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domingo, 15 de noviembre de 2015

Friday the 13th: asesinato de adolescentes para críos sin suerte

Ésta tendría que haber sido una entrada para compensar mi relativo silencio en Halloween con una lectura digna del viernes 13 de noviembre, pero no ha podido ser así: compromisos previos ineludibles, unidos al planchazo mental combinado de los atentados de París y de una mala noticia familiar, me han impedido terminarla a tiempo, de modo que la publico ahora. Espero que podáis distraeros un rato gracias a mí y mi crítica del horrible estado actual del mundo.

¿Y con qué voy a ayudaros a pensar en otra cosa? Con el juego de Viernes 13. No, no me refiero al que acaba de ser financiado en Kickstarter, y que parece partir de un concepto muy similar al de otro título financiado de la misma manera: me refiero al otro. ¿Qué otro? Pues si os digo que “el publicado en 1989 por LJN”, algunos no sabréis de qué mierdas hablo… y otros rechinaréis los dientes por puro estrés anticipatorio. Unos y otros, venid y leed la tronchante y abochornante historia de una de las peores ponzoñas jamás programadas para una NES.

La infausta leyenda de LJN

Playing LJN is suffering.

Representación fidedigna de lo doloroso que es jugar a un juego de LJN.

martes, 22 de julio de 2014

El ataque de los tomates asesinos, o el rancio buqué de la caspa clásica

¿Es una primavera sin La Página Negra una primavera de verdad? Espero que así sea, porque si no ¡vaya faena que os habré hecho este año! Eso sí, mi ausencia está (semi) justificada: los chicos de Pixel Busters y algunos amigos cercanos nos hemos embarcado en la aventura de hacer una revista digital de videojuegos, Game Report. Visitad el enlace y descargad los tres números que hemos hecho hasta ahora; para los que seáis fans de mis gilipolleces, el número 2 contiene mi debut en la revista con un artículo dedicado a dos de los padres fundadores del survival horror (Clock Tower y Sweet Home), y el número 3 tiene un artículo dedicado al Official Nintendo Seal of Quality (y todo lo que llevaba detrás) y un análisis de Earthbound, el mítico RPG de Shigesato Itoi para la Super NES.

Hay otro motivo más para mi ausencia, y éste es más difícil de justificar: estos meses me ha dado una pereza enorme ver películas para analizar. Suena feo, pero lo es todavía más cuando se contempla el pedazo listado de filmes que tengo en mis manos y que aún no he visto. Fiaos de mí cuando os digo que veo la lista, reflexiono sobre mi pereza y me entran ganas de darme de palos de pura vergüenza… pero no las suficientes como para solucionar la situación. Es increíble lo desmotivador que resulta llevar parado una larga temporada y, para colmo, con la muerte de tu padre de por medio, en especial por las ideas tan sombrías que van anidando en tu cabeza hasta que se convierten en el filtro a través del cual procesas toda la realidad.

¿Tiene esto algo que ver con mi decisión de traeros en el post de hoy una película que, en buena medida, es la antítesis de tan negros pensamientos? En realidad, no, pero eso ya os lo explico más adelante; por ahora, dejadme que os presente El ataque de los tomates asesinos, un filme del que todos hemos oído hablar pero que no hemos visto tantos. ¿Merece su status de peli de culto, o es que la gente es una exagerada? ¡Leed y averiguadlo, leches, que para eso está este blog!

Redondos, rojos, jugosos y… ¿mortales? ¿¡EN SERIO!?

Un momento, si se hace con carne humana... ¿no sería estofado? ¿O sandwich?

¡VAS A VER TÚ AHORA QUIÉN HACE ENSALADA A QUIÉN, HUMANA DE MIERDA!

domingo, 27 de octubre de 2013

Nosferatu: La Cólera de Malaquías, una noche en el Pasaje del Terror con el antepasado británico de B. J. Blazkowicz

Lectores y lectoras, espero que estéis disfrutando de esos últimos días que quedan antes de que Samhain celta, el Hallowe’en anglosajón, llene de monstruos nuestras calles, para horror de los puristas y gentes impresionables y deleite de los que amamos todo lo macabro. Espero también que dediquéis unos momentos de estos días a recordar a aquellos que ya nos han dejado; yo sé que lo haré, en especial con mi padre, al que no hace ni un año que dije adiós, y al que sigo echando de menos, pero también dedicaré unos momentos a su hermano, mi tío, que murió bastante antes pese a ser más joven; a la mujer de éste, mi tía, que murió de repente y supuso mi primera (y traumática) experiencia de una muerte en la familia; a mis abuelas, que nos dejaron tras vivir largas vidas; y a mis abuelos, a los que nunca llegué a conocer en persona por diversos avatares del destino. Demonios, recordaré hasta a los amigos peludos y cuadrúpedos que he conocido en mi vida, porque soy de los que cree que, si los seres humanos tenemos algo que pueda llamarse “alma”, los animales también, y si no, también merecen que se les recuerde y llore.

Pero aquí no estamos para llorar, sino para hablar de juegos y pelis rarunos, a ser posible con monstruos y fantasmas de por medio. Y gracias a la gentileza de uno de los integrantes de mi grupo habitual de rol, esta vez os ofrezco un juego que intenta aunar el estilo del Wolfenstein con el terror gótico del Nosferatu de Friedrich W. Murnau y su inspiración directa, el Drácula de Bram Stoker… pero sin gastarse demasiado dinero en el proceso.

Moza, cásate con yo, que tengo tierras (malditas)

Es como si la condenada familia Patterson no hubiese leído jamás Drácula, caramba.

Antes de que encuentres al primero superviviente, el juego te informa amablemente de que se ha liado parda. Claro que, ¿acaso cabía esperar otra cosa, viendo el lugar?

lunes, 21 de octubre de 2013

Hemoglozine 2013: el terror vuelve a Ciudad Real

Larga ha sido mi ausencia por estos lares, pues largo ha sido el periplo que de España me llevó a Suiza (desde donde os hablé de ese angustioso docudrama zombi que es The Gerber Syndrome), de Suiza a Inglaterra (donde recuperé el contacto con amigos y familiares que viven allí, y confirmé que mi inglés es lo que se dice “LA POLLA CON CEBOLLA” en términos coloquiales, o “fluido” en lenguaje de CV), de Inglaterra a Santander (donde hice mimitos a mi madre en forma de un arroz tres delicias que me quedó de muerte y resurrección), y, por último, de Santander a Ciudad Real (donde he vuelto a mis andadas roleras entre asalto y asalto de mi búsqueda de trabajo). Y, con todo ese jaleo, casi ni me he dado cuenta de qué señalado acontecimiento se me echaba encima.

Sí, señoras y señores, chicas y chicos: Hemoglozine está aquí de nuevo.

(Disculpen el lapsus, pero es que Pitbull aparece en todas partes. Casi como Samuel L. Jackson, pero sin molar nada)

Presentación de Hemoglozine 2013 en el Casino, feat. Pitbull Frasi López y Carlos Gutiérrez

viernes, 2 de noviembre de 2012

El día de los niños en Hemoglozine… y de las risas… y del cine malo

Para mi inmensa vergüenza, ayer no fui capaz de acudir a la conferencia sobre zombis en la sala Zahora Magestic, y de paso me perdí la oportunidad de entrevistar a Javier Botet, el inolvidable monstruo final de [·REC]. Por otra parte, la proyección de Reflejos en la TV española provocó un repentino aumento de visitas en el blog que me dejó entre sorprendido y encantado, pese a que (una vez más) ni el tato dejó comentarios. Pero hoy amanece un nuevo día, y es hora de seguir adelante y pasarlo pirata con el programa de actividades de Hemoglozine.
¡ESTO ES HALLOWEEN! ¡ESTO ES HALLOWEEN! ¡HALLOWEEN, HALLOWEEN!

lunes, 29 de octubre de 2012

Hemoglozine llega a Ciudad Real, parte 1: programa de actividades principales

“¡Hombre, por fin actualiza este mangarrián!” Eso es lo que muchos os estaréis diciendo, y razón no os falta en vuestro reproche. Mis disculpas por tirarme dos meses (y pico) sin actualizar, y mis disculpas por no explicaros el motivo de la ausencia esta vez, pero prefiero centrarme en cosas más interesantes. Por ejemplo, en el festival de cine fantaterrorífico Hemoglozine, que esta mañana presentaba su programa de proyecciones y actividades.

Sí, ahora La Página Negra hace algo más que críticas: hace periolistismo de salón. No me tiréis piedras por la calle, que duele, y sale más barato insultarme en los comentarios.

Seis valientes que van a llenar de luz (mortecina) y de color (rojo sangre y vísceras) los próximos días en Ciudad Real

De izquierda a derecha: Rhodelinda Julián, Antonio Gallego, Daniel Chamorro, Alejandro López-Roso, Luis Eduardo González y Sandra Beldad. ¡HEMOGLOZINE!

lunes, 28 de febrero de 2011

La sorprendente historia del Hombre-Rata

Mi apatía y mi depresión han tenido no poco que ver en el retraso de esta crítica, junto con el hecho de que no encontraba ánimo para ver una película (porque sí, esta vez tocaba peli) digna de recibir el tercer grado en el blog. Tampoco ha ayudado el tener que ponerme al día con el grupo con el que juego a Anima: Beyond Fantasy. Por suerte, hace unas semanas por fin dediqué un rato a ver una de mis múltiples adquisiciones, la italianada terrorífica de los 80 conocida como El hombre-rata. Esta es una de esas películas cuyas carátulas siniestras me fascinaban de pequeño, cuando mi hobby favorito era pasar las tardes mirándome de cabo a rabo la sección de terror del videoclub de mi barrio; por tanto, fue una de las muchas que busqué por tierra, mar, aire e Internet una vez tuve suficiente edad, aunque estaba avisado gracias a la memorable Goremanía (mi primera biblia del género) de que más me valía no crearme falsas esperanzas sobre la calidad final de lo que encontraría en mi pantalla cuando por fin la visionara. Con todo, ni yo esperaba una poza de ineptitud como la que esta película cava en sus 86 minutos. Si eso significa que soy un puto ingenuo, que así sea, pero el caso es que El hombre-rata pulverizó mis expectativas más pesimistas.

Curiosa manera de ganar el premio Nobel, vive Dios

Lo que no sé es si saldremos primero en la revista Nature o en Cuarto Milenio.

Ratoncito, tú y yo vamos a ser famosos muy pronto.

domingo, 18 de enero de 2009

Shriek of the Mutilated: tú lo que quieres es que me coma el Yeti

Demasiado tiempo llevo ya hablando de filmes y juegos que me encantan, y va a parecer que soy un blandurrio. Así que la actualización de hoy, en lugar de glosar los aciertos de algún filme más o menos conocido, va a estar dedicada a poner a parir los innumerables fallos y aspectos ridículos de un filme más o menos conocido en según qué círculos.

Soy un Yeti, y aquí en el bosque mato feliz

Especialmente si al Yeti le da por ponerse cariñoso, como sugiere el ademán con la mano izquierda del más alto.

 En el diagrama se puede apreciar lo crudo que lo tienen los protagonistas.

Tras una incomprensible decapitación pre-créditos que no tiene nada que ver en la historia, entramos en la vida del profesor Ernst Prell (Alan Brock), que prepara un viaje a una isla en la bahía de Hudson para completar el proyecto de su vida: probar la existencia del Yeti (no, no le llama Sasquatch, ni Bigfoot, pese a ser sus nombres en Estados Unidos), aprovechando que un ejemplar de este mítico ser parece vivir en ese territorio. Le acompañarán en él cuatro de sus estudiantes: Keith (Michael Harris), Karen (Jennifer Stock), Tom (Jack Neubeck) y Lynn (Darcy Brown). De ellos, Keith es el más entusiasta, hasta el punto de aceptar la invitación de Prell para cenar la noche antes, cosa que no hace nada de gracia a su novia Karen; Tom, por contra, se muestra muy escéptico sobre la existencia de la criatura.

Karen, Lynn y Tom asisten esa noche a una fiesta (que en el original tenía como música el tema Palomitas de maíz, sustituido en mi copia por una horrible cacofonía pseudo-setentera) en la que conocen a Spencer (Tom Grail), un antiguo estudiante de estabilidad mental bastante mermada, que resulta ser el único superviviente de la anterior expedición del profesor para cazar al Yeti, realizada hace siete años. Medio borracho, Spencer les explica su horrible experiencia, mostrada en un flashback hipersobreexpuesto para simular malamente un paisaje nevado, y les advierte que no deberían ir al viaje, para luego volver a casa con su esposa y... asesinarse el uno al otro. No, en serio: él le corta el cuello a ella, y ella sobrevive lo bastante como para electrocutarle en la bañera. ¿Y Keith? Keith disfruta de un curioso plato llamado Jin Sung, que según el profesor está hecho con carne de algunos animales salvajes que se niega a especificar; un detalle que cualquier veterano del cine fantaterrorífico sabe que es un malísima señal.

Al día siguiente, Prell y sus estudiantes viajan a la isla, donde les espera el doctor Karl Werner (Tawm Ellis), un viejo amigo del profesor que vive allí con un asistente indio mudo, Cuervo Risueño (Ivan Agar, el blanco-haciendo-de-indio menos convincente que he visto hasta ahora, y que además parece un precursor de mercadillo de John Rambo). El trayecto transcurre sin incidentes, salvo por una críptica conversación con el empleado de una gasolinera que da a entender lo mala idea que es ir allí. Al llegar a la mansión que Werner tiene en la isla e instalarse en sus respectivas habitaciones, el buen doctor les explica su primer avistamiento directo del Yeti en uno de los flashbacks más ridículos que he visto nunca: Werner se empeña en decir que ocurrió en una noche de luna llena, mientras que las imágenes están rodadas en un amanecer o atardecer nublado. No es de extrañar que Tom (quien, por cierto, viste un jersey ridículo) no se trague nada de lo que Prell y Werner dicen sobre el Yeti, y que prefiera beber de una botella de licor que ha colado de tapadillo o tocar al piano una canción burlona sobre lo peligroso que es el Yeti.

Tampoco es de extrañar que, en la primera salida para buscar al monstruo, Tom se separe del grupo para cazar un venado y acabe siendo la primera víctima del Yeti (que es un hombre con un disfraz de carnaval barato, y lo que es peor: se nota que lleva un disfraz de carnaval barato incluso a distancia). Lo que sí es bizarro a más no poder es que, cuando por fin encuentran lo que queda de él (una pierna), el profesor Prell decide utilizarlo de cebo en una trampa para la  bestia; claro que este detalle ya no es tan bizarro si pensamos con detenimiento en que Prell es aficionado a un plato que se elabora con ingredientes secretos, y en lo que eso significa. ¿A nadie más le da la sensación de que aquí hay Yeti encerrado?

Bajo presupuesto intelectual

¡Y lo que es peor, soy una actriz patética!

¡Sielos, estoy atrapada en una mierda de película! 

Decía Marge Simpson que si no tienes nada bueno que decir de alguien, es mejor no decir nada. Si yo me guiara por ese principio, me limitaría a decir que Shriek of the Mutilated tiene una sorpresa final bastante eficaz y terrorífica, de las que se quedan con el espectador mucho tiempo después de que haya visto la película, y dejaría el resto a vuestra imaginación. Pero yo no soy Marge, así que voy a sacar el látigo.

Y vaya si esta película merece un uso liberal de ese instrumento de tortura. El matrimonio formado por Michael Findlay (director) y Roberta Findlay (productora), tiene ganada la fama de hacer películas tan explotativas como ineptas, y este título es una perfecta demostración de sus defectos y vicios estilísticos: actores que oscilan entre la sobreactuación y la falta de emoción (el modo en que Jennifer Stock, haciendo de Karen, explica el hallazgo de la pierna de Tom suena más a rabieta de niña pequeña que al horror de descubrir pruebas de que un amigo ha muerto), efectos especiales ridículos (aunque, al menos en el patético traje del Yeti, está justificado dentro de la historia), y una preocupante incapacidad para mantener el interés del espectador.

Este último es el fallo más grave de la película, y se debe a la falta de compensación entre las escenas de acción y las de diálogo. Michael Findlay pasa demasiado tiempo haciendo que los personajes narren sus encuentros con el Yeti mientras los demás miran (violando así la regla narrativa de que hay que mostrarlo, no contarlo) o discutiendo cómo le van a echar el guante; tal vez sea un modo de evitar mostrar mucho al ridículo monstruo central, pero aún así estas escenas carecen del suspense que otro equipo con más talento le podría sacar a una mansión en medio de una isla en la que acecha un monstruo violento.

Si de verdad no podéis vivir sin verla, hay una edición en DVD en el mercado anglosajón,  pero aún así os aconsejo que no malgastéis vuestro dinero. Estoy seguro de que tiene que haber mejores películas sobre el Bigfoot por ahí, más que nada porque no es difícil superar esta ponzoña.

Qué demonios, estoy tentado de pensar que el abandono de su esposa para irse con un productor al que ambos habían demandado por sacar su película Slaughter bajo el título Snuff (sí, el filme que inició la leyenda urbana de las películas snuff) y su posterior muerte en un accidente con las hélices de un helicóptero en el edificio Pan Am de Nueva York fueron retribuciones cósmicas por hacer morralla como esta. Pero si así fuera, ¿cómo es que todavía Uwe Boll no ha pillado un cáncer terminal?

domingo, 22 de junio de 2008

Apéndice: Limbo of the Lost

Sí, ya lo sé, tendría que estar posteando la crítica de Gothic 3 a estas alturas, pero el juego es largo y mi trabajo me quita tiempo y me agota. Pero no os vayáis, porque lo que os tengo que contar es demasiado delirante como para no tratarlo.

Limbo of the Lost parecía la típica aventura gráfica hecha para satisfacer a los puristas del género. Partiendo de la base de la misteriosa desaparición del Mary Celeste, el juego nos ponía en los zapatos de su capitán, Benjamin Briggs, que se veía transportado fuera de este mundo al tenebroso Limbo para participar en un enfrentamiento entre el Destino (Destiny) y el Sino (Fate) por la salvación de la raza humana. A partir de ahí, lo típico de estos juegos: personajes bizarros a más no poder, coleccionismo compulsivo de objetos, y puzzles que con frecuencia carecen de lógica.

¿Por qué debería llamarme la atención, con la de juegos similares que hay en las estanterías de cualquier tienda de videojuegos a precio de saldo? Porque el miércoles de la semana pasada, en los foros de la página web Neogaf, uno de los usuarios abrió un hilo mostrando pruebas indiscutibles de que los creadores del juego habían plagiado gran parte de sus contenidos de otros títulos. Se basaba para ello, a su vez, en un artículo de Game Plasma que revelaba la cruda y dura verdad.



Esto es una pantalla de Oblivion...

... y esto es una vergüenza.

El hilo de Neogaf llamó a su vez la atención de Kotaku, y otras páginas como Rock, Paper, Shotgun se ocuparon del tema. A medida que más gente descubrió el juego, empezaron a salir a la luz más "fuentes de inspiración": Silent Hill, Return to Castle Wolfenstein, Thief... y paro aquí, porque la lista parece un catálogo de "grandes juegos de la última década". Y no, no estoy bromeando ni por asomo.

Limbo of the Lost se ha convertido ya en una anti-leyenda entre los jugones, mereciendo su propia wiki y un hilo de fotos trucadas con otras posibles (y aún más delirantes) "intertextualizaciones" en Rock, Paper, Shotgun. En RPGnet hay hasta un alma valiente (suicida más bien) que ha abierto un hilo para mostrar su progreso en el juego y ahorrarle a los espectadores el tener que jugarlo ellos mismos. Pero ninguno de esos esfuerzos cómicos supera el hecho por los creadores del juego (que al parecer llevan trabajando en él desde principios de los 90; un poco como lo de Sergio Leone con Érase una vez en América, pero sin talento de ninguna clase) en su final.

Advertencia: este vídeo puede herir vuestra sensibilidad. De hecho, puede tener un efecto sobre vuestra sensibilidad similar al de una motosierra en marcha sobre vuestro abdomen.



En fin. Espero que este post me sirva para mirar atrás, años más tarde, y confirmar que este embrollo fue real, y no algo que soñé. Aunque no sé si me conviene más olvidarlo.

lunes, 6 de agosto de 2007

Contraespionaje en la selva (bueno, escuchitos en el jardín más bien)

Tras una dura semana que ha incluido la elaboración de un suplemento de 16 páginas que, encima, ha salido con errores delirantes (bien empleado me está por fiarme del maquetador de guardia, cagoenlahossstia) y uno de mis entrañables episodios depresivos, creo que ya va siendo hora de poner alguna crítica para que esto empiece a moverse. Más que nada porque tener esto un par de semanas con un post de presentación contando mi patética vida no va a atraer a muchos lectores, me temo. El problema es que no he podido ver entre mi entrada anterior y la actual ninguna película digna de ser reflejada aquí (a no ser que consideremos que ver Tres idiotas y una bruja en catalán, valenciano o como se diga sea un tema digno de este blog).
 
Por suerte, en mi vida he visto unas cuantas películas repetidas veces, y tengo suficiente buena memoria sobre ellas como para hacer una crítica más o menos aceptable de su contenido. Es una excusa barata, lo admito, pero juro, perjuro y conjuro que la que nos ocupa hoy, en concreto, se ha grabado a fuego en mi retina. Y en cuanto empiece a contarla, veréis por qué.
 
Pensándolo bien, ya sólo por el título os podéis empezar a figurar el por qué.