo de hombres entra en el lugar y secuestra a Amanda. Pese al terror de ambos, Bryan logra mantener la suficiente sangre fría como para conectar su teléfono a un equipo de grabación y dirigir a su hija a ocultarse en uno de los dormitorios el tiempo suficiente como para obtener detalles que pueden ser cruciales sobre sus futuros captores (por ejemplo, que hablan en albanés); y cuando por fin se la llevan y uno de ellos coge el teléfono para escuchar, Bryan le suelta una advertencia destinada a convertirse en un clásico de los guiones de cine de acción y de las citas de cualquier friki de este género:

No sé quién es usted… ni sé lo que quiere. Si espera cobrar un rescate, le aviso de que no tengo dinero. Pero lo que sí tengo es una serie de habilidades concretas: habilidades que he adquirido en mi vida profesional, habilidades que pueden ser una pesadilla para gente como usted. Si suelta a mi hija ahora mismo, todo quedará zanjado: no le buscaré, ni le perseguiré. Pero si no lo hace, le buscaré, le encontraré… y le mataré”.

Buena suerte”, le dice su interlocutor por toda respuesta. Lo cual, bien mirado, no deja de tener su gracia: con esas palabras, el secuestrador acaba de garantizarse la peor suerte posible del planeta; porque Bryan Mills es un padrazo ejemplar, un ex operativo de la CIA y un hombre que cumple sus promesas, y por tanto tiene al menos tres cosas en común con Jack Bauer

Marchando una sobredosis de karma

Pues o me dices qué has hecho con mi hija, o te pongo a tubgirl. Y de postre, la peli porno de Carmen de Mairena, que es p... pero su c... lo disfruta.

Vaya, veo que no te gusta 2girls1cup, ¿eh?

Desde que tengo conocimiento sobre el tema, los criminales que se dedican a la trata de blancas ocupan en mi mente la misma parcela que los violadores, los pederastas y la escoria humana que provocó el Holocausto. A mis ojos, de humanos tiene la forma y las características físicas, pero no deberían ser considerados más humanos que el virus del Ébola, y no deberían ser tratados de un a manera distinta a como tratamos dicho patógeno. Desde este punto de vista, ¿os extraña que Venganza me encante?

Claro que ahí tiene más la culpa el guión, escrito entre Luc Besson (lo mejor que le ha pasado nunca al cine comercial francés es que este hombre se convirtiera en productor) y Robert Mark Kamen (guionista de Arma Letal 3, la saga de Karate Kid, El Quinto Elemento y Transporter), que sin ser un prodigio de originalidad logra mantener la acción y la intriga en buen equilibrio, sin que en un solo momento dejemos de sentir la tensión por las situaciones que pasan los protagonistas: el secuestro de Kim y Amanda y la visita de Bryan a los mafiosos albaneses son un excelente ejemplo de esto. Además, tiene algún que otro toque de humor negro, como el descacharrante final que sufre Peter cuando intenta huir de Bryan.

La otra pata en la que se sustenta la película es la interpretación de Liam Neeson. Yo no le asociaba demasiado con un héroe de acción (pese a papeles como el del protagonista de Darkman, el del maestro Qui-Gon Jin en La amenaza fantasma o el del revolucionario irlandés Michael Collins), pero el caso es que el actor pega bien como padre atribulado que, por ironías de la vida, también es un frío y cruel asesino entrenado por el Gobierno.

Claro que, ante un héroe que viene a ser el primo hermano irlandés de Jack Bauer (la trama es muy 24), el elenco de villanos a los que masacra e interroga en el curso de su búsqueda queda un poco deslucido por comparación. Casi ninguno tiene el privilegio de un nombre, y ninguno dura demasiado una vez Bryan Mills se les echa encima. En cierto modo, la película parece tratarlos como obstáculos, más que como (despreciables) seres humanos, lo que le quita algo de impacto a la lucha del protagonista contra ellos. Tampoco es que me haga mucha gracia que sólo unos pocos sean de Europa Occidental, pero supongo que las mafias de la trata de blancas tiene un panorama étnico similar y que yo estoy viendo racismo encubierto donde no lo hay.

También es un poco incómodo darse cuenta de que, en su lucha por buscar a Kim, Bryan está dispuesto a hacer cosas realmente horribles, y que la película no parece decir nada en contra de alguno de los extremos que alcanzan sus acciones. Y no, no lo digo por el destino que inflige al mafioso al que le hizo la advertencia telefónica: he de confesar, para vergüenza mía, que durante esa brutal escena yo estaba dando botes en mi silla y soltando risitas como una hiena de tripi, por las razones que he indicado en el primer párrafo de esta sección. Lo digo más bien por (¡SPOILER!) cierto momento posterior de la película, en el que hiere a un familiar inocente de uno de los villanos para dejarle claro que no se detendrá ante nada. Por lo menos, hace que el epílogo de color de rosa que cierra el filme chirríe cosa mala con el resto del metraje, y que a mí, personalmente, me sobre.

Pero tampoco me importa tanto esto, ni el hecho de que la búsqueda del héroe tienda a depender de alguna que otra coincidencia afortunada, porque Venganza tiene la clase de ingredientes que me satisfacen: toquecitos de investigación a lo CSI (la visita de Bryan a la casa de Amanda parece sacada de uno de sus capítulos), acción táctica de espionaje (seguid el enlace y entenderéis por qué lo digo así), persecuciones en coche, una gran traca final de tiros como cierre de la película, y un héroe que es capaz de salvar a su hija sin prácticamente ayuda externa. De hecho (¡SPOILER OTRA VEZ!) hay una escena hacia el final en la que Bryan es capturado y está a punto de ser ejecutado. En otras películas, sólo una intervención de un aliado salvaría al protagonista; aquí, Bryan logra salvar su vida y eliminar a todos los secuaces y a su jefe. Vamos, que sin ser el no va más, la peli da para hora y media de lo más entretenida.

Ya le gustaría a X-Men Orígenes: Lobezno tener la mitad de gracia; por lo menos las escenas de acción no estaban mal, que es más de lo que Dragonball Evolution puede decir en su favor.

viernes, 1 de mayo de 2009

Inciso de muchas risas: las Series Resumidas

No, esto no cuenta como recuperación de una de las dos críticas que tengo a deber, porque la actualización de hoy no es una crítica: es la presentación de un descacharrante fenómeno internetero que asola el Youtube para regocijo de los otakus anglosajones: las Series Resumidas.

Las series resumidas son un fenómeno consistente en coger una obra de ficción (una serie de anime, a ser posible), editar cada capítulo hasta reducirlo a entre cinco y diez minutos (son las duraciones más frecuentes) y doblarlo en plan de cachondeo; es ir, en suma, un paso más allá del doblaje en coña de escenas de películas.

El pionero de este curioso género fue un británico llamado Martin Billany, que bajo el alias de LittleKuriboh se lanzó a hacer mofa y befa de YuGiOh mediante YuGiOh – The Abridged Series. Y este fue su primer episodio:

Lo que LittleKuriboh no sospechaba en aquel momento era que estaba creando un monstruo. Como es común en cuanto alguien tiene una idea genial, no tardaron en salirle émulos de debajo de las piedras. Los más llamativos de esta primera hornada fueron MasakoX y Vegeta3986, que eligieron mofarse otra popular serie con Naruto: The Abridged Series, y que tuvieron el honor de acoger un cameo de LittleKuriboh en éste, su primer episodio:

Poco a poco, empezaron a aparecer otros maestros, como Lanipator (Yu Yu Hakusho Abridged), o uno de mis favoritos personales: hbi2k, único en completar no una, sino dos series. La primera de todas, Berserk Abridged, una inmisericorde y afectuosa mofa de una de las series más sangrientas (y sorprendentemente profundas) que ha salido del País del Sol Naciente:

La segunda, Gantz Abridged, convierte una serie de acción existencialista y nihilista donde las haya en una comedia más negra que los cojones de un grillo:

Hbi2k es además, junto con otros muchos resumidores (entre ellos Lanipator, MasakoX, Vegeta3986 y KaiserNeko –Lupin III The Abridged Series), parte de TeamFourStar, un “dream team” que se ocupa de la serie que volvió loco a todo Occidente en los 90: Dragon Ball.

Mejor que la película ya es, aunque eso tampoco es demasiado difícil.

Y últimamente me he aficionado, por recomendación hbi2k, a la obra de Team Dattebayo, que tiene sus zarpas clavadas en la exitosa y sombría Death Note. Por desgracia, ahora parece que viven tiempos turbulentos, con el abandono de DirtyDan 88 (voz de Light) y el cáncer testicular que Gmazca (voz de Ryuk) dice sufrir, pero prometen volver con un nuevo miembro tarde o temprano.

¿Y en español? Bueno, aparte de versiones subtituladas de las series ya mencionadas (si lo vuestro no es el inglés, id al Llutúb y buscad “Abridged series español”), yo de momento he encontrado la creación de uno de los lectores de este, nuestro blog:

Claro que, para ser una serie, tendría que tener al menos otro capítulo… ¿VERDAD, GUIÑO-GUIÑO?

Pues eso, para que no os aburrais mientras esperais a la actualización del domingo. De nada, queridos lectores.